| Artículos | 01 MAY 2009

Los últimos hombres libres

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Fernando García.
En una gran empresa que conozco bastante bien, han decidido empezar a establecer múltiples normas, por eso de dar imagen corporativa y parecer una multinacional. Normas que incluyen el “dress code” o normas de vestuario y apariencia y a la que siguió poco después las normas de uso de Internet.
Se acabaron los tiempos de navegar libremente, usar los programas de chat o dar la dirección de correo de la empresa para temas personales. La empresa tolera (es importante el uso de esa palabra, tolerar significa que no es correcto pero que se te permite… al menos de momento) el poder navegar a páginas de interés general, no sólo es que prohíba las pornográficas, cualquiera que el administrador considere que no es adecuada o de interés, tampoco está permitido participar en redes sociales (nada de chatear, actualizar tu estado en Twitter o en Facebook), realizar cualquier tipo de descargas, y aunque se tolera el uso del correo para temas personales, la empresa se reserva el derecho de revisarlo en cualquier momento (algunos tribunales han dictaminado que el uso del correo incluso en la empresa es parte de la privacidad de la persona).
Todo esto además no se basa en la responsabilidad de los usuarios, la empresa está montando los firewall y proxies necesarios para que la política sea obligatoria y detectar cualquier persona que intente saltársela.
Estamos hablando de una empresa de esas que dicen que su mayor capital es el capital humano, las personas que trabajan en la empresa ya que se trata de una empresa de tecnología.
Legalmente estoy seguro que la política de la empresa es totalmente correcta pero me parece una completa falta de confianza. Si hay personas que abusan de las herramientas que le da la empresa, por ejemplo que instala un emule y empieza a descargar sin control ni limitación, lo lógico sería que se detectara a esa persona y se le reconviniera directamente, no que se pongan grilletes a todos los usuarios, incluso los que hacen usos normales de la red. En cierto modo es como prohibir el uso de los teléfonos para cualquier uso personal, o incluso peor, prohibir hablar con tus compañeros de cualquier tema que no sea de la empresa.
Pero si las restricciones en la red pueden ser justificables en la empresa, cada vez es más común que los proveedores de acceso del ADSL que contratamos en casa (o con cualquier otro tipo de acceso físico, como wireless, UMTS, etc.) filtren también nuestro acceso y además, para colmo, nos lo venden como beneficio.
Por ejemplo, Telefónica, en sus ADSL regalaba durante unos meses (luego creo que lo cobra) un sistema de protección familiar que efectivamente bloquea el acceso a un gran número de páginas web (y no sólo porno). Lo más curioso (por decirlo de algún modo) es que me tuve que pelear con la señorita que me atendía al teléfono para que no me instalara la mencionada protección familiar.
Otras operadoras simplemente van “a la chita callando”. Tele2 bloquea el acceso a puertos 25 ajenos a su red. El puerto 25 es el que utiliza tu programa de correo para enviar los mensajes que escribes a tu servidor para que a su vez él los distribuya a los servidores de correo de los destinatarios. También lo utilizan estos servidores de correo para comunicarse entre sí.
El bloqueo de Tele2 te obliga a usar sus servidores de correo y sus cuentas. El motivo, lícito, es que cuando un ordenador se infecta con un virus y es utilizado para distribuir spam envía correos directos a servidores y de esta forma se evita este problema.
Es cierto, pero también es cierto que esta forma de actuar bloquea el acceso a servicios lícitos. Por ejemplo, si queremos o necesitamos conectarnos al servidor de correo de la empresa para enviar el correo este filtro lo prohíbe. Sería mejor, pero más costoso para Tele2, que detectaran las máquinas que realmente hacen spam y las bloquearan y de paso ayudaran a sus dueños al mostrarles el problema.
Otros casos de filtrado están provocados por las operadoras que han descubierto que los programas de intercambio de archivos generan un tráfico muy elevado y quieren evitar o reducir este tráfico. Ya existen aplicaciones y cajas hardware que realizan esas funciones y que bloquean este tráfico simplemente por razones técnicas de su red, para evitar tener que aumentar la capacidad de sus redes.
Pero muchos países se están planteando diversos sistemas de filtrado. En Australia se está montando una red de filtrado nacional para todos los usuarios que bloqueará todos los contenidos que el gobierno de turno considere ilegales; pornografía, terrorismo y muchos otros contenidos que dependiendo de quien lo mire son legales o no. Por ejemplo, los programas de intercambio de archivos son vistos como herramientas ilegales aunque también se usan para distribuir contenidos legales, como ocurre con muchas distribuciones de Linux. Por tanto este filtrado obligatorio puede ser un tanto discutible.
También para ahorrar tráfico, Telefónica durante una temporada utilizó un servidor Proxy que actuaba de intermediario en la navegación web de todos los usuarios. Al final se retiró pero no por estas protestas sino por problemas técnicos en su implantación.
Más importante para mí es el hecho de que estas restricciones limitan el acceso a Internet. Es como ir a un buffet libre y que me digan que los filetes y el salmón ahumado no están incluidos en el buffet. Si te venden acceso a Internet filtrado o limitado el vendedor debería anunciarlo con grandes letras rojas.
Pero no parece que sea así. La mayoría de los usuarios acepta estas limitaciones y piensa que son lógicas o al menos inevitables. Mientras tanto los últimos usuarios libres nos sentimos como indios galopando por las praderas de Internet a la espera de la llegada del terrible hombre blanco.

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