Hace años Steve Jobs dio una conferencia a un grupo de universitarios de ingeniería. En esta charla afirmó que la época en la que dos jóvenes universitarios con ideas innovadoras podían montar una empresa en un garaje y diseñar, fabricar y vender su ordenador como habían hecho Steve Wozniak y él con Apple había pasado. El futuro estaba en el software.

Esta afirmación es mucho más cierta en la actualidad. El primer ordenador que hicieron lo podía construir cualquier persona con componentes que se podían adquirir en una tienda de electrónica y la placa se podía encargar por un precio módico.

Las placas que llevan los nuevos iMac y MacBook, por no hablar del iPhone, tienen tal complejidad que resulta imposible diseñarlas a mano, es necesario usar sofisticados programas de diseño y su fabricación multicapa sólo se puede hacer con fábricas de última tecnología y naturalmente el resto del ordenador tiene una complejidad aun mayor, como los circuitos integrados diseñados a medida como los ASIC y FPGA. Factores que hacen imposible que incluso con los conocimientos necesarios podamos construir un iMac en un garaje.

El software es el último reducto de los auténticos hacker, no los que se dedican a atacar servidores y crear virus, sino los que crean obras de ingeniería por el placer de crearlas, ya sea el Apple I y ][ o un sistema operativo como Linux.

En el Apple ][ bastaba con encenderlo y ponerse a programar porque tenía el intérprete de BASIC incorporado. Con el Macintosh el cambio fue radical. No sólo no incorporaba de serie ningún lenguaje de programación, sino que inicialmente no era posible, había que comprar un mastodóntico Apple Lisa para hacerlo.

Finalmente otras empresas lanzaron sus propios productos de programación, como Borland que introdujo el Turbo Pascal y al final Apple introdujo el MPW, con compiladores de C y Pascal.

Aparentemente con el lanzamiento de Mac OS X volvió la normalidad. Cualquier programador podía descargarse Xcode y crear aplicaciones sofisticadas y regalarlas y distribuirlas sin problemas.

En el mundo del iPhone la situación es distinta desde su lanzamiento. Aunque usa también Xcode, los desarrolladores no podían programar y distribuir libremente. Aunque el kit es gratuito, si quieres poder instalar tus programas en tu propio iPhone necesitas pagar el peaje que impone Apple de 79 EUR y si quieres distribuir tu programa, incluso de forma gratuita, sólo lo puedes hacer a través de la tienda Apple después de pasar un ferreo control que comprueba que el programa cumple sus estándares. Estos incluyen no sólo que no tiene virus y que funciona bien. También miran que no utiliza ningún elemento no autorizado por Apple y que, curiosamente, sí emplean las aplicaciones desarrolladas por la propia Apple. Por ejemplo un desarrollador vio su aplicación rechazada por usar las mismas operaciones que emplea el visor de fotos del iPhone.

El iPhone es una prueba de concepto. No dudo que Apple lo lanzó como producto estrella y sigue siéndolo, actualmente representa más de la mitad del beneficio de la empresa, pero a pesar de haber quitado el nombre Computer del nombre de la empresa (se convirtió de Apple Computer Inc en Apple Inc), los ordenadores siguen jugando un papel muy importante en su futuro y después de comprobar que una tienda centralizada por Apple ha tenido muy buena acogida por los usuarios en el iPhone han anunciado lo mismo para los Macintosh.

¿Apple se hubiera atrevido a un movimiento así sin la experiencia previa del iPhone? Posiblemente no. Sobretodo porque la tienda “Mac App Store” no hubiera contado con el aval del iPhone y hubiera sido vista simplemente como un canal alternativo de distribución. Ahora, en cambio, muchos usuarios lo verán como la vía principal de compra de aplicaciones, especialmente los que se pasan al mundo Macintosh a través del iPhone. Además esta tienda tendrá para ellos ventajas indudables: podrán ver el catálogo de aplicaciones de una forma sencilla y unificada, comprar al instante y la instalación, al igual que sucede con el iPhone será muy sencilla.

Para los programadores en principio es ventajoso, más visibilidad para sus aplicaciones, más facilidad de venta y el respaldo de Apple por detrás. Además si no les gusta el sistema pueden seguir vendiendo sus programas por el método tradicional... de momento.

Apple ha dicho que va a seguir permitiendo la distribución e instalación de aplicaciones por los métodos actuales, pero en otras ocasiones ya hemos visto como ha cambiado de opinión según le interese y no sería extraño que en unos meses anunciará que la Mac App Store pasa a ser el único método de instalación y distribución de programas.

Lo más preocupante no sería que Apple se llevara comisión de todas las ventas, sino que controlaría y prohibiría todos los programas que no se ajustan a sus parámetros. Hoy en día la gran mayoría de las utilidades más populares que hay para el Macintosh utilizan algún tipo de llamada del sistema no oficial que estaría prohibida y por tanto estas utilidades desaparecerían.

Llegado ese día veríamos que además del hardware, el software habría dejado de ser una cosa de dos amigos con mucha inventiva en un garaje. Posiblemente podrían pagar los 79 EUR del programa de desarrollo de Apple, necesarios para distribuir aplicaciones por este método, pero las ideas realmente buenas rompen esquemas y son esos esquemas los que los mecanismos de Apple refuerzan.

Ese día la innovación en el Mac quizás no estaría muerta, pero sufriría un duro golpe.