| Artículos | 01 MAR 2000

Un mundo digital

Por fin los sistemas digitales av

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Fernando García.
Hace pocos años, sólo un par de ellos en el mundo de la imagen y algunos más (aunque no muchos) en el ámbito del sonido, el mundo digital era mirado con absoluto desprecio por los profesionales de estos medios. Indudablemente las tecnologías digitales ofrecían ventajas: principalmente la rapidez en el trabajo. Ya no era necesario esperar horas o días a que se revelaran unas fotografías y se podía grabar un sonido y enviar al otro extremo del mundo de forma instantánea con un módem.
La situación ha cambiado bastante. Las cámaras digitales ya ofrecen de forma habitual resoluciones de 1,3 millones de pixels (1200 x 1100 píxeles) y los modelos superiores dan 2,5 millones (1900 x 1300 píxeles), calidades que superan a las cámaras amateurs y a muchas semiprofesionales, aunque el precio no sea precisamente de este rango. Adicionalmente, cualquier Mac es capaz de grabar sonido con calidad CD, superior a la que puede ofrecer cualquier casete, incluso de gama alta y los dispositivos portátiles de reproducción MP3 ya están considerados como elementos de consumo.
Pero quizás el caso más destacable corresponda a las cámaras de vídeo. Los modelos analógicos que podemos adquirir en el mercado (las típicas cámaras de 8 milímetros) tienen resoluciones equivalentes a 320.000 píxeles, mientras que las nuevas cámaras de vídeo digital ofrecen 800.000, además de permitir la comunicación y transmisión directa de la imagen al ordenador sin pérdida de calidad.
Los avances se tienen que centrar ahora en un abaratamiento de costes, pero todo aquel que ha visto esta tecnología sabe que eso no plantea ningún problema y que es una cuestión de tiempo: basta con que exista un interés general por esa tecnología para que se produzca el descenso de precios.
Por tanto no hace falta ser adivino ni gurú de la informática para predecir que el DVD barrerá en pocos años al vídeo, y que el sonido portátil y en el coche e incluso la recepción de emisoras de televisión y radio será digital.
Esto abre las puertas a increíbles posibilidades, posibilidades que provocan pesadillas en muchos directivos de la industria discográfica y del cine.
Estos mismos directivos de la industria del celuloide son los que merecen recibir el premio al “listillo” del año por intentar exprimir nuestro bolsillo al máximo posible. Como La Guerra de las Galaxias todavía tiene un importante mercado en vídeo, no la sacan en DVD, pero cuando el filón actual se agote, entonces la sacarán en el nuevo formato para que todos los fanáticos vuelvan a gastarse el dinero.

La información es la Red
Esto trae a colación el hecho de que el elemento más débil, o dicho de otra forma el que más tiene que evolucionar en todo este montaje, es el de las comunicaciones. Ya se dispone de discos duros capaces de almacenar decenas de Gigabytes o lo que es lo mismo horas y horas de películas, tarjetas de sonido que pueden procesar éste y convertir nuestra sala de estar o despacho en una fabulosa sala de conciertos e incluso cualquier hijo de vecino puede comprarse una impresora de inyección de tinta que le permite obtener copias de sus fotografías que no tienen nada que envidiar a las de cualquier laboratorio de revelado en una hora.
Pero enviar cualquiera de estas imágenes (no hablemos ya de una película familiar de poca duración) pueden ser muchos minutos y en el caso de la mencionada película ya hablamos de horas, siempre refiriéndonos a módems convencionales e incluso a líneas RDSI. Ni siquiera las tecnologías de modem-cable y ADSL están preparadas para aguantar estos tráficos, estando limitadas por la propia tecnología pero sobre todo por los filtros que los diversos proveedores instalan para evitar usos excesivos de los anchos de banda disponibles de entrada y salida a Internet.
Solucionar este problema implica un aumento exponencial en todas las redes de comunicaciones en uso actualmente y sobre todo sin que el precio aumente en la misma proporción. Este incremento en la capacidad de enviar y recibir información no será inmediato, pero tampoco es algo que sólo verán nuestros hijos. Las grandes empresas de comunicaciones y los bancos ya han descubierto que existe un gran potencial económico asociado al permitir a los usuarios enviar o recibir, sobre todo esto último, grandes archivos de datos. La comercialización sin fronteras de discos, películas y otros soportes que puedan descargarse rápidamente por Internet puede constituir una estupenda fuente de ingresos, sobre todo teniendo en cuenta que se ahorran intermediarios (y por tanto costes) y la inmediatez de la compra, desde el sillón de casa sin necesidad de desplazarse a la tienda, potenciará la venta.
Hoy en día la comercialización de soluciones de este tipo está en pañales. Las grandes corporaciones están investigando los peligros de Internet y como controlarlos, pero cuando se sientan seguros, el cable será la forma en que nos vendan todo.

Los “geeks” protestan
Este uso y abuso de Internet se ha visto reflejado en un estudio de la Universidad de Stanford donde se constata lo evidente: que los usuarios adictos a Internet se convierten en personas más solitarias que no tienen una convivencia social tan amplia como en otros entornos. Estas conclusiones no han gustado mucho en entornos “geeks” (los “progres” de la informática e Internet) que se han apresurado a criticar irónicamente el estudio. Opiniones hay para todo, por supuesto, pero incluso aunque se trate de tirar piedras contra mi propio tejado, no considero que dicho estudio ante tan desencaminado como algunos piensan.

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