Con todos sus beneficios, no es del todo evidente que la tecnología mejore nuestra calidad de vida. Es cierto que gracias a los nuevos medios estamos logrando grandes beneficios en cuanto a productividad, aprendizaje, facilidad y rapidez para comunicarnos y un largo etcétera. Sin embargo, junto con estos aspectos positivos aparecen muchos negativos, incluidos riesgos para nuestra salud mental y social. Daniel Goleman, en su libro La práctica de la inteligencia emocional, cita el ejemplo del correo electrónico como generador de estrés.

Procesando interrupciones

Goleman saca a colación el tema del correo electrónico en el contexto del estrés generado por las interrupciones continuas en el entorno de trabajo. Muchas personas reciben llamadas telefónicas, avisos y recados, de forma continuada durante su tiempo de trabajo lo que les impide concentrarse en su tarea y provoca un estado de ansiedad que puede conllevar la incapacidad de prestar atención a lo que están haciendo. El correo electrónico se suma a la legión de distractores con el agravante asociado de la facilidad para enviar y recibir mensajes.

Una de las ideas más curiosas que menciona Goleman es la de que el correo electrónico provoca en el receptor una necesidad de responder inmediatamente que acaba generalizándose a cualquier requerimiento recibido. En lugar de responder “lo haré en cuanto termine con esto”, como habría hecho en otras circunstancias. el usuario se siente obligado a dar una respuesta inmediata a su interlocutor… y así con la retahíla de mensajes pendientes en su buzón. Este tipo de comportamiento acaba generando niveles de estrés graves que allanan el camino del síndrome “burn-out”, término más o menos equivalente al castellano “estar quemado”.

Si el lector está suscrito a una lista de correo electrónico podrá darse cuenta de que a su alrededor hay muchos usuarios afectados por este problema. Y tal vez uno mismo deba echar un vistazo crítico a su propio comportamiento ya que el problema puede ser grave.

Correofilia

Desde que puse en marcha la lista LSPM a finales de 1996 han pasado muchas personas por ella y con cierta frecuencia se repite un cierto patrón de conducta característico: un usuario comienza a participar en la lista respondiendo a preguntas de otros y, en pocos días, su volumen de aportaciones es casi la mitad del tráfico de la lista puesto que intenta responder a cada uno de los mensajes de los otros usuarios. Estamos hablando de una lista que genera un tráfico de unos treinta mensajes diarios, lo que puede significar alrededor de media hora entre que se descargan los mensajes, se leen y se trata de responder alguno. Eso en condiciones normales, ya que cuando uno de estos usuarios “se cuela” el número de mensajes prácticamente se dobla o triplica. Pero, ¿qué hay del tiempo necesario para escribir las respuestas? Se tarda mucho más en escribir que en leer, con lo que, según mis estimaciones, este tipo de personas podrían pasar unas dos o tres horas trabajando en la lista de correo y en muchos casos lo hacen en horas de trabajo por lo que cabe preguntarse en qué estado se encuentra su productividad laboral.

Lo más curioso es que llega un punto en el que incluso su aportación a la lista de correo comienza a ser dudosa, señal de que la persona se encuentra en un estado de dependencia. Esas aportaciones dudosas suelen adoptar tres formas. En primer lugar los mensajes “fuera de tema” (que tratan asuntos que no están definidos como de interés para la lista y que se deben evitar) y otros traídos por los pelos con la excusa de ejemplificar o ampliar una respuesta a un asunto en principio adecuado. En segundo lugar, aparecen errores graves en la información aportada, que no suelen ser corregidos por otros usuarios convencidos de la sabiduría del sujeto a causa, precisamente, de su hábito de contestar a todo. Por último mensajes del tipo “Ahora no lo sé, pero te contestaré más tarde” que no tienen ningún contenido útil pero que surgen de esa necesidad de contestar como sea.

¿Curación?

A veces la historia acaba cuando el usuario desaparece de la lista sin más explicación. Otras veces anuncia su despedida a bombo y platillo y en estos mensajes suele haber algunos denominadores comunes, como afirmar que deja la lista por el tiempo que le está consumiendo y, el más llamativo, una sensación de extrañeza por no saber qué le ha movido a participar con tanta intensidad.

Cualquiera puede caer. He visto tanto a usuarios ilustres y experimentados como a otros anónimos mostrar el comportamiento descrito en esta página. Puede convertirse en un problema serio y todo depende de cómo afrontemos la situación. Seguramente la mejor prevención sea que la próxima vez que consultes tu correo electrónico dejes las respuestas para el día siguiente.

Si quiere suscribirse a la LSPM sólo tiene que enviar cualquier mensaje a [email protected]. o escribir subscribe digest LSPM en un mensaje dirigido a [email protected] si quiere cambiar a la modalidad de resúmenes diarios.