Hay que tener siempre lo mejor, lo más rápido, lo más caro. No basta con tener un ordenador a 800 MHz, hay que tenerlo a 1.200 y, a ser posible, multiprocesador. Da lo mismo que no se sepa lo que es un hercio, o que lo del multiprocesador sirva, en la mayor parte de los casos, para lo mismo que un carenado de competición en una vespino. Hay que tenerlo todo, y los ordenadores sólo duran dos años, lo pone en todas partes. Y la tarjeta “superguaidescasi 3x multiagp”. Para poder jugar mejor.

Se puede distinguir a tres tipos de usuarios. El primero, compra lo que le dicen en la tienda o lo que le dice su cuñado: “Pero cómo te vas a comprar un Apple, que no tienes forma de conseguir programas y no funciona nada con él”. El segundo lo usa para jugar. Es el que tiene 2 gigas de memoria, 80 de disco duro, monitor de 19 pulgadas, procesador a 1,4 GHz, caja especial con ventiladores con cachas de nácar, silla ergonómica, joystick inalámbrico con los botones modificados, barba de tres días y la camiseta llena de manchas.

El tercer tipo es el que usa el ordenador como una herramienta. También los hay que tienen 2 gigas de memoria, 80 de disco, etc, etc, barba de tres días y la camiseta limpita, que si no los clientes… Pero también los hay, y muchos, que se pegan a su ordenador de hace ocho años, con una base de datos hecha en Multiplan 1.0 que guarda en disquetes de 1.4 KB (la disquetera es externa, no venía con el ordenador original). Y hay otros, como el subdirector de un periódico de aquí arriba, Asturias, que tenía un flamante IIcx. Un día que necesitaba usarlo me di cuenta de que los cables estaban colgando. Nunca había sido enchufado.

Ya se que me repito mucho con el tema de que no hace falta cambiar de ordenador cada dos años, y que los ordenadores viejos dan para mucho. Pero es que la columna prevista para este mes ha sido rechazada, y hay que volver a los temas con agudeza. También aprovecho el momento en que, como cada año, me cambio de portátil. Aquello de haz lo que yo digo y no lo que yo hago, no se si me entienden.

En realidad, este año me he enfrentado a un grave dilema moral: me compro un Titanium o no me lo compro. Los que me siguen saben que soy adicto a los portátiles desde hace mucho. Desde mi primer Apple, un IIc, para ser exactos. Cada año procuro ponerme al día. Más que nada porque esta es mi herramienta de trabajo. Me da de comer, y tengo muchos kilos que mantener, que es plan cambiar de talla cada año.

Ha habido cambios que han resultado lógicos. Cuando pasé del 1400 al primer PowerBook G3. Por razones obvias. Y cuando pasé del primer PowerBook G3 al PowerBook G3 FireWire. Por razones de peso. No mías. Del ordenador. Pero el siguiente paso era más complicado.

Para empezar, no me gusta el PowerBook Titanium. Desde que lo vi. Enseguida le empecé a sacar fallos, algunos de los cuales han resultado ser ciertos. Otros, como que la parte superior de la entrada del CD se doble ni los había imaginado. Pero todos los Titanium que he visto tienen marcas, rayas, están viejos al poco tiempo. Y lo peor, para mi: es un ordenador grande. Lo admito, la pantalla es impresionante. La velocidad es escandalosa. Pero no he podido convencerme a mi mismo, y mira que soy fácil de convencer en estos temas, de que necesitaba un Titanium.

En lugar de eso me he comprado un iBook. A mi edad. También me he comprado un rollo de plástico adhesivo de color negro, de esos de forrar libros. Pero, colores aparte, el iBook tiene las dos características que debe tener un portátil: es pequeño y la batería dura lo que la mayor parte de los viajes. No se le puede pedir más.

El que lo haya llenado de memoria se lo debo a Mac OS X y añadirle una tarjeta Airport es por snobismo. Y por comodidad. No volveré a tropezar con el cable de red que tengo tirado por el suelo del pasillo.

Realmente el ordenador que yo quiero es un 2300 o un 2400. El Duo es uno de esos ordenadores de Apple (junto con el SE30, IIci, o el PowerBook G3) que son perfectos. Máquinas bien hechas y bien pensadas. Tengo uno en la mesita (un achacoso 230) y de vez en cuando lo uso para tomar apuntes. Pero siempre he querido tener un 2300: tiene el tamaño adecuado y además no sólo es PowerPC sino que admite discos IDE. Por eso, cuando alguien me dice que lo que yo necesito es un PowerBook Titanium le enseño el Duo y le digo: lo que necesito es esto en G3. Lo más parecido es lo que me he comprado: un iBook.

Volviendo al tema que nos ocupaba: lo más rápido, más grande y más caro. Hay gente que se compra lo más mejor para jugar. Y hay mucha más gente que necesita toda la potencia de un Titanium, indudablemente.

El caso es tener el ordenador que haga falta para el trabajo. Es sólo una herramienta. Somos los maqueros los que lo convertimos en objeto de culto y devoción.