Una anterior columna de Planeta Mac titulada “El gozo del teletrabajo” escrita en clave humorística ha desatado las iras de algún lector que me acusaba de querer desanimar a las empresas y potenciales teletrabajadores y de no tener ni idea del tema del teletrabajo. Son cosas que tiene la carencia de sentido del humor, así que esta vez me voy a poner serio.

Qué es el teletrabajo. Definir qué es el teletrabajo es necesario para saber si nos va a dar problemas o no. Un ingrediente esencial es que se realice utilizando la tecnología de la información y la comunicación (o sea el ordenador e Internet) pero no es el único. Mi “agresivo” comunicante se ponía a sí mismo como ejemplo de teletrabajador al hablarme de su intención de hacerse autónomo (llevándose de paso parte la cartera de clientes de su futura ex-empresa, por cierto). Pero no creo que el trabajo de autónomo pueda considerarse teletrabajo aunque se cumpla la primera condición.

En realidad, deberíamos hablar de tele-empleo, es decir, trabajar por cuenta ajena utilizando la tecnología. ¿Por qué por cuenta ajena? El trabajo por cuenta propia, aunque sea a través de Internet, no plantea nuevas complicaciones legales o laborales que el trabajo por cuenta ajena sí.

Por ejemplo, si yo trabajo desde mi casa para mi empresa, ¿de qué manera se controla y se regula mi productividad? ¿Quién se encarga de proporcionar y mantener la infraestructura técnica necesaria (conexión a Internet, ordenador, consumibles...)? ¿Cobraré lo mismo que un trabajador normal? ¿Se considerarán los accidentes laborales del mismo modo? ¿Y las bajas por enfermedad?

En el caso del autónomo, perdón, del “freelance”, todas estas preguntas tienen una clara respuesta ya que todo queda a cuenta del trabajador. Pero eso no es nuevo, si hace cinco años uno llevaba personalmente los trabajos a la empresa contratadora, la única diferencia es que hoy se lo envía por Internet.

Pero la situación del trabajador por cuenta ajena es bastante más compleja. En el plano legal y administrativo hay muchos cabos que atar para que el tele-empleo no se convierta en una de pérdida de derechos del trabajador.

El lado psicológico. El factor psicológico puede tener mucho peso para conseguir una buena vida tele-laboral.

Asumiendo que el tele-empleado trabaja desde su propia casa tenemos una primera fuente de distorsiones. Mientras que las oficinas se suponen diseñadas para la productividad, la propia casa no está pensada para eso. Para una persona que ha pasado su vida laboral en su empresa, el paso a trabajar desde su hogar puede suponer muchas dificultades. ¿Cómo se organiza el horario? ¿Cómo se organizan los espacios? ¿En qué medida pueden interferir los hábitos familiares?

¿Y qué hay de las personas que conviven en la casa o que pertenecen a nuestro entorno? ¿Asumirán que el hecho de estar físicamente en casa no equivale a total disponibilidad? ¿Cómo conciliar las obligaciones de la vida familiar y laboral cuando los dos espacios y tiempos se superponen? Muchos autónomos no tienen este tipo de problema porque montan sus oficinas fuera de casa o porque tienen una mentalización más adecuada para separar estos dos ámbitos. Sin embargo, para el tele-empleado que pasa de la oficina al hogar esta transición puede suponer un esfuerzo para el que debería estar preparado.

También habría que hablar de la empresa. Como no estoy en la oficina, ¿va a tener mi jefe libertad para llamarme a cualquier hora del día o de la noche para resolver un asunto? En otras palabras: es necesario que cualquier empresa y trabajador interesados en la fórmula del tele-empleo acuerden con detalle y claridad los límites de la nueva relación laboral.

El trabajo en equipo. El teletrabajo puede favorecer el trabajo en equipo. Por un lado tenemos la ventaja de poder establecer equipos entre miembros físicamente muy separados entre sí. Una empresa con sedes en diferentes localidades podría organizar equipos de trabajo en los que participen empleados de cada una de ellas, lo que le permitiría escoger a los más motivados o preparados para ello sin el trastorno que supondrían traslados o reuniones periódicas.

Pero, por otro lado, las comunicaciones necesitarán de la banda ancha, es decir, han de poder ser lo bastante rápidas como para permitir la inmediatez a través de servicios de vídeoconferencia o, por lo menos, IRC. Muchos proyectos se podrían gestionar a través del correo electrónico o compartir archivos, pero el intercambio de ideas rápido propiciado por una reunión presencial sólo es posible, en teletrabajo, recurriendo a los servicios citados. En ese aspecto, un equipo de teletrabajo sin las herramientas adecuadas puede acabar languideciendo y fracasando.

La organización del trabajo requiere la definición clara y precisa de objetivos y plazos, tanto para permitir la organización individual como la sincronización de las tareas. Se supone que una ventaja del teletrabajo es el hecho de poder dedicar a la productividad los momentos en que nos vemos en mejor disposición para ello, pero no podemos subordinar la buena marcha de un proyecto a las mayores o menores ganas de trabajar. En el trabajo presencial, ese control se consigue más fácilmente mediante el ejercicio del liderazgo o la autoridad o por la propia presión del grupo de compañeros.

El aspecto social del trabajo. Aún así, el tele-empleo tiene un defecto importante: el aislamiento del trabajador. El hecho de trabajar en una oficina con un grupo de compañeros proporciona un entorno de trabajo en el que es posible la ayuda mutua, la colaboración puntual, la reacción rápida ante ciertas situaciones, o incluso el control mutuo, contribuyendo a la productividad. Pero también se aporta un elemento de relación social, no necesariamente orientada al trabajo, que es importante psicológicamente. Esas ventajas no son tan accesibles en entornos de teletrabajo, lo que puede hacer que los integrantes de un equipo tengan poco contacto salvo para cuestiones únicamente relacionadas con el trabajo.

Aquello de ir a tomarse algo al salir de la oficina no tiene tantas probabiliades de darse de forma natural en un entorno de teletrabajo, por lo que el trabajador tiene que buscar la manera de compensar la pérdida de oportunidades sociales que le proporcionaría el trabajo presencial con otras actividades, lo que no siempre es fácil según el entorno en el que se viva.