Tengo que utilizar estte espacio público para pedir perdón a todas aquellas personas que una u otra vez me han escrito un correo y nunca han obtenido respuesta por mi parte. Cada día recibo cientos de mensajes y después de descargarme cada tanda, examino brevemente las cabeceras de los mensajes, abro leo y contesto si hace falta los que me parecen importantes, normalmente son temas laborales, y el resto los leo en el momento o los dejo en espera hasta cuando tenga un rato libre.

Dentro de este bloque es frecuente encontrar mensajes de los tipos indicados anteriormente, a los que presto gran atención e intento contestar rápidamente. Lamentablemente, en muchas ocasiones no tengo a mano la información necesaria para responder en el momento, y dejo el mensaje en espera hasta que llegue a casa para buscar la información correspondiente. Desgraciadamente cuando llego a mi casa (o a la oficina o al lugar que corresponda) no sólo tengo un montón de cosas que hacer, sino que al conectarme al correo me bajan otros cincuenta mensajes, y aquel que había dejado pendiente se va ocultando poco a poco en el fondo de una lista que en el momento de escribir esta columna es de 1.695 mensajes, incluyendo los no leídos todavía, los pendientes de contestar, los que tenían alguna información interesante que tengo que leer más despacio, etc. Así pues, la vorágine del correo electrónico me impide mantener al día unas relaciones profesionales (y también familiares, mi cuñado ya está acostumbrado a que no le conteste la mitad de los correos que me envía).

Si usted tiene más de treinta años, ¿recuerda cuantas cartas escribía antes de que aparecieran los ordenadores y cuanto tiempo tardaba en cada una de ellas? La comunicación ahora es mucho más fluida, el número de mensajes escritos que envía y recibe una persona se ha centuplicado, pero esto también tiene sus inconvenientes. No sólo se pierde calidad lingüística (casi nadie se relee los mensajes que escribe antes de enviarlos) sino de contenidos. No soy el único que deja mensajes sin contestar, me consta, y si se recibe contestación, muchas veces esta no es realmente útil o se limita a un “entendido”, “recibido” o similar.

Cierto que a través de estos nuevos sistemas de comunicación entablamos relaciones con personas situadas a miles de kilómetros de distancia, pero estas relaciones suelen ser superfluas. También resulta curioso porque uno se crea imágenes mentales de sus interlocutores basándose únicamente en escuetos mensajes. Afortunadamente pocas veces se puede comprobar si esta imagen mental se corresponde con la realidad.

Puede que mi visión de este futuro se deba a que trabajo en comunicaciones y estoy todo el día manejando routers, conmutadores, servidores… y cuando salgo del trabajo normalmente quiero separarme lo más posible de este mundo.

Pero por favor, que esto no sea un impedimento para enviarme un mensaje si lo desea. Le prometo que haré todo lo que esté en mi mano para contestarle, y si no recibe respuesta no es por falta de ganas, será por falta de tiempo o de la información que necesito.

¿Donde vas Internet?

Ya puestos a hablar de la Red, es conveniente detenerse a pensar a dónde está yendo este método de comunicación. Se sigue pensando y comentando que es una red libre donde todo el mundo puede comunicarse libremente, pero cada vez soy más escéptico. Cada vez que algo relacionado con Internet huele a dinero las grandes corporaciones saltan a por la suculenta presa. El ejemplo más claro son los dominios, ya ha pasado la época en que resultaba divertido y era posible registrar su nombre favorito. Ahora, la mayoría de los nombres comercialmente apetecibles están registrados por auténticas compañías depredadoras que los consiguen únicamente para revenderlos y sacar un beneficio.

El control de la gestión de estos dominios estaba hasta hace poco en poder de la Fundación Nacional de la Ciencia de Estados Unidos, un organismo estatal, pero la ICANN ha logrado hacerse con el control de éste de una forma muy hábil.

Para el observador inexperto y para muchas revistas generalistas (como el suplemento semanal de El País) la ICANN es un grupo de ingenieros y científicos desinteresados. Pero un examen más en profundidad muestra que detrás se encuentran, como siempre, grandes empresas: MCI/WorldCom, Cisco...

Otro ejemplo del fin de la libertad (¿o del libertinaje?) en Internet es lo que ha sucedido recientemente con los DVD. En vista de los problemas de piratería que los CD de audio y las cintas de vídeo han tenido, las películas en DVD van encriptadas para evitar su duplicación. Recientemente un grupo de hackers ha logrado descifrar este sistema de encriptación y lo ha publicado en su web la forma en que funciona. La industria videográfica les ha presentado una demanda para obligarles a que retiren esa información, e incluso está presentando demandas contra todas las páginas que simplemente digan que esa información está disponible e incluyan el enlace al sitio original.

No estamos hablando de distribuir ilegalmente una película, sólo de la información de como están protegidas. Es como si alguien publicase en su web la forma en que funciona un motor de un coche (y esa información la ha descubierto esa persona por experimentación, no robándola) y el fabricante le mete una demanda.

Probablemente la demanda de las compañías cinematográficas no tenga futuro legal, pero cuando los abogados que tienes enfrente cobran muchos millones de pesetas y pueden usarlos para aplastarte, poco importa que tengas la razón. La verdad es que hay días en que uno desearía olvidarse de Internet.