Si está conectado a Internet (¿Y quién no lo está hoy en día?) por mensajes que haya recibido seguro que entre ellos habrá leído un famoso y viejo dicho atribuido a Bill Gates que compara la evolución de los ordenadores y de los coches y que dice “Si General Motors (G.M.) hubiera evolucionado su tecnología de la misma forma que la industria informática, todos conduciríamos ahora coches que costarían 25 dólares, y que recorrerían 1.000 kilómetros por litro”.

Al margen de los chistes asociados que inmediatamente aparecieron relativos a la estabilidad y facilidad de funcionamiento de los sistemas operativos de Microsoft, lo cierto es que esta comparación induce a plantear comparaciones parecidas en otros ámbitos, incluso en el mismo ámbito de la informática pero comparando software con hardware.

Que quede claro antes que nada que yo estoy en contra de la piratería, soy en gran medida un trabajador de la propiedad intelectual y no creo que sea correcto el robo, con todas las letras, de un producto. Pero por encima de todo soy un usuario de estos servicios y el resultado de la unión de los dos mundos que se produce en mi mente plantea un gran número de preguntas.

Fue pensando en el comentario de Bill Gates cuando me puse a elucubrar sobre otras comparaciones que pueden ser estúpidas. ¿Se imagina que se compra una batidora y que tenga prohibido dejársela a su vecina?, algo que no puede hacer (por supuesto) con un disco, ni la música ni las películas pueden dejarse, pero esta limitación no la tenemos con los electrodomésticos, los muebles de nuestra casa, el coche o incluso con los libros (eso creo, a lo mejor estoy haciendo algo ilegal sin saberlo).

Imagínese también que tampoco puede usar la mencionada batidora para preparar los helados de la fiesta de su barrio, ya que el contrato de compra sólo le permite emplear el aparato para su uso privado y no para su utilización pública. Algo que claramente tienen prohibidos los discos y DVD, y tiemblo de pensar si invitar a unos amigos a mi casa a ver una película que he comprado en DVD es ilegal.

El apartado de comparaciones sin sentido no termina aquí. Yo tengo una bicicleta, e intento ser un manitas y arreglarla yo, lo mismo que la batidora que cuando se rompió fue desmontada cuidadosamente para hacerle un apaño y que siguiera funcionando en lugar de comprarme otra nueva.

En el mundo del software lo que hice con la batidora se conoce como ingeniería inversa y está estrictamente prohibido por contrato. Por supuesto si está ingeniería inversa la realiza otra empresa es mucho peor, pero curiosamente es práctica cotidiana y que yo sepa perfectamente legal en otras industrias. Recuerdo que me hizo mucha gracia que en los campeonatos de velocidad de motociclismo, los vehículos están permanentemente tapados con plásticos para evitar que sean mirados por la competencia y que les hagan la “ingeniería inversa”, pero los fabricantes de automóviles compran sin recato vehículos de la competencia para despiezarlos y aprender de ellos.

Pero claro, cuando usted compra un coche, realmente lo compra. Si se lee la licencia de software de cualquier producto descubrirá que a lo mejor compra un soporte físico, pero que el programa sólo lo está licenciando para un uso en las condiciones que el fabricante le permite.

Precisamente por tratarse de una licencia y no de una compra pensé, inocente de mi, que cuando se me rompió el CD de instalación de Windows 95 (hace algunos años) podría exigir que me vendieran otro CD sin tener que pagar todo el paquete, ya que la licencia ya la tenía y podía mostrarla.

Pero debe ser que las cosas no son tan claras como yo creía porque Microsoft (y estoy convencido que cualquier otro fabricante) me dijo que nada de nada, que tendría que comprar un paquete completo pagando otro soporte y otra licencia, y por el importe que era no iba a meterme yo en litigios fiscales, porque ya se sabe la maldición “juicios tengas y los ganes”. Pero realmente considero que estas situaciones de abuso, en las que las empresas de software quieren lo mejor de los dos mundos, son claramente ilegales.

Respuestas

Evidentemente si considero que una situación no es correcta, intento defenderme, pero utilizando los métodos legales y lógicos que tengo a mi alcance, no pirateando el software o las canciones o las películas.

En primer lugar, quiero decir que a mi las campañas de la SGAE y otras asociaciones de editores de discos y películas no me afectan, nunca he comprado un CD a un vendedor ambulante del metro (conocidos como los de “las mantas”) ni pienso hacerlo, pero tampoco estoy dispuesto a pagar los elevados precios que me piden por un disco de éxito que acaba que aparecer en el mercado. Simplemente espero; si a las tres semanas ya no me gusta es que no era tan bueno y me he ahorrado un dinero (más de veinte euros si lo comprara legal, más de tres euros si fuera pirata), si me sigue gustando, no tengo que preocuparme, en un par de meses ya no será un éxito y me venderán el original con una interesante rebaja en muchas tiendas.

Tampoco pienso comprarme muchos DVD que me apetecen (sólo algunos selectos) porque tienen precios elevadamente injustificados. Fabricar un DVD es como mínimo igual de caro que hacer una cinta, pero esta última se vende como mínimo mil pesetas más barata que el DVD. Y eso sin contar que en muchas películas, La Amenaza Fantasma es la más reciente, el fabricante incluye un segundo DVD que normalmente nadie ve pero que sirve para subir el precio aun más.

Yo me compraré La Amenaza Fantasma porque me gusta, pero cuando la vendan de saldo. Mientras tanto sigo diciéndole la hora a quien me la pide porque el contrato de compra de mi reloj de pulsera afortunadamente no me lo prohibe, aunque tal como van las leyes, puede que algún día sea ilegal.