Después de ver el vídeo de la presentación del Mac mini en la Macworld Expo de enero me he quedado convencido de que a Steve Jobs no le gusta el Mac mini. Y no es que sea un mal ordenador, pero no es “su tipo” y diría que lo ha aceptado con reservas. La parte buena es que eso significaría que el “enfant terrible” de la informática de los años 80 es ahora un directivo maduro con un buen equipo a su alrededor.

Síntomas evidentes

¿En que me baso? Pues durante la presentación se han podido ver varios signos que me han resultado claros. Jobs es un capo a la hora de hablar en público y presentar un producto, así que no se ha notado mucho y ha cumplido con su papel, pero los siguientes detalles me han dado para pensar:

Empecemos por el orden de presentación. Normalmente el producto estrella de cada conferencia aparece en último lugar para incrementar el efecto emocional de la expectativa. Sin embargo, el Mac mini salió de penúltimo, antes del iPod shuffle, que es mucho menos interesante como producto que el ordenador. Del penúltimo no se acuerda nadie y apenas le dedicaría 5 ó 6 minutos.

Otro detalle. Habitualmente, los nuevos equipos se presentan de forma espectacular mediante unos pedestales móviles que hacen aparecer los productos ocultos bajo el escenario y luego se toman primeros planos en directo. El Mac mini ¡estuvo todo el tiempo encima de la mesa! A la vista de cualquier espabilado.

De hecho, Jobs cogió el equipo para mostrarlo con una cierta desgana. Habitualmente se emociona describiendo el difícil parto del concepto, mientras que esta vez lo sujetó con la punta de los dedos brevemente mientras lo exhibía a la rendida concurrencia. Nada de saborear cada prestación, cada inverosímil detalle de diseño industrial. Nada de declaraciones de Jonathan Ive. Nada de nada.

Y, como si se sintiera obligado a mostrar algo más, despachó el asunto sacando la caja. ¡Ni más ni menos que la caja! ¿Pero es que este Mac no tiene otra cosa? Sencillamente asombroso.

Razones no le faltarían

Yo creo que Steve Jobs no considera al Mac mini como uno de “sus” productos. Se lo han colado porque Apple, de algún modo, tenía que jugar cartas para avanzar un poco en la respetabilidad a golpe de share, de cuota de mercado, vaya. No tiene nada que perder, pero hay bastante para ganar.

El Mac mini puede que sea un gran éxito de ventas y puede que haya alcanzado cierta repercusión mediática. Sin embargo, no tanta como el iMac G5, del que tuve noticias por amigos y conocidos poco interesados en la actualidad tecnológica. En realidad, del mini he oído y leído en medios más o menos tecnófilos, entusiastas, pero especializados.

Algunos puntos grises, que no negros, pueden haber llevado a Jobs a recelar un poco del pequeño de la casa.

Para empezar, Apple dice que se trata del Mac más asequible de la historia. Asequible, que no barato. El mini no es barato sino que es un ordenador con un precio que permite plantear su compra, siempre que se cuente con los accesorios precisos (pantalla, teclado y ratón para empezar) porque una vez que los añadimos al carrito de la compra el resultado es que probablemente sale más a cuenta el iMac G5.

Es decir, el Mac mini ha nacido para segundón, porque no es una buena alternativa para quien adquiere su primer equipo. Es un caramelo para tratar de engolosar a “peceros” con afanes exploradores y a “maqueros” que quieren un equipillo auxiliar y jubilar definitivamente algunos viejos cacharros.

Lo anterior anunciaría que la cuota de mercado no va a crecer espectacularmente. Claro que con un 2-3% estimado, es posible que subir entre 0,5 y 1 punto o algo más se pueda considerar un excelente resultado. Puede que se llegue incluso al 4-5% de cuota (un exitazo) pero se renuncia al mercado de equipos nuevos, ya que el resto de la gama de entrada se sigue considerando cara por parte de los potenciales compradores.

Además, el mini provoca algunos problemas en la estructura de productos de Apple. ¿Qué pasa con el eMac? De repente se queda en muy mala posición. Si se pone demasiado barato se comerá las ventas del recién llegado. Si se pone demasiado caro se verá fagocitado por el iMac G5, mejor pertrechado. Sin embargo, un todo en uno de bajo precio sigue siendo una posibilidad atractiva como primer ordenador, y muy atractiva para ciertos tipos de clientes del mercado educativo, así que o bien el Mac mini baja de precio para pode colocar un supuesto nuevo eMac en un segmento mejor, o se baja el iMac G5 para que sea una opción más atractiva. El asunto es complicado.

No era esto, no era esto

En resumen, probablemente el Mac mini no es el producto que Jobs querría y que seguramente sería el doble de caro y tardaría el doble de tiempo en salir al mercado. No estoy diciendo que sea un ordenador malo, feo o flojo.

El mini tiene muchas luces, pero algunas sombras. Facilita el camino a muchos usuarios que querrían probar un Mac pero estaban acostumbrados a los precios de la tienda de ordenadores de la esquina. Pero a la vez pone en una situación muy extraña a la propia Apple al complicar su gama orientada al consumo.