| Artículos | 01 OCT 2006

Derrapando

Crees que estás en la punta de la tecno

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Fernando García.
Sinceramente, siempre he pensado que estaba en la cresta de la ola cuando se trata de tecnología; mis padres nunca usaron un ordenador (ni en el trabajo ni a nivel personal) y mis hermanas y mi mujer siempre han ido de mi mano en el uso de estos equipos, ya sean Macintosh o Windows.
Así pues pensé que con mis hijos, todavía en edad preadolescente, pasaría lo mismo, y cuando les instalé su primer ordenador (un iMac G3 que se me ha quedado anticuado, pero que a ellos de momento les vale), las solicitudes de ayuda eran constantes. También me preocupé de crearles una cuenta de correo y enseñarles a usarla.
Como era previsible, la herramienta les pareció divertida pero no le hicieron mucho caso, entre otras razones porque sus compañeros todavía no había llegado a ese nivel.
“No te preocupes”, pensé, “ya lo usarán cuando llegue el momento”. Pero esta idea se ha visto terriblemente desbaratada al comprobar que el momento ha llegado y mis hijos siguen sin usar el correo electrónico, pero no porque sea algo complejo o difícil, sino por algo mejor para ellos y más traumático para mi: porque es lento de usar… mis hijos han saltado por encima del correo electrónico y con sus compañeros de colegio no intercambian dirección de correo, sino de mensajería instantánea, porque para ellos el correo electrónico tiene la misma consideración que hace poco tiempo tenía para mi el correo tradicional: un método a desaparecer por su lentitud e incomodidad, en cambio la mensajería instantánea: iChat, Messenger, les permite comunicarse sin esperas.
Este cambio tiene implicaciones importantes: la primera es que ya hay una nueva generación de usuarios de Internet. Una generación acostumbrada a líneas ADSL de varios megabits de velocidad, a transferencias de archivos (legales o ilegales) de cientos de megas y comunicación instantánea… y eso ahora, porque a la velocidad que crece el uso de Skype, sospecho que el tener un teléfono convencional va a acompañar al correo tradicional en popularidad porque la telefonía por TCP/IP se va a imponer a través de ADSL (ya hay algunas operadoras que ofrecen líneas ADSL sin tener un teléfono asociado, es decir el par de cobre sólo se usa para el ADSL) o bien empleando algún método inalámbrico como el WiMAX que ya comenté el mes pasado.
Los que hemos crecido con conexiones a Internet basadas en módem y alabando las ventajas del CD nos hemos quedado relegados a un segundo plano y el universo que teníamos creado está cambiando e incluso desapareciendo. Como muestra un dato: cuando fui a San Francisco en 1991 a la conferencia de desarrolladores de Apple, visité lo que para mi era en aquel momento el séptimo cielo, la mayor tienda de discos que había visto en mucho tiempo: Tower Records, y estaba llena de gente comprando CD, más baratos y con muchísima mayor variedad que en España; en realidad Tower Records es la principal cadena de tiendas de discos de todo Estados Unidos.
En marzo de este año volví a San Francisco y fui a la misma tienda que había visitado en 1991. Seguía allí, pero al entrar descubrí que en lugar de la multitud de personas que había en 1991, sólo se encontraban dos o tres clientes. Hoy he leído la noticia de que Tower Records se ha declarado en bancarrota debido a la competencia de las descargas de música por Internet (tanto ilegales como legales; la tienda iTunes principalmente).
Querido lector, si superas los treinta años debes dejar de pensar que estás en la cresta de la ola y asumir que ya hay una generación que viene por detrás empujando con las nuevas, realmente nuevas, tecnologías. Esa es la primera implicación, pero no la única, porque estos ejemplos representan un paso más en la forma de trabajar. Hace años (no muchos) había que enviar una carta o un fax si se quería más rapidez, para intercambio de información en cualquier transacción comercial. El salto al correo electrónico, que se ha producido no hace mucho, permitió disminuir el tiempo empleado en este intercambio de información de días a horas o incluso minutos y con la mensajería instantánea se ha reproducido el efecto y la respuesta se espera (y normalmente se obtiene) en segundos.
Pero esta aceleración también implica un cambio en la forma de trabajar. Hace quince años yo llegaba a la oficina, revisaba el correo y los faxes que pudieran haber llegado y me ponía a trabajar, siendo interrumpido sólo por alguna llamada de teléfono (fijo, porque no existían los móviles).
Con la irrupción del correo electrónico y las conexiones permanentes tipo ADSL, empezamos a acostumbrarnos a revisar el correo cada hora o incluso cada 30 o quince minutos, lo que implica una pérdida de concentración en el trabajo que estamos haciendo, pero no comprobar el correo puede significar perder información importante o que un competidor (ya sea un compañero de la empresa o un colega de una empresa competidora) se nos adelante con la respuesta.
Con la mensajería instantánea estamos expuestos a interrupciones continuas que imposibilitan el trabajo, escribes un par de líneas del documento (en este caso esta columna) y un icono en el Dock te avisa de un nuevo mensaje, cambias a tu programa de mensajería, yo uso Adium, contestas y vuelves al trabajo para ser interrumpido al cabo de medio minuto.
El dilema es evidente: puedes aislarte y en ese caso el trabajo te cundirá mucho más, pero perderás el contacto con el resto del mundo, o bien puedes estar conectado y atento a lo que pasa aunque el trabajo te cunda mucho menos y llegues al final del día con la impresión de que has hecho la mitad de lo que deberías.
Y mucho me temo que esto es sólo el principio, con la inclusión de cámaras de vídeo en los Mac (y seguro que pronto en todos los demás portátiles) el chat se convertirá rápidamente en vídeo chats que nos tendrán inmersos en varias videoconferencias sin principio ni fin, mi duda es ¿quién hará el trabajo entonces?

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