| Artículos | 01 DIC 2000

Navidades ?maqueras?

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Fran Iglesias.
Se acerca la Navidad, ese tiempo en el que nos volvemos un poco más buenos, solidarios, sensibles y sentimentales, llenos de buenos propósitos y generosos a manos llenas. Al menos hasta que llegan los Reyes Magos con su carga de regalos, pues si algo caracteriza el lado mundano de esta época del año es la explosión del comercio... y la del “bebercio”.
Es tradicional que las revistas de los diferentes ramos se dediquen en el último número antes de Navidad a recomendaciones de todo tipo acerca de tan señaladas fechas, tanto sugiriendo regalos para los seres queridos como formas novedosas de celebrar las fiestas. Por eso, en este Planeta Mac no queríamos ser menos, aunque sí tratar de ser originales. Comprarle un ratón de colorines a tu “maquero” o “maquera” del alma está ya muy visto: sorpréndele dando un nuevo sentido al regalo tradicional.

Carta a los Reyes
Para quedar como un rey en lo que se refiere a regalarle cosas a un “maquero” no habría nada más efectivo que regalarle un Cube con un monitor Cinema Display, pero visto como anda la economía por ahora quizá mejor lo dejamos para otro momento.
En todo caso, es posible que los usuarios del Cube considerasen de interés una bandeja metálica con patas que se pudiese montar encima de su estilizado ordenador. De esta manera podrían tener una superficie en la que mantener caliente la taza del café, y que además proporciona una protección contra posibles derrames en el interior de la máquina.
Uno de los regalos clásicos de todos los tiempos es la Cesta de Navidad, evocadora de inmensos atracones, promesa de turrones sin fin y auténtica declaración de principios acerca del lado más lúdico de las fiestas. Qué mejor idea que sustituir su contenido habitual por todo tipo de variedades de manzana (preferiblemente Macintosh o Reinetas) y suculencias derivadas: sidra, mermelada, infusiones, tarta...
Los “maqueros” y “maqueras” preocupados por su estética personal agradecerán paquetes de productos higiénicos y cosméticos aromatizados con manzana, desde geles de baño y champús hasta aceites esenciales. Se recomienda acompañar con una esponja en forma de manzana o en colores coordinables con el iMac del propietario, si es el caso.
Precisamente, los colores de los iMac dan pie a interesantes ideas para aquellos que gustan de la moda. Una excelente idea es regalar prendas de vestir y complementos en colores a juego con los de la máquina. Si se trata de un iBook las posibilidades son ilimitadas: zapatos, bolsos, mochilas, paraguas, abrigos, chubasqueros.

El Gordo de Navidad
Digan lo que digan los grandes almacenes, la Navidad en este país empieza cuando los niños de San Ildefonso nos despiertan la mañana del 22 de diciembre con su cantinela de números y pesetas. Uno todavía recuerda la placentera sensación de los años escolares pues esa música significaba también el comienzo de las vacaciones.
Aunque ahora muchos piensen que el Gordo de Navidad no es otro que Papá Noel, la costumbre de jugar a la Lotería no se ha perdido y podemos darle un toque “maquero” con una sabia elección de números. Entre éstos, si están disponibles, podemos probar suerte con los 68000, 68020, 68030, 68040 o incluso 68881, todos ellos procesadores de los Macintosh originales (el 881 es un coprocesador matemático). También podrían valer los terminados en 68. Tanto 750 como 7400 son también números “maqueros” (PPC 750 y PPC 7400 son los nombres oficiales de los PowerPC G3 y G4).
El 1984 es válido, como número o terminación, aunque es mejor el 24184 (la fecha de presentación del Mac) o 15898 (la fecha de salida al mercado del iMac). Como es habitual en estos casos si en Navidad no toca siempre queda “El Niño”. Hay que huir como de la peste de las terminaciones en 95 o 98, salvo en el caso del número citado antes, así como del 2000 e incluso de las terminaciones en 31, por si las moscas.
Los trotamundos que aprovechan estos días para celebrar la Navidad en otras latitudes deberían apuntar sus destinos hacia tierras californianas y peregrinar a Cupertino para conocer la central de Apple, hacer escala en Palo Alto (pleitesía debida a Xerox) y recalar finalmente en San Francisco para visitar la Macworld Expo del 2001. En el otro extremo del mundo es obligatorio visitar la playa de Bondi, para comprobar si es verdad que el color de sus aguas es el mismo que luce el iMac original. Si los presupuestos no dan para tanto, A Coruña es un buen destino ya que sus museos de Ciencias albergan una de las más completas reservas de Macintosh en un entorno dependiente de la Administración pública: toda una rareza en los tiempos que corren.
Y eso es todo, por este año.

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