Puede ser una cosa generacional, o cultural, pero la capacidad de asombro de la gente cada vez va a menos. Principalmente el asombro ante los “avances tecnológicos”. Aún nos asombran los precios, excesivamente altos o increiblemente bajos, de algunos de nuestros tecno-cachivaches, pero no nos asombra lo que son capaces de hacer. Y, al mismo tiempo, vivimos con gente que son incapaces de comprender cómo funcionan esos inventos y, sobre todo, para qué los necesitamos.

No nos asombra ver una película en un ordenador, cuando hace tan sólo 10 años se necesitaban tarjetas de vídeo especiales para hacerlo. No nos sorprende que en un maletín quepa una caja de plástico o metal con capacidad de proceso superior a la de la NASA hace 20 años. ¿Los discos cada día más pequeños? Superado. ¿La memoria a precio de saldo? Lógico. ¿Cámaras de vídeo que caben en el bolsillo del pantalón? Pues claro.

Personalmente un día descubrí que ya no había nada, dentro de la informática, que fuese capaz de asombrarme. Quizás algún programa especialmente bien pensado. Y, por supuesto, pero negativamente, los departamentos de márketing de la mayor parte de las compañías. Pero todo lo que se refiere al hard dejó de sorprenderme más o menos en la misma época en que Apple sacó el primer PowerBook. Lo cual también tiene su parte mala. No se me ponen “los vellos como escarpias” cuando Jobs dice la famosa frase de “aún tenemos algo más”. En parte porque las sorpresas suelen ajustarse a los rumores. Y en parte porque el mundo del hardware ha pasado del “mira lo que somos capaces de hacer” al “por fin lo hemos hecho”.

Uno pensaría que los estudiantes de informática también están aquejados de la misma carencia de emociones. Al fin y al cabo están al día en todo lo que pasa. Se supone. El otro día Apple organizó una presentación en la universidad de San Sebastián. Los comentarios fueron dos: podían haberlo anunciado mejor en la propia universidad y “fue alucinante”. A los más curtidos les parece risible que un ordenador ejecute doce aplicaciones a un tiempo, al fin y al cabo para eso tenemos todos 256 MB de memoria. Y AirPort. ¿Cuántos años hace que se habla del tema y que Apple tiene reservada las frecuencias? Pero para mucha gente, mayormente “los del otro lado”, lo que para nosotros parece normal y cotidiano es un gran avance. Sólo les sorprende que los PowerPC no vayan a 1,4 GHz.

Luego está el otro grupo de “asombrables”. Los que les parece increíble que una película se pueda ver en un ordenador. Repito esto porque hace poco una persona, profesor universitario, miraba asombrado la pantalla de mi PowerBook. Más exactamente, el trailer que estábamos viendo, recién descargado de Internet. Y repetía: pero cómo es posible esto. Da lo mismo que expliques lo de 25 imágenes por segundo y lo de las diferencias entre fotogramas. Y si lo miras desde fuera sí que es algo sorprendente. Aunque lo sorprendente quizás sea que otras cosas, por ejemplo, la televisión, no tenga el nivel de sofisticación que un ordenador. Vale, todos sabemos que los decodificadores de las “plataformas” digitales son ordenadores que se comportan igual que el que tengo ahora sobre las rodillas: descodifican y descomprimen la señal, aunque para el público en general eso no sea tan aparente. Pero para una niña de nueve años es de lo más normal poder ver un trailer de la película de Harry Potter en el ordenador de su padre e, incluso, llevárselo en un CD para poder verlo en su iMac hasta desgastar el láser del CD-ROM.

Pero todo esto me aleja de mi preocupación: soy incapaz de sorprenderme por casi nada. Algunos avances en miniaturización me pueden hacer pensar un poco. Pero aquella sensación que tenía hace años, cuando Apple presentaba tarjetas de vídeo con procesadores RISC, o cuando leía la lista de proyectos que tenían los distintos departamentos. Aquella sensación ya no volverá, como diría el poeta. Aquellas conferencias en las que Alan Kay presentaba en 1998 los avances en compresión de vídeo que tres años más tarde serían QuickTime, o hacía una exposición de hasta dónde era posible realizar un Knowledge Navigator.

No es que Apple, o cualquier otro fabricante, no haga cosas interesantes. Mi último descubrimiento es el HandEra, un clónico de Palm lleno de interesantes características. Pero es que lo considero lógico, o normal, o “lo que debería ser”. Sí que me sorprenden las características que los fabricantes no incluyen en sus ordenadores. Me sorprende que Apple incluya un cable para conectar el monitor externo del nuevo iBook (otro cable más para perder), pero me parece normal que tenga esa salida de vídeo. Me parece normal que Acer tenga portátiles a muy buen precio pero no le veo sentido a que no tengan conexión Ethernet incluida de serie.

Realmente todo esto no es más que una cuestión de nostalgia. O de hastío. Después de unos diecisiete años viendo y tocando casi todo tipo de ordenadores, mezclado en proyectos de lo más anodino a lo más extraño quizás sea hora de ir cambiando de empleo. El problema es que estoy en esto porque no sirvo para ningún trabajo serio. O sea que me veo rodeado de tecnocachivaches por mucho tiempo. Si al menos alguno de ellos fuera capaz de asombrarme como antes.