Es de bien nacido ser agradecido y por ello, sin demora, he de comenzar dando las gracias a los desarrolladores y demás personas que han participado en la creación del nuevo Mac OS X 10.4, más conocido como Tiger. Según he podido observar ya, en los pocos días en los que llevo utilizándolo, han tenido muy en cuenta que existen muchos usuarios desencantados con el uso de Windows, con lo que han hecho un esfuerzo importante para que la nueva versión de Mac OS X se acerque a los “switchers”, pero sin olvidar las mejoras en las facetas más profesionales. No es plan de dar la vuelta a la tortilla a estas alturas de la vida y dejar de lado a quienes “les han estado dando de comer” durante todos estos años.

Si alguien piensa que esto no es del todo cierto, que se dé un paseo por la ayuda de Mac OS X Tiger y observe con asombro cómo existe un tema específico que recibe el nombre de “Cómo cambiar desde Windows”.

Efectos colaterales

Ya he recibido las primeras cartas pidiendo ayuda de personas que están pensando seriamente pasarse de Windows a Mac. Y digo seriamente porque sus mensajes enviados por correo electrónico denotan cierta prisa y un gran desencanto, además de multitud de preguntas que a buen seguro quedarán resueltas en este número si echan un vistazo al artículo “Guía para pasar de Windows a PC sin problemas”. Si bien, como me comprometí, todas ellas han tenido respuesta mediante e-mail.

Pero, sinceramente, no todo han sido buenas palabras y palmaditas en la espalda. He sufrido en mis propias carnes “las iras” de otros usuarios, principalmente de personas de mi entorno, que han hecho duras criticas sobre el cambio de plataforma. Todo ello no ha hecho más que reafirmarme en mi creencia, ya que sí algo tan simple como expresar una opinión y una experiencia puede generar tanto revuelo, algo de razón debo de tener.

Widgets, mis mejores aliados

Pero volviendo al nuevo Mac OS X, los novedosos Widgets o mini aplicaciones de gran utilidad incorporadas en la nueva versión me han dejado impresionado. Y no sólo a mí, sino también a mi círculo de amigos que por suerte o por desgracia también se mueven todo el día entre ordenadores y tecnología. Ellos han caído en las garras de los encantos de estas nuevas funcionalidades que hacen labores cotidianas mucho más sencillas. Comprobar las condiciones climatológicas en multitud de puntos del planeta, el estado de los vuelos, disponer de un traductor en línea, de un visor de noticias RSS, diversos conversores de unidades y divisas, etc. Todo a un simple golpe de ratón y que va a permitir que muchas más personas cambien su concepto de que el Mac sólo lo utilizan profesionales y que para casa la única opción es el PC.

Ya he evangelizado a amigos, pero sin duda, Tiger y sus nuevas capacidades va a permitirme dotar de mayores razones a mi, ya de por sí, amplio argumentario para hacer “el cambio”.

También se podrían mencionar otros aspectos como la sustancial mejora de la ayuda del sistema, que hace algunos guiños a los usuarios que aún tienen la mentalidad muy cerca del mundo Windows, o el impresionante sistema de búsqueda para localizar prácticamente todo lo que se tiene almacenado en el disco duro.

Fácil para mí, fácil para todos

Tengo en mis manos el mejor de los motivos con los que convencer a mis amigos y familiares para que disfruten dando el salto a Tiger, y no sólo con el popular “salto del tigre”, con el que durante tantos siglos hemos disfrutado. Sin duda, voy a intentar sacarle el máximo partido a este nuevo As que me ha pasado Apple por debajo de la mesa. Ahora ya no se me van a poder escapar muchos de los que me dicen: “Amigo, te han lavado el cerebro”, “Ya pero… aprender a manejar un nuevo sistema operativo es complicado”. ¿Cuál es el problema ahora? El único problema a mi entender es que muchos usuarios no tienen la oportunidad de utilizar un Mac durante unas horas para descubrir la facilidad con la que se maneja y experimentar la sensación de bienestar que produce sentarse ante un ordenador con una interfaz amigable e inspiradora y una apariencia exterior que cautiva sin que ni siquiera haga falta ponerlo en funcionamiento.