Es un tema que se ha comentado muchas veces, pero conviene volver a hacerlo no sólo entre usuarios, también a los vendedores y fabricantes; por probar no se pierde nada. Se trata del precio de las impresoras de chorro de tinta, muy muy bajo, tanto que a veces da por pensar que las van a regalar con la compra del supermercado.

Naturalmente que hay truco, y se llama “consumibles”, porque los fabricantes recurren a cuasi regalar la impresora para ganar dinero con los consumibles, sino no se puede explicar que algunas impresoras cuesten de oferta poco más de 60 EUR y el cartucho de tinta de color cueste 30 y otros tantos el de blanco y negro, por lo que dan ganas de comprarse una impresora nueva que ya incluye los cartuchos de tinta de fábrica, aunque tengo la sospecha de que estos no están tan llenos como los que se venden.

El resultado económico final es que si se utiliza la impresora con cierta asiduidad el fabricante obtiene unos ingresos nada despreciables gracias a los cartuchos. Los usuarios que miran su bolsillo pueden acudir a fabricantes de tintas compatibles para lograr ahorrar bastantes euros aunque naturalmente el fabricante afirma que estas tintas compatibles no dan la misma calidad que sus tintas originales y aunque a veces hay una parte de verdad, lo cierto es que en otra parte es una estrategia para meter miedo en el cuerpo. Y como no siempre funciona, algunos fabricantes, encabezados en esta ocasión por Hewlett-Packard han acudido a medidas más expeditivas. En primer lugar los cartuchos de tinta de algunas de sus impresoras incorporan un chip que le dice a la impresora “sí, soy un cartucho HP”, y si su cartucho no tiene ese chip, ya puede ser igual, del mismo color y la misma forma, que la impresora se niega a funcionar.

Pero este fabricante ha ido más allá. Como probablemente sepa los cartuchos de tinta, igual que los carretes de fotos y muchos otros elementos, tienen una fecha de caducidad y el fabricante se lava las manos si se usa después de la fecha de caducidad, es el usuario el que asume el riesgo... Vale, lo acepto, si uso un carrete pasado de fecha puede que las fotos me salgan amarillas, tengo derecho a obrar y cometer el error, pero con algunos de los cartuchos de tinta de HP no se puede, porque tienen incorporada en el mencionado chip la fecha de caducidad y al igual que antes, si se pasa dicha fecha, la impresora deja de funcionar hasta que se ponga otro cartucho más moderno.

Afortunadamente parece ser que HP ha dejado de usar esta práctica después de que miles de cartuchos caducaran incorrectamente hace tres años, y con respecto a la incorporación del chip de marca, parece ser que está siendo investigada por la Unión Europea como un elemento que atenta contra la libre competencia.

Mientras tanto ir a comprar una impresora se ha convertido en algo más complicado que ver su precio, su resolución y si tiene controladores para Mac OS. Ahora hay que investigar el precio de la impresora, el de los cartuchos y con el gasto diario que se hace, calcular el coste total a uno o dos años de todo, porque puede ser que una impresora más cara pero con cartuchos seis euros más baratos salga al final mucho más económica. Por supuesto conviene investigar también si tiene chipitos inteligentes.

Este método de restringir el uso de los accesorios a la lista autorizada por el fabricante no es exclusivo de los fabricantes de impresoras. Si su ordenador, cámara de fotos o cámara de vídeo tiene baterías de iones de litio, ya sabrá que no tienen efecto memoria, que tienen más carga y que además avisan de cuánta carga les queda. Lo que no le dicen tan claro es que admiten entre 300 y 500 cargas antes de morirse y que, salvo raras excepciones, no tienen garantía y si se mueren antes es su problema y no del fabricante. Esto me pasó con la baterías de mi cámara de vídeo Sony, que al cabo de un año de uso de una hora de autonomía paso a darme 40 minutos, luego 20, luego 5 y luego 30 segundos. Después de tener que comprarme otra batería por el bonito importe de 120 euros, mi mente empezó a elucubrar soluciones alternativas. La batería tiene tres contactos, uno de positivo, otro de negativo y otro que es por donde le informa a la cámara de la duración que queda. Así que me hice un adaptador sólo con los contactos del positivo y negativo, le enchufe tres baterías de niquel-metal hidruro que tienen algo menos de duración pero son mucho más baratas y probé a encender. Efectivamente, la cámara se encendió perfectamente y después de unos segundos me apareció un mensaje en pantalla: “only InfoLithium Bateries” y se apagó. Por tanto y debido a que Sony así lo ha decidido, sólo puedo usar sus baterías aprobadas y probablemente cuando hayan pasado unos años y ya no fabriquen estas baterías, si se me muere la que tengo ahora no me quedará más remedio que comprarme otra cámara.

¿Se imagina tener que cambiar de coche porque ya no fabrican su modelo de ruedas o porque el fabricante lo ha hecho de forma que sólo admite las ruedas diseñadas por él mismo?

En este caso el fabricante es Sony, pero lo mismo sucede con otros fabricantes y productos y al final comprarse un aparato es algo mucho más complejo que elegirlo por sus especificaciones, también hay que ver periféricos, consumiles, respuestos, y una gran parafernalia que convierten la compra en una especie de licenciatura de económicas. Lo peor es que los fabricantes de coches están optando por llenarles de microprocesadores, ya veremos que pasa con las ruedas de aquí a unos años.