Visto desde la distancia, fue así: al principio, los ordenadores eran tan grandes como las casas, especialmente las supercomputadoras. Cuando se abra el Deutsches Museum de Múnich, puedes ir a echar un vistazo al Cray, que en su día fue inigualable.

Luego, pudimos colocar ordenadores en nuestro escritorio y ya no eran solo un dispositivo enorme en la sala de servidores. La tecnología siguió progresando y el ordenador pasó a poderse llevar de un escritorio a otro y se convirtió en algo que podíamos poner en un maletín y abrirlo en nuestra falda para trabajar.

Pocos años después, ya no necesitamos un maletín, sino que bastaba con transportar la supercomputadora en nuestra chaqueta o bolso. Y finalmente, hace cinco años, conseguimos colocar ese ordenador en nuestras muñecas. Quién sabe, a lo mejor a finales de los 2020, las lentes de contacto podrán hacer lo que hace hoy el Apple Watch.

Si lo vemos desde más cerca, obviamente no fue tan fácil. Las supercomputadoras de hoy todavía ocupan salas de maquinaria y servidores, y además hay una gran diferencia entre el Mac Pro y el Apple Watch, pese a que tengan el mismo logo estampado en ellos. Sin embargo, no es menos cierto que los ordenadores se han vuelto cada vez más personales y Apple fue uno de los pioneros en esta revolución. 

Mientras que otros todavía pensaban que solo se necesitaban unos cinco ordenadores personales en todo el mundo, Apple se adelantó y democratizó esa tecnología informática con el Mac. Ya no era necesario perder el tiempo leyendo un manual incomprensible, sino que bastaba con colocarse en frente de la pantalla y mover el ratón para utilizar el ordenador, que trajo un entorno de trabajo conocido en formato digital.

El primer portátil en llegar también tuvo el sello de Apple y, desde 2007, la compañía ha trabajado en la reinvención del ordenador en forma de teléfono. No obstante, en su camino hacia un ordenador cada vez más personal, los procesos de prueba no quedaron de repente obsoletos. Apple no puede operar sus servicios sin miles de armarios con servidores. Además, el iPhone raramente se utiliza como reemplazo de un ordenador de sobremesa, y eso que los procesadores de los últimos modelos superan a muchas de estas máquinas.

Hace cinco años, cuando el Apple Watch salió a la venta (24 de abril de 2015), muchos entendieron mal su naturaleza, y eso pese a que Apple había revelado sus planes medio año antes. A pesar de todos los avances que se han hecho en los últimos cinco años, el Apple Watch todavía no es (ni lo será nunca) un iPhone en tu muñeca. Sin embargo, es el “dispositivo más personal jamás fabricado”, como Apple ha asegurado desde entonces. Solo los AirPods están todavía más cerca de sus usuarios.

Pese a que Apple nunca se ha referido a él como “el ordenador más personal”, el primer Apple Watch ya incluía un chip con unas capacidades de rendimiento que hubieran sido la envidia de las tripulaciones de Apolo.

Pero el Apple Watch tiene otros propósitos, pese a que Apple tardó un poco en descubrir cuáles. En primer lugar, se trata de un reloj deportivo que no solo compite con monitores fitness, sino que les pasa por encima. Luego tenemos el Apple Watch con la carcasa de acero inoxidable: una pieza de relojería que compite por un espacio en tu muñeca con relojes analógicos más baratos.

Ahora bien, el modelo en oro lanzado en 2015 por 18.500 € demostró dónde están sus límites. Hubo gente con mucho dinero que lo compró para poder fardar de riqueza en su muñeca. Pero solo un año más tarde, esto demostró ser una mala inversión ya que la tecnología de dentro de esa carcasa dorada pasó a estar obsoleta.

Apple solo vendió el Apple Watch Edition en oro a algunos clientes. Con la llegada del Series 2, este modelo pasó a ser más barato y el oro de 18 quilates fue sustituido por una cerámica más barata (y más sensata).

Con el tiempo, Apple ha aprendido de los comentarios de sus clientes que el Apple Watch no es solo una herramienta de comunicación útil y versátil (que te comunica mensajes importantes y te permite aceptar y denegar una llamada), sino que también es un dispositivo de salud con mucho potencial.

A Apple se le conocía por su capacidad de satisfacer las necesidades de sus clientes antes que estos supieran que las tenían, pero ahora la compañía ha escuchado a sus usuarios y les ha dado esas funciones de salud que pedían: electrocardiograma, identificación de fibrilación arterial y una motivación para hacer más ejercicio. El Apple Watch es, sin duda, el dispositivo más saludable que Apple jamás haya fabricado.

Pero hay más: el reloj terminará por ser capaz de monitorizar el azúcar en sangre, la presión arterial, la temperatura corporal y mucho más. Esta información, recolectada de forma anónima, podría usarse para configurar un perfil médico.

También puedes usar el Apple Watch para realizar pagos sin contacto, algo muy útil en el momento de crisis sanitaria en el que nos encontramos. Ahora incluso tiene su propia tienda de apps y puede usar una eSIM, lo que significa que puede utilizarse de forma independiente a un iPhone.

Dicho esto, el Apple Watch no hace que el smartphone sea innecesario. De la misma forma que el iPhone no hizo que dejaramos de utilizar el portátil; el portátil, el ordenador de sobremesa; o el ordenador de sobremesa, el superordenador. El Apple Watch puede coexistir tranquilamente con el iPhone.

Artículo original publicado en Macwelt.