Cuando yo era joven, y por desgracia ya he llegado a la edad en la que hay que añadir “y de eso hace bastante”, los ordenadores eran, por supuesto, mucho menos potentes, tanto en memoria (recuerdo un sistema multiusuario con 200 Kilobytes de memoria) como en disco, Cinco megabytes era una millonada de espacio.

Pero también había cosas buenas, cosas muy buenas que lamentablemente se han perdido con la evolución. Una de ellas eran los teclados, quien no haya utilizado un teclado de IBM de los de antaño, con su tacto firme, seco, rotundo, con su tecla con un contacto metálico de verdad y con un muelle de verdad para mantener la respuesta, no sabe lo que se ha perdido. Ninguno de los teclados que se pueden encontrar ahora en el mercado se acercan a esta sensación esplendorosa.

Y junto a los teclados otra de las cosas que se hacían bien eran… los manuales, lo cual es maravilloso por dos razones: la primera es porque se hacían bien, la segunda simplemente porque se hacían.

Porque veamos, ¿qué manuales incluye hoy en día una aplicación? La caja es grande, a veces inmensa, para que se vea bien en la estantería, pero en la mayoría de los casos dentro sólo se encuentra un CD y un cuadernillo de muy pocas páginas que confundimos con propaganda, pero no… es el manual.

Bueno, para ser sinceros dentro del mencionado CD se incluye un documento PDF con el manual más completo; eso es bueno ya que conserva la vida de algún árbol, pero el contenido del mencionado manual a pesar de ser más voluminoso no es necesariamente mejor. En muchos casos me he encontrado, incluso en aparatos de telecomunicaciones profesionales que cuestan muchos millones de pesetas, con explicaciones tan inútiles como “en el campo VCI introduzca el valor VCI del circuito ATM, a continuación pulse sobre el botón OK”. Sería raro que en el campo VCI hubiera que introducir el VPI, o la dirección IP o... pero estos manuales no explican normalmente que es el maldito VCI, ni qué límites tiene.

Pero el súmmum de la inutilidad lo alcanzan estos manuales en el apartado de resolución de problemas. No he encontrado todavía un caso en el que este apartado me haya resuelto algún problema, las páginas web del fabricante lo han hecho un poquito más y las listas de correo y páginas de usuarios son las mejores fuentes de consulta que hay, porque desde luego quien haya intentado sacar partido de la ayuda en línea de Windows estará todavía sollozando.

Estos manuales incurren además en otro defecto de cara al usuario: no dicen lo que no hace la aplicación o lo que no soporta o falla. Por tanto queda a cargo de la inteligencia del usuario el leer entre líneas para descubrir que la opción de recorte no existe o el número de conceptos que pueden predefinirse en el programa.

En general sólo encuentro útiles los tutoriales de un programa cuando no conozco nada de él, pero pasada esta fase, en la mayoría de los casos el manual se convierte en algo inútil.

Peleas sucias

Es posible que te hayas enterado de ciertas peleas que hay entre SCO y la comunidad Linux. SCO era una empresa que vendía una versión de Unix que había licenciado de ATT pero por avatares del destino ATT vendió sus derechos a Unixware, que posteriormente los vendió a SCO. Ahora esta última empresa afirma que el Linux, que aunque parece similar a Unix siempre se ha enorgullecido de haber sido creado de forma totalmente independiente, incluye código cuyos derechos ellos han adquirido. Si fuera una situación normal SCO habría indicado el código problemático solicitando que se eliminara y ya está, como ya ha sucedido en otras ocasiones con programas que utilizaban tecnologías registradas o simplemente que coincidían en el nombre. Estas situaciones se han resuelto de forma amistosa para todos, pero SCO en este caso no ha obrado así. En primer lugar se ha negado a revelar qué código era el problemático, ha puesto una denuncia en los juzgados pero está retrasando al máximo posible la publicación del código. Los mal pensados dicen que realmente no existe ese código y que SCO se está dedicando a crear miedo e incertidumbre para su propio beneficio.

Algunos hechos demostrados parecen avalar esta sensación: Antes de que surgiera esta pelea SCO era una empresa al borde de la quiebra; mientras las acciones de SCO subían en la bolsa, sus directivos se dedicaban a obtener beneficios vendiendo sus participaciones; SCO ha empezado a vender licencias de “Linux” que según ellos evitan las responsabilidades legales de usar su código sin permiso. Licencias que vende a pesar de que de momento ningún juez les haya dado la razón.

Pero el fondo real ha empezado a asomar hace poco, cuando se ha conocido que Microsoft ha invertido en SCO 86 millones de dólares. Según la información proporcionada por SCO, si no hubiera recibido esta inversión habría quebrado, y aunque Microsoft ha dicho que sólo ha licenciado licencias Unix de SCO, a nadie se le escapa que actualmente el principal competidor de Microsoft no es Mac OS, sino Linux, que ha sido adoptado por muchas grandes empresas, y cualquier forma de atacar a la comunidad Linux será, sin duda, una buena ayuda para el gigante americano.