| Artículos | 01 MAY 2010

El iPad no cambiará el mundo

Lo tenemos que cambiar nosotros

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José C. Daganzo.
Hasta ahora, consideraba al iPhone como un terminal de Apple que me hacía la vida imposible, ya que una gran parte de las personas que tengo alrededor cuentan con este teléfono o están pensando en renovarlo y claro, cada vez que hacemos una reunión de amigos, los temas estrellas son los hijos, la casa y la compra de un iPhone (precio, tarifas, aplicaciones imprescindibles, etc.).
Pero ahora, el iPhone ha quedado relegado al más oscuro rincón donde habita el olvido y el tema de conversación con el que no dejan de acosarme es el iPad, todo lo que hace o deja de hacer y lo maravilloso que sería que todas las personas mayores tuvieran uno en casa para acceder a la sociedad de la información en la que vivimos. No es que piense que el iPad es un producto malo, pero es incompleto, como todo lo que Apple ofrece por definición.
En la próxima generación de iPad, o en alguna de las que veremos en los últimos años, se convertirá en un producto que roce la perfección pero, en esto momentos, no es así, a pesar de ser un producto muy válido para casi todo, lo que cualquier usuario no profesional puede necesitar.
En Macworld ya contamos con un par de iPad y, tras tener ocasión de probarlo, me ha parecido que está muy bien, pero no tanto como para cambiar el mundo y acabar con la desigualdad cultural y económica que vivimos desde hace siglos. Tras leer muchas de las frases y comentarios de periodistas y bloggers de elevada reputación a nivel mundial no comparto su exagerado entusiasmo por el iPad.
No, no veo yo a personas de avanzada edad haciendo la compra vía web desde el iPad, ni tampoco les veo haciendo gestiones con la administración pública utilizando sólo el iPad. Si muchos de nuestros mayores tienen una pensión mensual que apenas les sirve para llegar a final de mes, cómo podemos siquiera pensar que van a gastarse el dinero en un iPad (y mucho menos en una tarifa de datos 3G).

Usabilidad sobresaliente
Para la foto de marketing de turno, queda excelente poner a un anciano que se encuentra manejando un iPad o un teléfono con soltura, pero la realidad es que es un producto para usuarios con un poder adquisitivo medio o alto y familiarizado con Internet o la tecnología en general. Siempre habrá excepciones, por supuesto, pero en lugar de enviar una gran cantidad de iPad a un lugar castigado por el hambre en África o Asia, sería más conveniente ayudarles a subsistir por sus propios medios con la ayuda de planes de formación y prepararles para aprovechar los recursos naturales de los que dispongan, pero hasta que los iPad no se planten como las patatas, todo esto es sólo marketing. Desde el llamado primer mundo nos es muy fácil sentirnos satisfechos de haber enviado un avión repleto de iPad, ordenadores portátiles y teléfonos móviles a países donde cada día mueren miles de personas por hambre y desnutrición, no nos engañemos. No necesitan tecnología en sus infraviviendas, necesitan saber cómo sacar agua de donde no hay y cómo ser autosuficientes con los recursos de su entorno. Después, con las necesidades básicas ya cubiertas, enseñémosles la mejor página de Internet o las bondades de la computación en “la nube”. Morir con Internet en el poblado es igual de doloroso que morir sin haber utilizado Internet o el iPad en la vida.
Dejando de lado esta reivindicación, he de decir que me ha sorprendido lo fácil que es manejar el iPad, así como que deslumbra a todos los que han tenido ocasión de utilizarlo. Está preparado para que lo disfrute y entienda todo tipo de usuarios, desde un niño a un alto ejecutivo, pasando por personas de avanzada edad a las que la sociedad de la información les ha cogido un poco desprevenidos.

¿El iPad cambiará el mundo?
La respuesta a la pregunta que muchos se hacen tiene una clara respuesta: no, no cambiará el mundo, al igual que tampoco ha sucedido con el iPhone o cualquier otro dispositivo similar. Lo que hará es facilitarnos la forma a la que accedemos a la información y ayudará a que muchas personas, que inicialmente no sienten atracción por la tecnología, tengan la inquietud de que se están perdiendo algo y se habitúen al uso de un dispositivo electrónico, que después puede derivar a la adquisición de un PC o Mac.
Para las personas con discapacidades visuales puede ser un excelente dispositivo para leer libros de forma cómoda gracias a la función VoiceOver y para Apple será, bueno… para Apple será otro rotundo éxito que llenará sus arcas de dinero en efectivo.
Apple no quiere dominar el mundo, ni Google, ni Microsoft, ni ninguna de las compañías a las que se les acusa de ello. Todas ellas, al igual que la empresa de la que eres empleado (si no trabajas por tu cuenta o estás en el paro, esto último muy habitual en España en estos momentos) tienen un único objetivo: ganar dinero y cuanto más dinero mejor. Así es la vida, pero vamos… dominar el mundo no, con lo problemático y agotador que debe resultar eso.
¿Qué cambiará el mundo entonces? Pues no lo se´, quizá las vacunas para las enfermedades que asolan países o los combustibles económicos y ecológicos… Pero desde luego, el iPad no.

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