| Artículos | 01 FEB 2010

El misterio del Nexus One

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Fran Iglesias.
La salida al mercado del smartphone de Google, Nexus One, me ha dejado con un montón de interrogantes en la cabeza. Sin entrar en las características del teléfono en sí, me pregunto qué significa el modus operandi de Google en este terreno.

La estrategia ochentera
Google parece estar jugando al “agente doble”. Por un lado, presenta Android como el sistema operativo abierto para Smartphones de cualquier fabricante, lo que algunos han recibido como agua de mayo ante su incapacidad, o su falta de valentía, para diseñar uno propio.
Es algo parecido a lo que hizo Microsoft en los 80 al hacerse con la práctica totalidad del mercado de sistemas operativos para ordenadores.
Parte de la estrategia consiste en convencer a los fabricantes y al público de que lo que importa es el hardware y que el sistema operativo sea el mismo para todos. Es decir, el fabricante del sistema operativo deja que los fabricantes de equipos se peleen entre ellos y que los usuarios decidan comparando gigahertzios, megabytes y resoluciones, ya que en lo demás los aparatos son iguales y ante esa perspectiva “más es mejor”.
La trampa es que hoy sabemos que lo fundamental es el software, que es lo que nos permite controlar la experiencia de usuario y el funcionamiento real de las máquinas.

La estrategia siglo XXI
Cuando Apple entró en el mercado de reproductores portátiles, presentó su propia combinación de hardware y software con el iPod. Al principio no había mucha diferencia porque el sector estaba muy fragmentado con propuestas de decenas de fabricantes, pero Apple fue un paso más allá al desarrollar la tienda iTunes y todo lo que vino después. Al controlar ambos elementos, Apple se aseguró de ofrecer una experiencia de usuario que convenció a los clientes, creo que incluso superando las expectativas más optimistas.
Parte del efecto, además, ha sido despejar el camino para el iPhone y para cualquier producto que pueda venir después (se supone que en el momento de leer este artículo hay una nueva iteración de esta estrategia en forma de “tablet”... o quizá no).
Al presentar el Nexus One bajo su propia marca, Google parece estar optando por una estrategia similar: controlar el hardware y el software para ofrecer una mejor experiencia de usuario, al menos una experiencia no mediatizada por las decisiones de la operadora de telefonía.

Don’t be evil, ¡ja!
Con todo, no acabo de ver si Google sabe lo que está haciendo con Android (su sistema operativo para móviles) o es una jugada a muy largo plazo que nos pillará a todos en las berzas. Me explico:
Al lanzar un móvil bajo su propia marca ,está propinando una bofetada a algunos de sus supuestos socios como Motorola o Ericsson, que habían apostado por Android en lugar de desarrollar su propio sistema. Es una forma, como otra cualquiera, de hacer amigos.
Por otro lado, ahora mismo hay varias versiones de Android en el mercado. He leído por ahí que la estrategia de Google parece ser “bendecir” un teléfono para ser la referencia de una versión concreta (Nexus One, lo es de la 2.0), pero hasta ahora lo había hecho con equipos vendidos por sus propios fabricantes, no bajo su propia marca. Sin embargo, la diversidad de versiones complicará la vida enormemente a los desarrolladores, que tienen un factor más de diversidad al que atender, añadido al hardware.
Y hay una tercera pata para el banco, que es Chrome OS: el sistema operativo para terminales “tontos”, perdón, para netbooks, y que uno no acaba de saber qué pinta en toda la movida, pero algo debería pintar.
La cuestión es que bajo la marca Google nos encontramos ahora una especie de sopa de letras en la que se entremezclan un conjunto de productos similares, pero distintos, que se solapan e incluso compiten.
A veces da la impresión de que Google lanza productos para ver qué pasa con ellos. Por el camino han ido quedando unos cuantos de los que poco o nada se supo después de cierto interés inicial. Al final, parece que la compañía que todo el mundo identifica con Internet está contenta con su principal trabajo: vender y colocar publicidad, y quizá todo el batiburrillo de productos no sea más que la metáfora de la “nube” llevada a un extremo, además de una forma de darle a todo el mundo lo que quiera a cambio de endosarle un anuncio, o mejor tres o cuatro.

El síndrome Apple años 90
El comportamiento de Google me recuerda mucho a aquella época en la que Apple lanzaba un producto nuevo cada semana, y en una categoría diferente: ordenadores, impresoras, cámaras, software de todo tipo, cables, periféricos, protoPDA como el Newton... Esta diversificación descontrolada casi acaba con la compañía y sólo una radical poda le permitió situarse donde está ahora.
Así que ver a Google poniendo velas a todos los santos me produce la impresión de que a alguien se le ha subido el éxito a la cabeza. El confuso mapa de los teléfonos Android, la pérdida de terreno ante el buscador Bing de Microsoft, o incluso la recomendación de la fundación Mozilla de dejar de usar su buscador por cuestiones de privacidad, son señales de que tal vez sería prudente para Google mirarse con un punto de autocrítica.

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