| Artículos | 01 MAY 2005

El cambio más sencillo de mi vida

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José C. Daganzo.
Lo más correcto cuando uno pretende hacer participes al resto de personas de sus vivencias es realizar una declaración de intenciones. En mi caso, voy a intentar plasmar mis experiencias con la plataforma Mac tras una larga militancia en el mundo Windows. Trataré de mostrar que ser un “switcher” no es traumático, por mucho que traten de hacérnoslo ver así.
Quiero advertir que lo que voy a mostrar es sólo mi experiencia y cada uno debe de vivir las suyas. Si alguien está pensando en abandonar la plataforma Windows o bien acaba de hacer el cambio, éste puede ser un buen lugar para que todos crezcamos juntos: en mi correo electrónico siempre serán bienvenidos los mensajes de usuarios que estén en alguna de estas tesituras… no puedo decir lo mismo del spam.

El comienzo
He de reconocer que fue mucho más complicado cambiar de coche, elegir dónde estudiar, conseguir una pareja estable, decidir si comprar pantalones de pana o vaqueros, o comprar mi primera videoconsola… y así una innumerable lista. Toda decisión me resultó más complicada que la de pasarme al mundo Mac. Está bien, estuve un par de semanas ligeramente perdido, me faltaban pequeñas utilidades que hasta el momento habían sido vitales para mi “salud informática”. No obstante, mi perfil de usuario no es exactamente el mismo que el de la mayoría de las personas que se han pasado a la plataforma Mac o se lo están pensando.
Dejar el “Lado Oscuro”, también conocido como Windows, y con ello a “Darth Gates” para pasar a pertenecer a los Jedi de la Alianza Rebelde Mac, es labor gratificante, aunque puede llegar a ser frustrante si uno no cuenta con las herramientas apropiadas y no tiene muchas ganas de aprender. Lo primero: no aconsejo pasar al Mac con un equipo muy viejo (prestado, regalado, de segunda mano…), eso puede dar una idea bastante errónea de lo que es utilizar un Mac. ¿O acaso un Pentium II a 450 MHz es la mejor herramienta, hoy en día, para adentrarse en el manejo de Windows? Pues más bien no, y lo mismo sucede en la plataforma Mac. Así, una buena herramienta para comenzar, sin gastar mucho dinero, puede ser el Mac mini. Pero no olvides que tiene ciertas carencias como la tarjeta gráfica, algo corta si quieres hacer diseño 3-D o usar juegos muy exigentes. La segunda alternativa es un eMac, válida para casa y oficina. Para entrar por la puerta grande es necesario hacer un desembolso mayor y tomar las riendas de un iMac G5 o un incluso todo un Power Mac G5. En el segmento de los portátiles cualquier iBook o PowerBook de última hornada hará que tu experiencia con el Mac sea gratificante.

Evangelizar: labor de todos
Otra cosa más complicada para un “switcher” son los amigos, familiares, compañeros... Irrumpir con un Macintosh donde los “hombres y mujeres Windows” y los amigos del pingüino son legión es tarea ardua. Parece que utilizar uno u otro sistema operativo te convierte en militante de una u otra corriente y te encasilla de manera irremediable.
Personalmente, me gustaría considerarme y que se me considerara como un simple usuario de tecnología, “ciudadano del mundo”, que en estos momentos siente una inmensa curiosidad por descubrir y conocer todo lo que rodea al mundo Macintosh.
Cuando algún amigo o familiar entra en “mi habitación de los horrores” (lugar donde paso la mayor parte de mi tiempo libre, antes frente a un PC ahora frente a un iMac G4), aparte de sorprenderse de la aparente falta de orden (opinión que no comparto pues yo sé exactamente debajo de qué cosa está lo que busco), se quedan asombrados con la apariencia de mis aparatos de Apple. Pero lo mejor es cuando les demuestro que pueden utilizar ese objeto tan sorprendente para gestionar sus fotos, crear DVD, componer música, navegar por Internet, descargar todo tipo de cosas de la Web, crear documentos ofimáticos, etc. Al final parece que salen convencidos, y no debo ser malo en esas labores, porque uno de mis amigos ya se ha comprado un iBook G4. Y espero que alguno más lo haga en breve.

Adiós pantallazos azules
La frase “perdono, pero no olvido” no debió ser hecha para mí. No perdono a Windows por las innumerables pantallas “azules” que he sufrido a lo largo de mi vida. Pero para hacer honor a la verdad, con Mac OS X he visto en varias ocasiones, “la estrella de la muerte” o el puntero de arco iris, que me ha dejado la máquina “más tiesa que la mojama”.
La verdad es que llevo alrededor de seis meses rodeado de manzanas mordidas más de diez horas diarias y, aunque este tiempo no es mucho, creo que a estas alturas de mi andadura “maquera” tengo ya una buena perspectiva de ambas plataformas y sobre todo de lo que supone hacer “el cambio”. Cinco años como profesional en el laboratorio de PC World han hecho mella en mí de manera ineludible, pero espero que eso sea rápidamente solventado con una estancia aún más grande en la revista Macworld: la nuestra.

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