En la mayoría de las ocasiones vemos el disco duro únicamente como el contenedor donde instalamos las aplicaciones o guardamos los archivos que estas generan. Sólo cuando tenemos algún problema con este dispositivo nos damos realmente cuenta no tanto de lo valioso que es, sino de lo importante que debería ser su mantenimiento.

Los archivos y aplicaciones son algo más que un icono en el escritorio del Mac. El sistema debe mantener algún tipo de estructura lógica, de forma que cuando usted haga doble clic sobre uno de esos iconos sepa exactamente cuáles son los contenidos que tiene que mostrar o dónde encontrar la aplicación capaz de abrirlo. Si se va un paso más allá, el sistema también tiene que saber dónde están todos los pequeños bloques de información en los que está dividido un archivo a lo largo de la superficie del disco. En el Mac, esta estructura recibe el nombre de HFS o HFS Plus (aunque también se pueden emplear otros formatos) y se comunica con el disco duro (o cualquier otro dispositivo de almacenamiento) a través de un componente denominado “controlador”.

Las piezas del disco

De forma simplificada, un disco duro está formado por una cantidad determinada de “platos” y cabezas. Los platos están divididos a su vez en sectores (pistas concéntricas) y cada uno de estos sectores se divide en bloques: la unidad que determinará cuánta información se puede almacenar en cada una de estas divisiones elementales (un mínimo de 4 KB si se utiliza el formato HFS Plus). La combinación de platos y cabezas (así como el máximo número de sectores y bloques por sector) determinan la capacidad máxima de un disco duro. Adicionalmente, la velocidad con la que las cabezas pueden leer y escribir la información está relacionada con la velocidad de giro de los platos (medido en revoluciones por minuto o RPM). A mayor velocidad de giro, tendrá un disco duro con mejor rendimiento.

Para que el Mac y el disco duro se comuniquen (la pista por la que viajan los datos) es necesario utilizar una interfaz de conexión. En los Mac podrá encontrar de forma más extendida las conexiones mediante interfaz SCSI y ATA, y el ancho de estas pistas de comunicación también determinan la velocidad a la que podrá leer y escribir desde y hacia el disco duro (medido generalmente en MB por segundo). Cada vez son más los discos duros que ofrecen conexión USB y FireWire, pero no se trata de conexiones “nativas”. En realidad los fabricantes o integradores de este tipo de discos duros incorporan un adaptador de interfaz, generalmente del más popular ATA a FireWire o ATA/USB. Esto también es importante, porque en la adaptación de este camino para los datos también se puede perder algo de velocidad.

Por tanto, algunas características importantes que debe consultar cuando vaya a adquirir un nuevo disco duro son: capacidad de almacenamiento, velocidad de giro (rpm) y, como tarde o temprano todo falla, el valor asociado con la etiqueta MTBF (Tiempo medio entre fallos) Cuanto mayor sea este dato, más fiable será su disco duro. Algunos fabricantes simplifican la velocidad y robustez de sus discos etiquetándolos simplemente como “Discos AV”. Si adquiere un disco duro  de esta clase, tendrá asegurada una elevada transferencia de datos por segundo de forma sostenida: la misma cantidad sin importar lo larga sea la operación que deban realizar.

Mantener la velocidad

Por muy rápido que sea un disco duro, a medida que vaya completando su capacidad le parecerá algo más lento. Esto es normal y, por lo general, se traduce en problemas de fragmentación, ya que los archivos y aplicaciones están divididos en bloques y no es posible grabarlos de forma contigua a medida que en el disco  queden menos bloques libres. Por  tanto, los platos tienen que dar vueltas adicionales para que la cabeza pueda ir grabando la información en bloques libres excesivamente separados entre sí. Un ejemplo muy claro de esta situación es el que se puede producir al  trabajar con vídeo y sonido. Cuando el disco duro ya está ocupado en más del cuarenta por ciento con este tipo de archivos (de gran tamaño), al realizar nuevas digitalizaciones observará que no se capturan los fotogramas a la velocidad indicada o que se produce falta de sincronismo al grabar una nueva pista de sonido cuando ya hay varias reproduciéndose simultáneamente.

Para solucionar este problema encontrará en el mercado varias herramientas con opciones para la defragmentación y optimización  de discos duros. Aunque pueda parecer que ambos términos tienen el mismo significado, no es así. El proceso de defragmentación tratará de volver a colocar los bloques de los archivos de forma contigua, mientras que la optimización defragmentará los archivos y los “colocará” de forma que se puedan leer con mayor velocidad aquéllos que sean más importantes para una tarea determinada. Por ejemplo, las Utilidades Norton le permite optimizar su disco duro en función de si lo va a utilizar para el  masterizado de un CD-ROM, va a trabajar con programas multimedia o va a realizar un uso genérico del mismo.

Pero no hace falta esperar a que el disco duro esté excesivamente fragmentado para aplicar estas herramientas, ya que utilizará mayor cantidad de tiempo en completar el proceso y, además, también es posible que se encuentre con problemas adicionales en la estructura de la gestión de archivos. Por ejemplo, si va a instalar una nueva aplicación después de mucho tiempo, es buena idea defragmentar en primer lugar el disco duro.

Otra buena costumbre es pensar en el disco duro como en un armario y, por tanto, dedicar algún tiempo a poner orden en él. La carpeta del sistema tiene la “mala costumbre” de llenarse de archivos de preferencias que, a lo largo del tiempo, dejan de tener sentido. Probablemente haya desinstalado algunas aplicaciones de dominio público después de probarlas, borrado juegos o quizá haya instalado una nueva versión de su aplicación favorita. Abra la carpeta del sistema, diríjase a la carpeta Preferencias y tire a la papelera los archivos relacionados con aplicaciones que ya no están en su disco duro. Si quiere ahorrar tiempo, puede utilizar alguna herramienta que lo haga de forma automática, como Spring Cleaning de Aladdin Systems (10.993 PTA + IVA; www.gti.es. www.atlanticdevices.com. www.hipermac

.com). Esto mismo es válido para la carpeta de extensiones y la de Soporte para las aplicaciones. Después de borrar una gran cantidad de archivos y aplicaciones, vuelva a generar los archivos del escritorio para acelerar la velocidad a la que se mostrarán los contenidos de un volumen o carpeta, y para reducir el tiempo necesario en abrir un archivo o ejecutar una aplicación. La mejor herramienta para llevar a cabo esta operación es TechTool Pro.

Conclusión

Seguramente le parezca algo árida la información incluida en los cuadros de este artículo, pero confiamos en que le pueda servir de ayuda para entender cómo gestiona los archivos el Mac y para comprender mejor los mensajes que muestran las herramientas de reparación de discos duros.

¿Qué disco duro tengo?

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