| Artículos | 01 DIC 2000

Integrismo

Mi Macintosh no es puro

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Faustino Forcen.
Si Macintosh está libre de productos Microsoft. Cuantas veces habré leído o escuchado esta frase. Pues mi ordenador no. “Hola, me llamo Faustino y uso programas de Microsoft.” En una reunión de usuarios anónimos sería saludado por el resto de avergonzados usuarios. En el mundo real me doy cuenta de que me he convertido en un ser abyecto, vendido al demonio que mora en Redmond. Un enemigo declarado de muchos usuarios de Macintosh.
¿Creen que exagero? Esta columna la estoy escribiendo después de pasar un par de horas en un canal de irc dedicado al Macintosh. Un sitio agradable, que conviene visitar si se es aficionado al chat y al Mac. En un momento dado se me ocurrió comentar que Explorer es mejor navegador que Netscape. Inmediatamente fui respondido con la frase con la que se abre este texto. Mientras bromeábamos sobre el tema, he estado poniéndome al día de la lista de correo LSPM y he asistido a la típica discusión “Apple vs Wintel”, centrada esta vez sobre cuál es la mejor plataforma de hardware. Aunque la mayor parte de los participantes en la discusión ofrecieron lúcidos razonamientos a favor de una u otra opción no faltaron los comentarios que demostraban el desmesurado amor por el Mac.
Todos estos mensajes y estas devociones reflejan una verdad que se ha comentado muchas veces: el Mac es una religión, y como en todas las religiones tiene sus integristas. Ya no es la típica discusión “Mac o Windows”. Se trata de algo más profundo. Hay que mantener el disco duro libre de influencias perniciosas para el resto del software. Me imagino la hora de la cena en un sector cualquiera de mi disco duro: “Esa hoja de cálculo con la que sales parece un poco pendón”, le dice mamá Base_de_datos al inocente y joven Paquete_de_análisis_estadístico.
Llevado de mi habitual temeridad se me ocurrió ir más allá y decir (en público): “el sistema de archivos del Mac OS es bastante malo y muy lento”. Entre respuestas del tipo “pues si no te gusta, usa Windows”, “lárgate de aquí”, etc, etc, alguien, especialmente enfervorizado, dijo: “en diez años que llevo usando el Mac, no he perdido un solo archivo, y en el PC del trabajo cada poco tengo problemas”. Fue inútil, lo intenté de todas las formas, lloré, rogué, supliqué: no conseguí que me vendiese semejante joya de ordenador, uno con el que estoy seguro de que nunca necesitaré hacer un backup. Mentalmente me pregunté: ¿diez años? ¿Acaso será este el famoso Mac que se rumoreaba que existía y que era inmune al problema de desaparición de archivos con el que nos sorprendió el System 7? Pero nunca me lo venderá. Me odia porque he dudado de la estabilidad, la bondad y la rapidez del sistema de archivos de su ordenador. Puede que sea la primera vez que oye la palabra File Manager, pero da lo mismo, soy un enemigo. He hablado mal del sacrosanto Mac OS. Merezco público anatema y quien sabe si también la hoguera. Con lo mal que me sienta a mi el moreno.
Tal vez sea sólo mi naturaleza pesimista la que me hace ver los fallos en un sistema que uso y sufro desde hace unos quince años una media de diez horas diarias. Tal vez he tenido mala suerte, y a mi me tocó el único IIcx que tenía un disco duro de 80 MB que había que arrancar a golpes (y no es una forma de hablar). Nadie más, ahora estoy seguro, ha tenido problemas con esos discos. Me arrepiento de mis pecados.
¿Podré evitar la “excomunión” que a estas horas pende sobre mi cabeza, reconociendo mi error públicamente y aceptando la infalibilidad de Jobs, la virginidad de todos sus ingenieros y que la única verdad se halla escrita en las líneas del código del MacOS? ¿Habré de abjurar de mi creencia en la necesidad de mejorar un sistema operativo que es la perfección hecha binario? ¿Tendré que tirar el teclado ergonómico de Microsoft que alivia el dolor en mis cansadas muñecas de pecador irredento?
Yo pensaba que pagando el diezmo de evangelizar a usuarios de PC descarriados, incluso obligando a mi inocente hija, recientemente agraciada con un iMac de su color favorito, a ponerse una camiseta con una manzana, ya a la tierna edad de seis meses, y aguantando las puyas de directores técnicos (empeñados en la inminente defunción de Apple) de empresas que a los dos años contrataban programadores de Mac a tiempo completo (pero a Apple le siguen quedando “dos telediarios”) tenía derecho a hablar de esos defectillos con los que tienes que bregar cada día. Cuán equivocado estaba. Pero esperen. También hago programas para Windows, lo confieso, soy culpable. Me he vendido al enemigo. Y con armas y bagajes, porque pervierto al inocente Mac usándolo para generar código Intel.
Hablando, por una vez, en serio, no todos los “maqueros” son integristas, y mucho menos los habituales del canal de irc son fanáticos integristas como los que describo aquí. En Macintosh hay todo tipo de gente, desde los evangelistas convencidos hasta los que no abren la boca aunque les regalen un Cube. Es un buen lugar para ir a pasar la tarde o la noche entre gente “del gremio”. O para ganarse una “fatwa”.

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