El pleito entre el gobierno de los Estados Unidos y Microsoft es un tema que continúa generando polémica. Aunque el gobierno federal ha llegado a un acuerdo con Microsoft con unas condiciones que pueden definirse como “blandas”, los fiscales de nueve estados han decidido seguir la guerra por su cuenta y no han aceptado el acuerdo entre ambas partes, sino que siguen en los tribunales exigiendo que Microsoft no utilice su monopolio de hecho con el sistema operativo Windows para imponerle al mercado otros productos de Microsoft en perjuicio de sus competidores en los respectivos mercados.

La última respuesta del gigante informático ha sido realmente sorprendente: afirma que Windows no ha sido diseñado para funcionar de forma modular y que eliminar determinados componentes como Internet Explorer o Media Player afectaría gravemente a su funcionamiento. Esto es la antítesis de funcionamiento de un sistema operativo, que por su propia concepción debe estar pensado para poder añadirle y quitarle elementos con facilidad.

Al margen de que esta afirmación de Microsoft sea otra estrategia dilatoria en el proceso, el tema sigue generando ríos de declaraciones y situaciones sorprendentes. Algunas empresas como Gateway se han puesto de lado del Estado y han arremetido contra el fabricante de software y sus prácticas, aunque probablemente utilizando el proceso para sus intereses personales, en este caso específico para obtener mejores condiciones económicas, mientras la industria en general observa expectante y el mundo Apple. Al igual que el mundo Linux, tiene la esperanza de que el resultado repercuta favorablemente para estos entornos alternativos, pero la realidad es que poco va a hacer este juicio en favor de las soluciones alternativas. Lo que quieren los oponentes de Windows es que este entorno permita que los desarrolladores de aplicaciones para Windows tengan más facilidades y menos competencia por parte de la propia Microsoft para crear y comercializar sus productos, en especial en toda el área de Internet, la gallina de los huevos de oro no tanto por el precio de los programas en sí (que muchas veces se regalan) sino por el control que ofrecen de los usuarios en una de las áreas de mayor crecimiento en su uso.

Con independencia del resultado de este juicio, la mayor o menor popularización del Macintosh sigue dependiendo en su inmensa mayoría de la labor “evangelizadora” de los usuarios y en mucha menor medida por el descubrimiento mágico por parte de algunas personas con mucha experiencia informática de las bondades de Mac OS.

Desgraciadamente, estos nuevos usuarios no provienen del entorno Windows. O bien son recién llegados al mundo de la informática o provienen de otros entornos minoritarios como Linux, con el que existe una especie de guerra de hermanos pequeños por llevarse las migajas del pastel que va dejando el abusón del hermano mayor Windows.

Esta misma situación existe en el mercado nacional de las telecomunicaciones. Me comentaba hoy un conocido que trabaja en Telefónica que esta empresa ha perdido algo de cuota de mercado en cuanto a número de usuarios conectados directamente, pero que ni muchísimo menos ha llegado al cincuenta por ciento a que aspiraba inicialmente la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. Para hacerse una idea basta con saber que la cuarta operadora en España por número de usuarios conectados está muy por debajo del uno por ciento del mercado.

Me refiero aquí al acceso directo de usuario, es decir a aquellos casos en los que una empresa conecta directamente al cliente a su red mediante cable, fibra óptica, enlace por radio, etc. no a los denominados “accesos indirectos” popularizados por la frase “pague menos en sus llamadas provinciales, nacionales e internacionales sin cambiar de teléfono”. En estos accesos, el cliente sigue siendo de Telefónica pero al marcar el prefijo correspondiente esta empresa le pasa la llamada a la operadora de acceso indirecto que se encarga de llevarla a su destino.

Las ventajas del acceso indirecto son que requiere muy poca infraestructura (basta con tener una interconexión puntual con Telefónica en cada ciudad) y da beneficios rápidamente, tan rápidamente que las empresas de telecomunicaciones han utilizado este sistema como fórmula de financiación.