Está de moda ahora entre nuestros queridos/odiados (táchese lo que no proceda) políticos crear “observatorios” sobre las drogas, la igualdad de la mujer, la ecología... Y cada vez que oigo este término no puedo resistirme a pensar en el político de turno subido en un minarete observando con unos prismáticos a ver si se vende droga en la calle, si se golpea a mujeres o... Pero creo que estos temas son demasiado serios como para tomárselos con esa ligereza y que realmente no hace falta crear ningún observatorio para darse cuenta de lo que sucede, existiendo métodos más sencillos para pagarle el sobresueldo a alguna persona.

Pero ya puestos, creo que voy a establecer un observatorio de privacidad y libertad en Internet, que va siendo hora de que se observe este tema muy de cerca. Sólo falta quien me pague el sueldo.

Antes del 11 de septiembre, las corrientes de opinión en Estados Unidos que abogaban por una mayor privacidad en las comunicaciones eran mayoritarias y miraban con gran recelo cualquier intento del gobierno por examinar la información privada que circulaba por las redes de datos.

Pero después del atentado de las torres gemelas, la tortilla se ha dado la vuelta y ahora se están quemando en la sartén todas las ideas que abogaban por la privacidad y confidencialidad. Son muchos los ISP norteamericanos que han instalado voluntariamente y sin orden judicial el programa Carnivore, una aplicación que se instala en el servidor de correo e inspecciona todos los mensajes de todos los usuarios por si pudieran contener información acerca de cualquier delito.

También han aumentado la voces que exigen la desaparición de los programas de encriptación, como PGP, o bien que se habilite en ellos una “puerta trasera” que le permita al gobierno la desencriptación de los mensajes.

¿Realmente esto servirá (o habría servido antes del 11 de septiembre) para evitar los crímenes y atentados? Mi opinión es que no. Los criminales son malvados, asesinos y sin escrúpulos, pero no suelen ser idiotas (salvo en las películas policiacas americanas que han demostrado ser más falsas que una moneda de 15 pesetas) y ante estas alternativas hubieran optado por otros sistemas de comunicación no vigilados o bien por utilizar programas de encriptación sin estas puertas traseras, ya que el código y los algoritmos utilizados por estos sistemas son de libre distribución.

La contramedida supuestamente lógica sería establecer un control más estricto sobre todos los medios de comunicación y prohibir la publicación de los algoritmos de encriptación. Pero estas medidas no olerían, apestarían a control fascista de la información (y lo digo sin segundas) y además de limitar la libertad de los ciudadanos honrados no tendrían un gran efecto sobre los criminales, sobre todo con las tramas organizadas, ya sean narcotraficantes o terroristas, que podrían obtener la información necesaria para tapar sus fechorías de muchas formas ilegales.

España, curiosamente, es un país en el que la privacidad de las comunicaciones está muy bien preservada y sería deseable que la situación siguiera así durante mucho tiempo, ya que la alternativa no tendría un resultado efectivo sobre el crimen y sí sobre los ciudadanos de a pie.

Derechos intelectuales: reducción al absurdo

Perdonen que vuelva al ataque con uno de mis temas favoritos (no, Microsoft no), el tema de la preservación de los derechos de autor. Las compañías discográficas continúan peleando bravamente defendiendo los derechos de sus representados, lo mismo que hacen las productoras de cine con las copias de DVD y otros soportes digitales, sin duda alguna de la misma forma que atacaron en su momento a los vídeos porque representaban una herramienta increíble de pirateria de películas, justo los mismos vídeos que han sacado a muchas de estas productoras de la quiebra gracias a la venta de películas en este soporte, de forma independiente o bien en fascículos y otros métodos, representando unos ingresos tan importantes o más que la reproducción de la película en los cines. Pero el vídeo es un instrumento de piratería según ellos.

Dentro de estas batallas, las empresas continúan ejerciendo presión, “lobby” lo llaman, en el senado americano para mejorar su condición. Una de las últimas acciones viene arropada también por los recientes atentados y es la denominada SSSCA o Security Systems Standards and Certification Act (Acta de Certificación y Estandarización de Sistemas de Seguridad) de la que un organismo tan prestigioso como la ACM (Association for Computing Machinery, el equivalente a un colegio profesional en España) ha dicho, entre otras cosas, que tendría los siguientes efectos (www.acm.org/usacm/SSSCA-letter.html).

Las universidades de los Estados Unidos no podrían enseñar ciencias informáticas avanzadas ni ingeniería informática.

Escribir un sistema operativo básico o crear sistemas informáticos sencillos en la universidad estaría en contra de esta ley propuesta.

La investigación en seguridad informática y protección se verían seriamente perjudicadas ya que esta investigación debería ajustarse (y no podría interferir) con la tecnología impuesta por esta ley. Evidentemente los criminales no se ajustarían a este requisito, lo que tendría graves implicaciones para la seguridad.

Los investigadores que buscaran nuevos usos para las tecnologías innovadoras podrían descubrir que sus prototipos son ilegales según la nueva ley.

Nuevamente nos encontramos con que la tecnología y las leyes demuestran ser un matrimonio mal avenido, y es que estoy convencido de que hay muchas cosas en este mundo que no se pueden modificar con ninguna ley, sólo el sentido común y la educación pueden lograr que se haga un uso correcto de la tecnología.