Una manera segura de que una empresa de informática quiebre es pagar las horas extras a sus programadores . Resulta curioso pero aunque se considera a nuestro trabajo una ciencia, he visto pocas cosas que estén tan basadas en la experiencia, intuición y la prueba y error como la programación .

Y no me refiero únicamente al formato de programador solitario que aparece en las películas como héroe o villano, según la película, y normalmente desordenado y bastante ido de la olla . También se incluye en esta clasificación, aunque en menor medida, al programador metódico y estructurado que trabaja en una multinacional y realiza sus proyectos basándose en un diagrama de flujos y estructura de aplicación realizada según el trabajo de un analista .

El problema puede venir dado porque el entorno de trabajo del programador ( mas bien de sus programas ) puede definirse como salvaje . Un abogado sabe que existen unas leyes y que dichas leyes son lo único que existe para su trabajo . Los hechos, las declaraciones y el resto de sus materiales de trabajo tienen que estar encasillados dentro de estas leyes y si no es así, el resultado es una transgresión de dichas leyes y por tanto culpable .

Un programador en primer lugar se encuentra con que el mundo en el que se basa su programa es agrestre y cambiante . En primer lugar las especificaciones de cómo tiene que funcionar su programa se modifican mucho más rápidamente que las leyes, a veces con consecuencias desastrosas, y si no que se lo digan a los miles de programadores que hay en todo el mundo corrigiendo el famoso efecto 2000 de sus aplicaciones . En segundo lugar el programa no funciona sólo, se basa en una serie de elementos que como mínimo no pueden considerarse estables . El primero de ellos es el sistema operativo del ordenador, que suele cambiar con más frecuencia de lo que sería deseable y cuando ya se tiene uno sin fallos -al menos sin demasiados fallos- el fabricante se empeña en sacar uno nuevos con más características y, naturalmente, más problemas . Pero el programador no puede hacer su aplicación para una versión específica del sistema operativo y para un modelo de ordenador, tiene que pensar que en el mercado habrá cientos o miles de configuraciones distintas: sistema 7 . 1, 7 . 5, 7 . 5 . 1, Mac OS 8 . 0 . . . y máquinas distintas e incluso extensiones, paneles de control y periféricos distintos y que su labor es lograr que funcione en todas ellas . Pero existe un problema aun mayor, el usuario . Y no me entienda mal, no echo la culpa de todo al usuario, a fin de cuentas es el que da de comer a la industria, pero mientras que para un abogado todo lo que se sale de las leyes está prohibido, para el usuario de la informática todo lo que el programa no prohibe explícitamente está permitido . Si un campo de texto no limita la longitud a cuarenta caracteres, entonces habrá un usuario que meterá 80 y probablemente el programa estallará, salpicando todo de bits y bytes .

Esta es la razón de que prácticamente todas las aplicaciones que se venden en el mercado incluyan en su licencia el párrafo “este programa se vende tal cual y no se asegura su utilidad y funcionamiento para ningún fin determinado . El fabricante no se responsabiliza del funcionamiento ni utilidad para un fin determinado” . Imagine que compra un coche y entre los documentos que le dan viene uno que dice “Este coche se supone que anda, pero el fabricante no se responsabiliza de que ande mas o menos, tampoco se responsabiliza de que puedan entrar cinco personas o no, tal como dice la documentación y dependiendo de la carretera por la que transite es posible que el coche deje de funcionar . En cualquier caso no nos hacemos responsables de estos hechos y no seremos responsables del funcionamiento del vehículo ni siquiera si lo conduce tal como indican nuestras responsabilidades” ¿ Se compraría usted este vehículo ? .

Evolucionar o morir

Ante el avance de la tecnología y de las tendencias de mercado existen dos formas de plantearse la vida: Pelear contra estos avances o adaptarse a ellos . La primera posición suele tener resultados nefastos, mientras que la segunda no asegura la victoria pero al menos tiene mejores visos de dar resultado . Viene esto a cuento de la postura que ha tomado la industria discográfica norteamericana ante el fenómeno MP3 . Al descubrir esta tecnología que permite comprimir la música y llevarla a cualquier parte, tal como hace por ejemplo el portátil RIO de Diamond ( www . diamondmm . com/products/current/rio . cfm ) , en lugar de plantearse nuevas formas de comercializar sus canciones como la venta directa por Internet o colaborar con los fabricantes para definir un estándar que les permita vender cartuchos en este nuevo formato, han atacado con demandas legales y la intención de imponer formatos propios que imposibiliten la copia . Esto mismo sucedió con el DAT, la cinta digital que permitía copiar CD con la misma calidad, y provocó ( entre otros factores ) la muerte de este dispositivo . Pero en este caso la situación es distinta, para usar MP3 no es necesario disponer de complejos aparatos diseñados especialmente, sino de un ordenador personal, lector de CD y tarjeta de sonido además de un software disponible gratuitamente en Internet .

La situación llega a ser tan absurda que algunos grupos han intentado publicar en Internet alguna de sus canciones y se han encontrado con el rechazo de su propia compañía de discos . No obstante estos esfuerzos creo que serán, tal como ha demostrado la historia en situaciones similares, vanos y finalmente el MP3 será un estándar del que podremos disfrutar todos .