Los lectores habituales de esta columna ya estarán acostumbrados a que de vez en cuando saque a relucir lo que yo denomino “efecto videoclub”, un caso típico y por desgracia excesivamente habitual de fallo de los departamentos de marketing para analizar un mercado y su interés y que se puede resumir en “llega uno, monta un videoclub y le da dinero, le ven los demás y todos deciden montar un videoclub y naturalmente el mercado se hunde”.

El caso más actual y famoso es, sin duda alguna, el crack que muchas compañías de telecomunicaciones están sufriendo. KPNQwest es la última y más famosa, pasando en menos de un mes de estar en una posición cómoda a cerrar toda su red, dejando a sus clientes (incluyendo Nokia y PA y proveedores con una mano delante y otra detrás). Pero no es la única, el mismo camino han seguido Carrier 1 y Global Crossing y las operadoras que todavía viven están muy quietecitas diciendo “virgencita, virgencita que me quede como estoy”.

Existen varias razones que explican este derrumbe simultáneo. En algunos casos, sobre todo operadoras europeas como Vodafone, los muy, muy, muy elevados costes de las licencias de telefonía móvil UMTS han logrado dejarlas sin fondos, pero en la mayoría de los casos el derrumbe ha sido provocado por una aplicación exagerada del efecto videoclub.

Todos los consultores de marketing de empresas de telecomunicaciones decidieron que era muy interesante la banda ancha y que surgirían rápidamente aplicaciones legales que permitirían sacarle partido, como emisoras de radio por Internet, vídeo bajo demanda, etc. Desde estas visiones todas las empresas se han lanzado a crear zanjas por ciudades, carreteras e incluso océanos tendiendo fibra sin descanso.

Hablando hace poco con el director general de una consultora de telecomunicaciones (una consultora técnica seria que diseña e instala redes de comunicaciones, no la típica multinacional que hace “ingeniería de PowerPoint”) me comentaba que actualmente hay instalada fibra óptica a nivel mundial suficiente para que todos hagamos videoconferencia a la vez. Por desgracia para ellos, la mayoría de la gente no tiene ningún interés en hacer videoconferencia y los posibles usos interesantes de la banda ancha (pocos pero algunos) están desapareciendo incluso antes de poder convertirse en realidad por el miedo de las productoras discográficas y cinematográficas. No es este el momento para comentar este miedo y las presiones que estas productoras ejercen sobre todos los medios de comunicación para que les den su “apoyo voluntario” en las campañas antipiratería (campañas con muy poco efecto por otra parte, porque por mucho que Ramoncín salga en la radio diciendo “que la piratería no tiene nada que ver con los precios de los discos”, lo cierto es que TODO el mundo con el que hablo, incluyendo algún productor de vídeo, opina todo lo contrario) pero lo cierto es que si se reducen las posibilidades de compartir música por la red pocos usos realmente interesantes y legales puede encontrar un usuario normal para aprovechar una conexión a todo trapo a la “interné”.

La única que utilizo yo realmente es descargarme las actualizaciones de Mac OS X de la red y encima los 22 megabytes me los tengo que bajar por duplicado, ya que la política de Apple es que la última actualización sólo se puede instalar en línea, de forma que en el trabajo y con banda ancha me instalo la actualización en el portátil en dos minutos pero luego en mi casa tengo que emplear cerca de una hora para bajarme la misma actualización por RDSI para el iMac. Por lo visto Apple no entiende que el uso de Internet tiene que ser una opción y no una imposición.

El resto de los futuros soñados para esta tecnología no han llegado a cuajar y los usuarios no aciertan a pensar para qué son interesantes si ya tienen la televisión de Operación Triunfo, la radio para oír el partido (porque hay que ver a qué horas han puesto los partidos del mundial) y el videoclub cuando quieren ver una película.

UMTS

Y si este es el futuro de la banda ancha convencional, las operadoras de telecomunicaciones que han pagado “muchimillonarias” licencias UMTS (léase Vodafone aunque no es la única) han descubierto ya alguna de las maravillas de esta tecnología.

La primera es que los fabricantes de comunicaciones saben hacer mucha ingeniería de PowerPoint y que cuando Nortel, Ericsson, Nokia, etc. decían que tenían tecnología UMTS disponible, querían decir “tenemos en un laboratorio un prototipo tamaño maletín que funciona a veces y las fotos de productos que se han publicado son montajes”, por lo que no es posible hacer hoy en día un despliegue de esa red.

El segundo descubrimiento que algunos están empezando a percibir es que para poder amortizar esos millones, el precio de uso de UMTS va a tener que ser... ligeramente elevado, y así, ¿quién va a querer hacer videoconferencias con su jefe? ¿o con su suegra o con...? y quien dice hacer videoconferencia dice descargarse una película o un disco. A lo mejor se usa para leer el correo o para ver alguna página en Internet, como en casa, pero el uso de banda ancha a diestro y siniestro es según mi punto de vista, lejano.