Sonrisas y lágrimas con Final Cut Pro

El día más feliz de mi vida, había llegado. Mis manos temblorosas sostenían esa preciosa caja que dice Final Cut Pro 1.2. Con impaciencia y torpeza destrocé el plástico retráctil al tiempo que podía sentir como la ranura de mi iMac DV SE ardía de deseo, mientras el objetivo de la Sony DCR-PC 100E nos vigilaba atentamente a los tres.

Todo estaba listo, la instalación había sido un éxito y el momento cumbre se acercaba cada vez más. Introduje suavemente la clavija FireWire en la cámara de vídeo y me dispuse a importar un vídeo. No recuerdo una sensación igual desde hace muchos años; ¡mi equipo estaba ya completo!: máquina, programa y cámara. Pensaba que por fin se habían acabado las noches en vela esperando el “render” de mi viejo PC Dual, cuando de repente: “¡Houston, tenemos un problemilla!”. El iMac saltó por los aires y las extensiones QuickTime y FireWire fueron machacadas.

Nadie respondía al otro lado del 902 10 00 88, pues en Canarias ya eran las 7:30. Incrédulo y atónito no podía entender lo que estaba pasando y tres veces tres, repetí la instalación y tres veces tres, la maquina volvió a reventar... Ya ni siquiera iMovie funcionaba.

Tuve que echar mano de mi viejo amigo PC y dirigirme a la web de Apple, en donde encontré el siguiente mensaje:“The iMac DV does not currently support Final Cut Pro 1.2. 16/03/00”. Fue entonces cuando la sonrisa se tornó en llanto.

El lunes en el 902 10 00 88 nadie sabía de que les estaba hablando el “Sr.Tal” estaba en Irlanda toda la semana. Horas más tarde me informaron que el problema no termina ahí sino que tampoco un G4 con Mac OS 9 en castellano admite la instalación de Final Cut Pro.

Y no fui yo el culpable. Fueron los técnicos de Apple España los que me informaron de que los requisitos mínimos para Final Cut Pro son G3 266 MHz, 128 MB de RAM, 6 GB de disco duro y que el iMac DV andaba sobrado con su G3 400 128 y 13GB. Y son ellos los únicos responsables de haberme vendido un equipo que no funciona. Y yo no entiendo de leyes, pero existen muchas palabras para denominar lo que me han hecho, y si legalmente tengo derecho, lo ejerceré con todas sus consecuencias, pues creo que existe una clara diferencia entre una chapuza y una ilegalidad.

Javier Baraño

Vía Internet

Nota de la redacción

Aunque Apple declara en su biblioteca técnica (Tech Info Library) en el artículo aludido por el lector (y que puede leerse en http://til.info.apple.com/techinfo.nsf/artnum/n58498) que Final Cut Pro 1.2 no ha sido todavía certificado para su funcionamiento con los iMac DV, por la posibilidad de que exista algún conflicto entre extensiones cuando se escoge la opción FireWire como fuente de vídeo externa. En la propia redacción de Macworld se ha podido comprobar en numerosas ocasiones que Final Cut Pro 1.2 (versión internacional) funciona a la perfección en un iMac DV con Mac OS 9 en castellano si se arranca el iMac con un juego de extensiones mínimo. En el caso de los Power Mac G4 no es necesario desactivar extensiones del Sistema ya que la aplicación ha sido optimizada para funcionar en los G4 y, como Macworld también ha podido comprobar, resulta perfectamente estable con Mac OS 9 en castellano.

El píxel fantasma

El 26 de noviembre de 1999 compré en un distribuidor Apple de Barcelona, un iBook, cuya pantalla presenta un píxel rojo cuando está clara y uno blanco cuando está oscura; pero no sólo eso, sino que ¡lo tiene casi en el centro! Direct Bit (distribuidor de Apple en Barcelona), remitió el ordenador a un servicio técnico de Apple donde, 15 días después de llevárselo, lo devolvieron con su negativa a solucionarlo.

Incrédula, hablé con el Servicio de Atención al Cliente de Apple (al 902 100 088) donde se me confirmó la negativa.¿Qué hago? No quiero pelear con Apple, con cuyos equipos he trabajado a gusto desde hace ocho años, y tampoco quiero aprender a trabajar con un PC con Windows. No puedo creer que una empresa tan seria como Apple no respalde un producto defectuoso como mi iBook: defectuoso porque ahora lo veo todo con un punto, defectuoso porque los iBook de exhibición no lo tienen, defectuoso porque nadie me advirtió que mi pantalla nueva podía tener el sarampión, defectuoso porque la publicidad de Apple no lo anuncia...

Apple alega que hasta un total de cuatro píxeles es un margen normal de error en sus pantallas TFT y que, por lo tanto, no es un defecto o algo así. Yo considero que como posible compradora de ese producto “no defectuoso” tengo derecho a saber el riesgo que corro, es decir, si voy a jugar un partido de fútbol quiero saber las condiciones antes, y no que en la mitad del juego alguien cree nuevas normas por la razón que sea... Si Apple está orgulloso de ofrecer un producto con “sólo” 4 píxeles de error, que lo anuncie: “¡con hasta sólo 4 píxeles de error! Macintosh, tu compañía”.

Pero es que además, el ordenador vuelve 15 días después del servicio técnico, sin ser reparado y con varias sorpresas. Además de las hasta ahora detectadas, el transformador de corriente vino rayado como si hubiera sido arrastrado por la arena, las pegatinas que Apple incluye en el paquete ya no estaban y lo peor: la parte superior derecha del teclado estaba levantada. Los fieles de Apple estamos acostumbrados a los continuos desplantes que la compañía nos hace en España, pero… ¿no se están pasando? Llevo 8 años con ellos… ¿por qué me hacéis esto?

Alejandra Borja Torres

Vía Internet