| Artículos | 01 MAR 2000

Apuntarse el tanto

La regla más dura de la informá

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Javier R. Menéndez.
Hace mucho, mucho tiempo, cuando unos cuantos genios del márketing decidieron que acoplar unos altavoces a un ordenador, una tarjeta de vídeo capaz de reproducir imágenes a una velocidad aceptable y disponer de una unidad CD-ROM podía tener un nombre bonito, decidieron crear las especificaciones “Multimedia PC”. En concreto, esas especificaciones recitaban, más o menos de forma textual: “un ordenador, PC 386, capaz de reproducir sonido y vídeo, con una unidad CD-ROM, y capaz de ofrecer opciones de interacción con el usuario” Por supuesto, el sistema operativo para este Multimedia PC era Windows. Bien, en aquel entonces, esta particular “multimedia” ya existía... y llevaba el sello de Apple. Una de las muchas diferencias es que el Mac hacía mucho tiempo que iba por delante.
De igual modo, mientras otros sistemas operativos aún luchaban por mejorar su reciente interfaz gráfica, los usuarios de Mac nos agolpábamos delante de la pantalla de un, por aquel entonces magnífico, Macintosh Quadra 700 para ver películas de vídeo a las que, cariñosamente, llamábamos “de tamaño sello”: 160 x 120 píxeles. QuickTime hacía su aparición en público, y repetíamos sin cesar aquella película en la que un motorista aceleraba por el desierto y agarraba sobre la marcha un Classic para llevárselo puesto.
Por supuesto, Windows también presentaba su propia tecnología multimedia. La lucha por el mercado de oro estaba servida. Posteriormente, Apple reforzó su presencia ofreciendo QuickTime también para Windows aunque, por alguna extraña razón, no iba todo lo suave que debiera sobre este sistema operativo.
El mercado multimedia evolucionó vertiginosamente; comenzaron a aparecer aplicaciones para el desarrollo de títulos “multimedia” entre los que, por aquel entonces, ya empezaba a despuntar una sobre las demás: era cuando Macromedia Director ni se llamaba Director, ni Macromedia se llamaba Macromedia.
Lo que son las cosas. El resultado de aquella lucha fue, y continúa siendo, el siguiente: la mayoría de los desarrollos se realizaban con hardware Macintosh y software para Macintosh; y la mayoría de los títulos multimedia hacían su aparición para la plataforma Windows, pese a que la tecnología del momento permitía sacar los títulos en formato híbrido.
También por aquel entonces, los servicios de filmación estaban copados por equipos Macintosh y se recitaban una serie de particulares calificativos sobre los trabajos que les llegaba para filmar desde otros sistemas. Desde entonces, la situación no ha cambiado excesivamente: estos servicios continúan trabajando con Mac (en la mayoría de los casos)… y recitan menos calificativos porque disponen de mayor cantidad de herramientas para convertir los archivos de un sistema a otro.
Pero los equipos evolucionan y, a la par que estos, el resto de la industria pone en manos de los usuarios, periféricos y dispositivos más capaces, más rápidos y, principalmente, más baratos. La evolución de los ordenadores, los sistemas operativos y las tecnologías, llevan la multimedia un paso hacia adelante y comienzan a salir las primeras tarjetas de digitalización de vídeo analógico. El Mac, dada su robustez parala integración de todos los componentes relacionados con la tarea, se convierte rápidamente en la plataforma preferida de profesionales y aficionados de elevado poder adquisitivo. ¿Batalla ganada?
El mercado Wintel tardó un poco en reaccionar, pero no necesitó mucho tiempo para ponerse a la par del Mac y superar a la base instalada de usuarios domésticos y semi-profesionales que integraban en sus equipos una tarjeta de digitalización de vídeo analógico.
Bien, damos un paso más hacia el futuro, llegamos al pasado reciente y nuestro más prometedor presente. Apple diseña y lanza el modelo para todos, y tanto es así que muchos usuarios de PC terminan por pasar más horas con sus iMac que con sus flamantes PC. Incluso dos de los modelos más recientes incorporan FireWire. Una apuesta en la que, como otras tantas, se involucró Apple y la potenció en sus propios equipos. FireWire nos permite disfrutar del siguiente paso en la era digital: la integración entre la electrónica de consumo y la informática, que pone en manos de los usuarios domésticos las posibilidades de edición de vídeo. Nuevo y prometedor mercado a la vista.
Pues resulta que Windows 2000 también ofrece esa posibilidad; aunque, bueno, haya algunas diferencias entre un iMac de serie con una cámara DV y los requerimientos propuestos por Microsoft.
Y volvemos al eterno dilema: ¿Apple inventa y Windows rentabiliza? A lo largo de la historia informática, Apple ha hecho todo un alarde de imaginación y apuestas de futuro, mientras que Microsoft parece seguir la estela y triunfar con ello gracias a disponer de una inmensa base instalada de usuarios. Precisamente, esa tremenda multitud es la que “define los estándares” de facto y, así, QuickTime no existe porque no es lo que más se ve, FireWire (perdón, iLink) seguramente se convertirá en algo que empezó a tener “utilidad” en los Wintel… y resultará que el vídeo digital doméstico triunfará porque Microsoft le puso su sello.

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