Llevamos más de un año desde que se lanzó la primera versión de Mac OS X y muy pronto estará lista una segunda revisión “mayor” (la que en teoría mostrará Jobs en la Conferencia mundial para desarrolladores de este mes). Apple “casi lo tiene”: los miedos y las dudas sobre el éxito del nuevo sistema son cosas del pasado y quedan muy pocos desarrolladores importantes que no hayan actualizado sus aplicaciones (a ver si Quark se da prisa, porque Adobe está hilando muy fino en el mercado de la edición gráfica). Además, todo el mundo está loco por Mac OS X: los medios lo ponen por las nubes y los desarrolladores lo bendicen (según Apple, el número de aplicaciones nativas ya ha alcanzado las 3.500). ¿Pero qué sucede con los usuarios de máquinas menos modernas o menos potentes? Cada dos por tres llegan mensajes a Macworld de lectores que desean a toda costa utilizar Mac OS X en una máquina que evidentemente no es la más adecuada (como un Power Mac 8100 actualizado a G3, un PowerBook G3 USB, un iMac de primera generación o un G3 azul y blanco). Algunos lo consiguen, pero la mayoría se siente frustrado por el bajo rendimiento, porque su DVD ya no funciona o porque no reconoce su tarjeta SCSI… Apple quizá debería revisar la lista de equipos (puede consultarla en www.apple.com/macosx/upgrade /requirements.html) y retirar algunas de las máquinas o al menos advertir claramente sobre las consecuencias. Quizá es el momento de cambiar el mensaje y tratar de calmar los ánimos. No pasa nada por utilizar Mac OS 9 en un iMac de hace un par de años o Mac OS 8.6 en un G3 azul y blanco. Si todos tus programas y periféricos te funcionan, ¿por qué tanta ansiedad por actualizarse a lo “ultimísimo”?

Sin embargo, el fervor con respecto a Mac OS X tiene algunas ventajas interesantes ya que está consiguiendo que muchos usuarios se decidan a dar el salto y adquieran una máquina nueva. Los Mac han sido siempre ordenadores que los usuarios conservan por muchos más años que los PC y eso ha perjudicado a Apple en sus ventas. No es que estemos defendiendo el que haya que cambiar de ordenador todos los años (y tampoco hace falta deshacerse de los Mac antiguos, siempre vienen bien para navegar, escribir textos o utilizar ese escáner SCSI), sino que Apple siga generando innovaciones irresistibles tanto para los usuarios Macintosh como para los que se plantean cambiar de plataforma. ¿A quién le sabe mal tener que cambiar de máquina si puede crear fácilmente cosas tan interesantes como una película en DVD?

Sin embargo, hay algo que nos preocupa y es que Apple tenga que mantener el iMac G3 (aunque ya no lo promocione apenas) del que dependen muchas ventas todavía en el mercado doméstico y educativo. De acuerdo, el iMac G3 es una máquina con la que todavía puedes disfrutar mucho, utilizar Mac OS X y aplicaciones muy potentes, pero cuando uno ve las diferencias en prestaciones con respecto al nuevo… Buff, si acaba de comprar un iMac G3 porque pensaba que lo siguiente era un lujo, mejor no se acerque a uno de los nuevos, pueden entrarle ganas de demandar a Apple por no haberle avisado.

Desde luego, lo ideal sería tener el nuevo modelo en el mismo rango de precios que el antiguo y jubilar éste cuanto antes, pero la situación del mercado hace que sea imposible, al menos durante unos cuantos meses (quien sabe, quizá en las próximas navidades). Tampoco parece coherente dar un último lavado de cara al iMac G3 (¿o tal vez sí?) ya que sólo serviría para confundir a los compradores. A lo mejor, el problema que tiene Apple es que ha dado en el clavo con el concepto “prosumer”, pero no sabe como decirlo…

¿Adiós al G3?

Otra de las preocupaciones que suscita la progresiva migración de todo el hardware de Apple a los procesadores G4 se encuentra en que, si definitivamente se produce, la compañía dependerá de un único proveedor: mal asunto. Motorola ya nos ha pegado un susto que otro y Apple no puede permitirse el lujo de tener la velocidad de sus procesadores estancada (aunque parece que Motorola ha conseguido un ritmo de avance muy elevado). Por otro lado, IBM sigue consiguiendo mejoras en rendimiento y un consumo de energía muy bajo en los chips G3 (los responsables de la compañía afirman que ya están distribuyendo las primeras unidades a 1 GHz), lo que los hace ideales para la próxima generación de iBook; pero si el sistema y las aplicaciones siguen abriendo la brecha de rendimiento, en breve nadie va a querer un Mac con el procesador de IBM. Esperemos que IBM reaccione para que sus PowerPC no se queden atrás y dejen a los Mac en un camino sin retorno.

Microsoft sigue a nuestro lado

Hace tan sólo unos días que Microsoft ha reafirmado su compromiso con la plataforma Macintosh y la verdad es que uno ya no sabe qué pensar. Apple necesita que Microsoft siga desarrollando sus aplicaciones para Mac porque para muchos usuarios resultan clave a la hora de decidirse por un Mac, pero tampoco hay que olvidar que para Microsoft es uno de los pocos aspectos que suponen un atenuante de su prácticas monopolísticas. ¿Se imaginan con qué ojos mirarían a Bill Gates los jueces detrás de la pantalla de su PowerBook si Microsoft no hiciese el mejor Office para Mac? Cuando Microsoft hace “una de las suyas”, a uno le dan ganas de desinstalar del Mac cualquier cosa de esta compañía, pero hay que admitir que, por el momento, preferimos que siga sacando productos para nuestros ordenadores.