| Artículos | 01 FEB 2010

¿Es posible una sociedad open-source?

Una opinión al gusto de nadie

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Fernando García.
En realidad la pregunta debería ser si es posible una sociedad en la que se comparta la información de forma gratuita y legal. Para conseguirlo, los creadores de software tendrían que publicar sus programas mediante licencias open-source y los creadores de libros, música y películas hacerlo con algún tipo de licencia Creative-Commons (http://es.creativecommons.org/licencia) de manera que, salvaguardando los derechos de autor, se pudiera acceder libremente a la creación artística bajo ciertas condiciones. En ese mundo feliz, unos y otros trabajarían por el gusto de crear y aún así ganarían dinero. Los programadores vendiendo horas de soporte de sus programas a las personas o empresas que no supieran instalarlo, también a los que tuvieran problemas para utilizarlos o a quienes necesitaran alguna modificación a medida. Los músicos dando conciertos en directo, los escritores y los directores de películas... bueno, porque la gente es buena y paga por estas cosas aunque las pueda tener gratis.

Creo que algo falla en este planteamiento.
No es que no crea en la filosofía Open-Source. Es más, soy un gran defensor de ella y sostengo que ha sido y sigue siendo imprescindible para el desarrollo de Internet y de una gran número de tecnologías. Los primeros microordenadores surgieron de grupos de entusiastas que se reunían los sábados para compartir información y experiencias. De ahí nació, por ejemplo, el Apple I, y como se suele decir “el resto es historia”.
En otros campos como el de la literatura o la música existen modelos equivalentes como la licencia Creative Commons. El ejemplo más conocido es la Wikipedia, la enciclopedia creada con la colaboración de los usuarios. Precisamente hace poco aparecía un cartel en su web solicitando la colaboración económica de los usuarios.

Dinero, maldito dinero
Y aquí llegamos al fondo de la cuestión. Los autores de estos productos son en muchos casos estudiantes y personas con un trabajo estable que les permite dedicar tiempo a estos proyectos. A fin de cuentas, todos necesitamos dinero para poder vivir.
Pero cuando el proyecto adquiere cierta envergadura estas personas han de dedicarle más tiempo y tienen que cambiar el planteamiento del todo gratis. Si Steve Jobs no hubiera tenido el objetivo de convertir el diseño de Wozniak, cofundador de Apple, en un producto comercial, hoy no tendríamos Mac OS X, ni GarageBand, ni iTunes, ni muchas otras cosas.
Cierto que hay productos open-source exitosos: Linux, OpenOffice, el servidor web Apache. Pero si nos fijamos, al final para poder continuar han tenido que acudir a una solución comercial de una u otra forma. Por ejemplo, OpenOffice tiene el paraguas económico y organizativo del fabricante de ordenadores Sun Microsystems.
Pero el dinero no influye sólo en los desarrolladores, también en los posibles usuarios en los que existe la sensación de “si es gratis, no puede ser tan bueno”. Sensación apoyada porque un producto comercial está arropado por el marketing: presentado en una caja bonita, con una campaña de publicidad atrayente para darlo a conocer, etc.
Si Joanne Rowling hubiera escrito su novela de Harry Potter y la hubiera publicado como Creative Commons, ¿habría obtenido el mismo éxito? No lo sabremos, pero mi apuesta es que no. ¿Conocéis el libro “Fuckowski, memoria de un ingeniero” de Alfredo de Hoces? Es una excelente, divertida y corrosiva novela que no está distribuida por ninguna editorial grande y por tanto no ha tenido el éxito que se merece. No tiene licencia creative-commons pero tampoco el marketing necesario. (Una recomendación, lee el blog de su autor: www.perspicalia.com).
El marketing se ha convertido en la herramienta necesaria para vender cualquier producto y el único que disponen los productos creados con este tipo de licencias es el boca a oreja, que por desgracia no tiene el mismo éxito... ¿o sí?
La red social más popular entre los jóvenes de nuestro país, Tuenti, ha logrado imponerse sin un duro de publicidad en ningún medio. Han sido los jóvenes los que boca a oído han hecho que se convierta en el fenómeno social que es ahora. Pero no nos engañemos, aunque sea gratuito, igual que Facebook, Tuenti busca un beneficio económico y tiene un equipo de profesionales que cobran un dinero por hacerlo funcionar. No es un proyecto Open-Source y si la publicidad no logra que subsista económicamente estoy seguro que se convertirá en un servicio de pago.
Lo mismo sucede con los medios de información y entretenimiento. Detrás de una revista como ésta hay un equipo de trabajo dedicado al cien por cien a que el lector obtenga la mejor información: desde la secretaria que se pelea con los fabricantes para que nos dejen los productos que se prueban, hasta la diseñadora que hace que la presentación sea atractiva. Eso son muchas horas de trabajo de gente que tiene que comer y es cierto tanto para las revistas en papel como para su versión electrónica.
Contestando mi pregunta no creo que pueda darse una sociedad de todo gratis, pero también creo que la sociedad de la información y entretenimiento actual tiene que cambiar. Las tecnologías actuales permiten un descenso importante de los precios que hagan a la cultura tan asequible como tomar unas cañas (la versión electrónica de Fuckowsi cuesta dos euros y medio) y hay que aceptar que el mercado ha cambiado. Igual que los actores de teatro de los pueblos con la llegada del cine y los acomodadores de esas salas con la llegada de los videoclubs. Han cambiado los tiempos y no es posible volver atrás.

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