Muchas páginas web de tecnología están dando cobertura al informe de un think tank sobre trabajo forzoso en China, en el que se menciona a Apple como una de las muchas marcas globales cuyas cadenas de suministro están involucradas. 

No estoy muy seguro de por qué, puesto que el informe fue publicado en marzo (la BBC sí que informó de ello en su día), pero quizás se trate de un ejemplo más del funcionamiento del periodismo en eco. El origen parece ser este artículo de un portal indio que menciona el informe como si fuera nuevo. 

En cualquier caso, es positivo que una historia tan importante esté teniendo más repercusión.

En realidad, se han desarrollado más cosas desde que el Instituto Australiano de Estrategia Política (ASPI) publicó el informe Uyghurs For Sale (“Uigures a la venta”). Pero antes de ir más allá, vamos a recapitular esas horribles acusaciones.

Miembros de minorías étnicas y religiosas de la China, en gran parte musulmanes uigures, habrían sido transportados supuestamente hasta una red de campos de concentración “reeducativos” de la región de Sinkiang y se les habría obligado a renunciar a su cultura y su religión.

Tras seguir un proceso de disciplina ideológica (y, según algunos informes, de tortura), los internos “graduados” son forzados a trabajar en fábricas que forman parte de la cadena de suministro de algunas de las compañías más importantes del mundo.

Apple no es, ni de lejos, la única en enfrentarse a tal acusación. El ASPI asegura que las cadenas de suministro de 83 “marcas globales muy conocidas” han tenido algún tipo de trato con fábricas que usan mano de obra uigur forzosa.

Además de Apple, otras empresas tecnológicas principales mencionadas en el informe son Samsung, Sony, Huawei, Amazon, Google, Dell, Microsoft y Nintendo. También se menciona a fabricantes de automóviles como BMW, Volkswagen, Land Rover y Mercedes-Benz, y marcas de moda como Gap, Calvin Klein, Victoria’s Secret y Nike.

Debemos enfatizar que la mala actuación por parte de Apple es muy indirecta y difícil de saber. El think tank reconoce que muchos de los productos son fabricados por cadenas de suministro difíciles de comprender, y apunta que Tim Cook alabó el “trato humano hacia los empleados” que se mostró en una de las fábricas que visitó, lo que sugiere que la fábrica habría ocultado ciertas prácticas. 

Pero con la publicación de este informe, la compañía ya no puede usar el desconocimiento como excusa. Dos de las compañías mencionadas ya han tomado medidas. En junio, Adidas se reunión con Raphaël Glucksmann, miembro del Parlamento Europeo, y acordaron dejar de trabajar con proveedores y subcontratados “involucrados en la explotación de mano de obra uigur forzosa”. Una semana después, también lo hizo Lacoste.

Todavía quedan 81 marcas de las 83 mencionadas que no han firmado la campaña de Glucksmann (Nike se reunió con él pero se negó), por lo que podría parecer extraño que estemos señalando solo a Apple. En parte, esto es verdad. 

Lo hacemos porque es la compañía de la que hablamos en Macworld, pero hay otras razones por qué parece razonable centrar la atención en la respuesta de los de Cupertino en particular. La gran envergadura de la producción de la compañía, por ejemplo, significa que es, a la vez, culpable del sufrimiento si deja que siga y capaz de hacer el bien si se niega.

Quizás no haya ninguna compañía que tenga la influencia suficiente para convencer a China de cambiar sus políticas. Al fin y al cabo, ha conseguido resistirse a sanciones de la nación más poderosa del mundo. Pero Apple tiene más opciones que la mayoría.

Algunos periodistas han dicho que no es realista, sino naif, esperar que Apple denuncie el trato de los uigures teniendo en cuenta que su cadena de suministro está profundamente vinculada a la economía de China y sus ingresos dependen mucho del mercado chino.

Otros creen que Tim Cook condena privadamente la persecución de los uigures y está trabajando en diversificar la cadena de suministro de Apple (hay informes que aseguran que está desplazando cada vez más su producción de iPhones a la India) para poder dejar de usar los servicios alegando motivos éticos. 

Pero es sorprendente que dos marcas de moda con una influencia financiera significativamente menor se hayan pronunciado públicamente y se hayan comprometido a pasar a la acción.

No es que Apple sea una compañía muy neutral, o una que nunca se pronuncia en cuestiones éticas. Hace poco habló en favor del movimiento Black Lives Matter y, aunque algunos podrían decir que denunciar el racismo no es controvertido, en su comunicado se condenó a las fuerzas policiales como institución. Un vistazo a la situación política actual en Estados Unidos hace evidente que esto les habrá hecho perder algunos clientes.

Una vez, Tim Cook instó a los escépticos del cambio climático a dejar sus acciones en Apple, y dijo: “Cuando trabajamos para hacer que nuestros dispositivos sean accesibles para los ciegos, no tengo en cuenta el maldito RSI”.

Han habido siempre informes sobre condiciones de trabajo inhumanas en cadenas de suministro usadas por Apple y otras compañías tecnológicas, pero parece que que está trabajando para mejorarlo. La firma publica cada año un Informe anual sobre el Progreso en la Responsabilidad de Proveedores y se ha comprometido, entre otras cosas, a “parar el trabajo con deudas contraídas antes de que ocurran”.

Dejando a un lado mi parecer en el tema como periodista, como cliente de Apple me gustaría que la compañía se pronunciara al respeto. Si se pone al frente, el resto del mercado puede que le siga y se produzca un cambio real. Pero ocurra esto o no, creo que ya no es aceptable que Apple mire hacia otro lado.

Artículo original publicado en Macworld UK.