| Noticias | 19 SEP 2012

Las decisiones clave de Steve Jobs para relanzar Apple

Cuando Steve Jobs volvió a Apple, la empresa que él mismo había fundado, tardó apenas ocho meses en convertirse en CEO interino (o como posteriormente se abrevió, iCEO) y salvar una empresa que parecía condenada al fracaso. Un año después de su muerte, es buen momento para analizar las siete decisiones que devolvieron a Apple a la senda del éxito.

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Computerworld

El 17 de septiembre de 1997, Steve Jobs asumió el mando de forma interina de Apple y tomó docenas, si no cientos, de decisiones que fueron clave en el porvenir de la compañía de la manzana. Dejando al margen su apuesta por el desarrollo de productos como el iMac, OS X y el iPod, hubo muchas decisiones de carácter operativo sin las que todo lo demás hubiera sido un rotundo fracaso.

Tomando las riendas

La decisión más importante que Steve Jobs tomó fue asumir el control de Apple. No tenía por qué ser así. Después de la compra de NeXT a finales de 1996, el entonces presidente de Apple, Gil Amelio contrató a Jobs como asesor especial en enero de 1997. Steve podía haberse concentrado en asesorar y dar consejos a la plantilla de Apple pero eso no estaba en su ADN y por ello, pronto convenció a toda la directiva para derrocar a Amelio.

Recortando el portfolio

Antes de que Jobs volviera a Apple, la compañía fabricó docenas de diferentes equipos de escritorio Macintosh, ordenadores portátiles y servidores en una vertiginosa serie de variaciones. La firma también producía impresoras, cámaras digitales y otros elementos auxiliares, algunos de los cuales incluso dieron cuantiosos beneficios. Sin embargo, Jobs canceló el desarrollo de más del 70% del hardware y software de Apple, entre ellos la popular PDA Newton.

Asimismo, en el reino de Macintosh, Jobs hizo borrón y cuenta nueva. Definió un sencillo gráfico de cuatro cuadrículas para representar el futuro del Macintosh: dos para equipos de sobremesa y portátiles de consumo (que sería ocupado por el iMac y el iBook, respectivamente), y dos para equipos de sobremesa y portátiles profesionales (Power Macintosh y PowerBook). Todo lo que no encajaba en esa nueva red se eliminó.

Estos recortes provocaron el despido de más de 3000 empleados en el primer año de Jobs como iCEO. Pero esos recortes, aunque dolorosos al principio, permitieron a Apple centrarse en la creación de un puñado de buenos productos en lugar de docenas de los mediocres.

Limpieza de la casa

En 1996, la mayoría de los miembros de la Junta Directiva de Apple se habían centrado en cómo podrían dividir Apple y venderlo al mejor postor. A su regreso, Jobs sabía que necesitaba una nueva junta directiva con una actitud más positiva y una profunda lealtad hacia él como líder. A las pocas semanas, Jobs logró forzar la dimisión de la mayoría de los miembros del consejo de Apple, entre ellos el exCEO Mike Markkula, el hombre que proporcionó el capital inicial crítico para crear Apple en 1977.

En su lugar, Jobs instaló a amigos cercanos como el CEO de Oracle, Larry Ellison, y el exvicepresidente de marketing de Apple, Bill Campbell. En poco tiempo, Jobs había contratado a una gran cantidad de veteranos de NeXT y otros empleados de alto nivel totalmente leales al nuevo presidente, lo que hizo que pocos cuestionaran sus drásticas políticas. 

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Tapar las fugas

En la época de Gil Amelio se produjeron importantes fugas intencionales de información por parte de los empleados de Apple a la prensa, en ocasiones para intentar avergonzar al propio Amelio. Steve Jobs cortó por lo sano e instauró una prohibición total de hablar con la prensa, lo que favoreció acabar con la disidencia interna que existía en Apple.

Una política, que más allá de evitar ridículos, serviría con los años para crear un velo de secretismo y suspense en todos los lanzamientos de Apple, atrayendo hacia la palma de su mano a todos los medios de comunicación especializados en tecnología.

Enterrando el hacha de guerra

Durante su primer mandato en Apple, Steve Jobs había sido responsable en gran parte de retratar la batalla por el mercado de PC como un conflicto directo entre Apple e IBM. Como extensión, se enfrentó también a Microsoft, la compañía que proporcionó el sistema operativo del IBM PC y luego trató de plagiar la apariencia gráfica de Macintosh OS con Windows.

Pero Windows ganó y Apple vio como su market share se reducía a un dígito. Por eso, para cuando Steve Jobs volvió a la empresa de la manzana, sabía que era contraproducente seguir fomentando esta batalla. Apple tenía que competir en otro terreno y para ello no le convenía tener a Microsoft en el punto de mira.

Por ello, Jobs promovió una licencia cruzada de patentes que permitió el desembarco de Office e Internet Explorer en Mac mientras que Microsoft compró 150 millones de dólares en acciones de Apple, con lo que los de Redmond demostraban y manifestaban su interés personal en el éxito de Jobs.

Matando a los clones

En 1994, Apple comenzó a vender licencias de Mac OS a un puñado de vendedores seleccionados de Apple que pagaron 80 dólares por máquina para utilizar el sistema operativo. A medida que pasaron los años, se comprobó que no era buena idea. Los fabricantes producían ordenadores de bajo coste que iban canibalizando la línea de productos de Apple pero tampoco lograron expandir de forma clara el impacto del Mac OS.

Ante esta situación, Jobs canceló el programa clon (excepto UMAX, que mantuvo sus licencias hasta 1998) y comenzó así la decidida apuesta por controlar desde el hardware hasta el software, toda la experiencia del usuario. Si esto no hubiera ocurrido, ni el iPhone ni el iPad podrían existir hoy en día.

Confiando en Jonathan Ive

Cuando Steve Jobs volvió a Apple en 1996, Jonathan Ive ya era el jefe del equipo de diseño de la compañía. Estaba pensando en irse de Apple, pero fue Jobs el que consiguió convencerle de quedarse en la empresa.

En un primer momento, es cierto que Jobs buscó un nuevo jefe de diseño, pero Ive y Jobs pronto se cayeron bien y se convirtieron en amigos personales. Asimismo, descubrieron que compartían elementos clave de sus filosofías de diseño.

Como resultado de la camaradería recién descubierta, Steve Jobs puso su fe en este diseñador relativamente desconocido en lugar de contratar a alguien nuevo con fama en el sector. Los resultados son más que evidentes.

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