Si les digo que todavía no me he pasado a Mac OS X es posible que me crean, pero si añado que probablemente tardaré mucho en hacerlo a lo mejor opinan que han comenzado a afectarme los campos electromagnéticos generados por el monitor del Mac. ¿Pero no lleva este hombre dando la tabarra de lo bueno y bonito que es Mac OS X y que si es el futuro y que si patatín y que si patatán? ¿Y ahora va el fulano y se planta?

Más o menos. En lo que a cuestiones técnico-didácticas se refiere ya tengo unas horas de vuelo con el nuevo sistema operativo, pero como usuario final, pues... ¡qué quiere que le diga! Me lo estoy pensando.

Sumando espero

Para empezar, me he puesto a calcular los costes de actualizar programas necesarios para que corran en Mac OS X. La emulación del entorno Classic está bien pero trabajar el 80% del tiempo en emulación, con las dos estéticas al tiempo y las diferentes normas de interfaz, no es precisamente sano. No sé si me explico. Dejando aparte el hecho de que las nuevas versiones de los programas también aportan funcionalidades bienvenidas para el trabajo.

En fin, un cálculo orientativo que incluye cinco programas básicos en mis tareas habituales, alguno de los cuales ni siquiera está todavía en el mercado, pone las cosas en 875 euros más IVA, o sea, más de 145.000 pesetas. Eso suponiendo que las versiones que tengo actualmente sean susceptibles de actualización, que los programas que faltan salgan de una vez y que los precios ofrecidos se mantengan para entonces.

En el peor de los casos, o sea tener que adquirir versiones nuevas, la cosa se va por encima de los 1.800 euros (más de 300.000 pesetas), más o menos lo que costará un iMac de los nuevos completamente equipado.

Hablando de hardware, tendría que comprar una impresora nueva puesto que Epson no tiene intención alguna de lanzar controladores para la Stylus Color 600. La tableta gráfica todavía parece aguantar un poco y el escáner, conectado a un Mac 68K que sí tiene conexión SCSI, tal vez tire una temporada más. Vamos, que está la cosa como para pensárselo.

Me quedo como estoy

Eso me temo. Que me quedo como estoy. Plantearte estas cosas con los bolsillos vacíos tras la última inversión en equipo tiene sus riesgos. Pero aunque los números cantan, las cuentas no me cuadran del todo, mire usted.

Entre las versiones de mis programas y las nuevas hay una diferencia media de cuatro actualizaciones. A “grosso modo”, mantener actualizados esos programas me hubiera costado unos 3.500 euros (580.000 pesetas largas), a mayores de lo que costaron en su día (siempre suponiendo unos precios de actualización más o menos constantes).

Una de las cosas que no me cuadra es que si salto, verbigracia, de la versión 5.5 a la 10 de un programa y me sale por 229 euros, un suponer, me ahorro 687 euros por no haber hecho las actualizaciones anteriores. De ahí la duda antes señalada acerca de si mis versiones serían susceptibles de actualización. Es decir: o aguantas como un jabato obsoleto y obstinado o pasas por caja cada año, más o menos.

Esto me lleva a otra cuestión: o bien los programas son productos perecederos como el pan o los yogures, o bien en lugar de vender, las casas de software nos los están alquilando. En el primer caso, deberían llevar fecha de caducidad. En el segundo, alguien debería dar explicaciones. Primero: yo compro un programa y resulta que no lo compro, sólo adquiero el derecho a usarlo que dicen que no es lo mismo. Segundo: en determinadas ocasiones tengo que actualizar el programa obligado por las circunstancias (por ejemplo, el programa obsoleto no corre en la versión N del sistema, pero el ordenador no funciona en la versión N-1), así que tengo que apoquinar. Más me valdría alquilarlo y que me lo mantengan actualizado que andar con todo este baile, ¿no? Pues eso es lo que hacen algunas empresas shareware. Te compras un programa por, digamos, 34 euros y resulta que durante un año, o más, recibes todas las actualizaciones y puestas al día (no sólo correcciones de errores, sino también versiones nuevas). Al cabo de ese tiempo o renuevas o lo dejas. Personalmente, pagar una cuota anual fija por un programa y saber que siempre estaré al día con él, es una opción muy a tener en cuenta.

Habrá que estudiar seriamente, por otro lado, pasarse a la competencia y ver si otros desarrolladores ofrecen programas tan buenos como los que necesito pero más baratos. Con esto de Mac OS X pagar una buena cantidad por actualizaciones “carbonizadas” (nativas ma non troppo) existiendo aplicaciones “cocoa” (nativas fetén) no acaba de convencerme. Uno es así de rarito.

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