El Gran Titiritero se solaza bajo los rayos del sol que atraviesan la ventana. Se siente contento. El Plan prosigue su curso como estaba previsto. Aún queda una larga espera de, quizá, varios años, pero comienzan a verse las señales de que la culminación está próxima y al alcance de la mano.

¿Cuándo empezó a gestarse todo? ¿Aquel primero de abril? No, demasiado pronto. Era joven y preocupado por el aquí y el ahora, todavía confiaba. Tuvo que ser más tarde… Es posible que la infame traición del Señor de las Burbujas provocase una reacción en su interior y que esa fuese la semilla de la que brotó el Plan.

El Señor de las Burbujas… Se creyó capaz de leer y dominar las corrientes del futuro, como si eso fuese tan sencillo como mezclar agua y azúcar. Pobre iluso. Toda su obra se malogró. El poder corrompe y ya entonces el Gran Titiritero lo sabía. Pero en aquel tiempo aún mantenía la confianza y logró sus primeras obras. Lo había conseguido, mas en pago a su triunfo, fue desterrado del Valle.

Entonces, sólo entonces, comenzó a fraguarse el Plan.

El Siguiente Paso

A continuación de la Caída vino el Siguiente Paso. El Siguiente Paso debería darse en la dirección correcta y poner el Plan en camino hacia el destino final. Y así fue. Con los años se hizo posible la Segunda Venida. No sólo eso, la Segunda Venida fue triunfal, definitiva, gloriosa, salvo por el pequeño detalle de tener que aliarse con el Amo de las Puertas.

Pero el verdadero Plan transcurría en secreto. Un secreto que algunos creyeron intuir en oscuras runas inscritas en las piedras, en las proporciones de la Gran Pirámide, en los Círculos de los campos de cereales. El Plan les parecía evidente a muchos, pero ninguno encontró pruebas suficientes de su existencia.

Hubo quienes, pocos, llegaron a saber y pregonar algo de Marklar, la poderosa fuerza que debía desatarse en las últimas fases del Plan. Algunos fueron acallados, otros tomados por locos, pero ¡ay! se habían acercado demasiado a la verdad y era necesario tomar medidas y desviar la atención hasta que los tiempos estuviesen maduros.

Y los tiempos comenzaron a madurar. Cierta piedra de Stonehenge señalaba el momento. La Alianza con el Gigante Azul tocaba a su fin. La Nueva Alianza pondría el mundo patas arriba. Pero estaba escrito en las líneas de Nazca para quien quisiera leerlo.

Entonces se pondría en marcha la penúltima y crucial parte del Plan. La Conversión Total, esa y no otra es la meta ansiada por el Plan, no podrá tener lugar si esta parte no tiene éxito. Pero el Gran Titiritero confiaba en la naturaleza de los hombres para lograrlo. Él sabe penetrar los secretos más íntimos de la mente y manejar sus pulsiones y pasiones a su completo antojo.

Los peones

En esta partida de Ajedrez cósmico deberían moverse algunos peones. El Gran Titiritero había liberado el poder de Marklar. El Simio Bailarín, un monigote del Amo de las Puertas, sería cogido por sorpresa mientras luchaba en otra parte con el Buscador. Uno más de los numerosos frentes desde los que es atacado constantemente.

Pero el Gran Titiritero advirtió: “No intentéis dominar el poder de Marklar por vosotros mismos. No os obedecerá y se volverá contra vosotros con toda su furia. ¡Insensatos!”.

Pero los necios hicieron caso omiso de la advertencia y se lanzaron a intentar aprender a controlar el inmenso poder de Marklar con todo su empeño y su fuerza. Y, de algún modo, lo consiguieron. Pero estaba previsto, como puede saber cualquiera que estudie las proporciones de la catedral de Notre Dame y de otras catedrales góticas. Porque el verdadero poder de Marklar es precisamente el de nublar la voluntad de los hombres para someterse a él y cuanto más se enfrenten a él, más controlará Marklar su entendimiento y más se someterán a él.

Entonces, y sólo entonces, será el momento de romper y cruzar la Gran Ventana que domina el Simio Bailarín. La Gran Conversión habrá sido lograda y el Plan estará entonces consumado.

El Gran Titiritero contempla el Valle desde su atalaya. A su alrededor las fuerzas del destino se reorganizan, silenciosa y pacientemente, para llevarlo a su Triunfo final. El sol se pone tras el mar, muy lejos de allí. Un día muere, pero mañana amanecerá un nuevo mundo.

El Gran Titiritero sonríe satisfecho…

Sede de Apple. Infinite Loop 1, Cupertino, California.

– Hey Steve, tengo una buena, (dice Phil Schiller, vicepresidente de marketing) ¿has leído esas historias que circulan por la web de que vamos a acabar con Windows gracias al Mac OS X para Intel?

Steve Jobs permanece en silencio, parece no escucharle.

– Sí, estos maqueros pirados piensan que tienes un plan desde hace años para conseguirlo. Ja, ja, ja… (se ríe Jon Rubenstein, vicepresidente de la división iPod).

– Eso (completa Avie Tevanian, jefe de los desarrolladores) Y le daremos a Bill un poco de su propia medicina, retorciéndose de las carcajadas.

Todos ríen, menos Steve, que con una mirada indefinible les advierte:

– Chicos, chicos, chicos… ¿Qué os hace pensar que son unos pirados?

La sala se queda en silencio. Steve Jobs sonríe satisfecho…