La industria del disco está en pie de guerra. Un nuevo peligro se presenta a su negocio y la forma de atacarlo que tienen es la de siempre, acudir a los juzgados. Por una vez podrían ser más originales y echar mano de la creatividad, la imaginación y como dice el refrán, “hacer amigo a tu enemigo”, pero eso supongo que será esperar mucho de estos ejecutivos.

El enemigo en cuestión se llama MP3 y si usted ha profundizado aunque sólo sea un poquito en el mundo de la música digital, sabrá perfectamente de que se trata; un sistema de compresión de sonidos que es capaz de reducir una canción con calidad CD de 60 o 70 Megabytes a 5 o 6 Megabytes. De esta forma puede grabar CD (si tiene una grabadora) con más de diez horas de música. Es cierto que estos discos no los puede reproducir en su equipo de música convencional, de momento sólo son legibles por el ordenador, pero ya se empiezan a anunciar dispositivos de consumo capaces de manejar este formato. El primero fue el RIO de Diamond Multimedia, que con una capacidad en su nueva versión de 64 Megabytes permite almacenar hasta dos horas de música, pero ya se anuncian versiones para coche que sustituirán los convencionales y que con un lector de CD le permitirán ir de Madrid a París sin repetir ni una sola canción.

Los programas para reproducir canciones MP3 ya están en Internet y, lo que es más importante, también se encuentran los que permiten extraer las canciones de un CD y pasarlas a este formato. Esto último es lo que atemoriza a la industria discográfica: el que la piratería de canciones se extienda.

Y para que negarlo, es cierto. Configure su navegador (o cualquier programa lector de news) y conéctese a news:es.binarios.sonido.mp3, descubrirá que día a día aparecen canciones nuevas en este formato que la gente se descarga ávidamente. No se trata de maquetas de grupos recién aparecidos, ni composiciones personales, son canciones comerciales que han sido extraídas de CD. Es decir, piratería. También puede utilizar cualquier buscador para encontrar multitud de servidores web con canciones MP3, la mayoría de las cuales son piratas (pruebe, por ejemplo http://mp3.lycos.com).

Intentar pelear legalmente contra este fenómeno es inútil. ¿Se va a perseguir a cientos de personas que intercambian discos? Es lo mismo que si la industria del software intenta perseguir a todos los amigos que copian programas; no es posible. Se persigue a los que los comercializan e intentan obtener beneficios de esta actividad, del resto resulta imposible. Lo mismo pasará con las canciones MP3.

La industria del software se ha adaptado de dos formas: la venta de programas a precios muy baratos (shareware e incluso comerciales) o la venta a precios muy elevados de forma que los usuarios que necesitan tener una copia legal paguen esa y todas las piratas, como saben muy bien los usuarios legales de licencias de QuarkXPress. ¿Nos traerá, por tanto, el futuro una subida del precio de los discos de música?

La verdad es que según mi opinión personal, este impuesto revolucionario ya ha sido pagado con creces por los usuarios y desde hace muchos años. Hace tiempo, le comenté a un amigo mío, programador y además bajista en un conjunto de rock, que reeditaban su disco y que estaba de suerte, porque les iban a dar un dinero extra. Mi asombro fue mayúsculo cuando me comentó que de esta reedición no cobraban ni una peseta y que de la primera edición se llevaron menos de un diez por cierto. Adivine quien ha ingresado la mayor parte de la diferencia.

Las próximas debacles

Va siendo hora de empezar a hacer recuento de las debacles que nos pueden acontecer en un futuro cercano. La más famosa, sin duda, es el uno de enero del 2000 (todavía no entiendo por qué Hollywood no ha sacado una película llamada “efecto 2000”, se harían de oro) y el supuesto hundimiento de cientos de miles de ordenadores.

Otra más cercana es el 9 de septiembre de este año. Recuerdo vagamente que cuando se programaba en Cobol se podían programar registros para que fueran borrados automáticamente en una fecha. Y si no se quería que se borraran nunca, ¿que se hacía? Se rellenaba este campo a nueves: 9/9/99. En los ordenadores personales ya no se emplea Cobol, pero decenas de miles de programas en Bancos, Gobiernos y otras entidades que tienen grandes ordenadores siguen funcionando así. Puede ser trágicamente divertido.

La tercera debacle acaba de ser anunciada alegremente por ICANN (Internet Consortium for Asigned Names and Numbers), el nuevo organismo director de la estructura técnica de Internet. En julio esta organización presentó en sociedad IPv6, el nuevo sistema de direccionamiento a usar en Internet y destinado a evitar que las direcciones IP (algo así como los glóbulos rojos de Internet, ya que todo se basa en ellas) se agoten.

Pero IPv6 es, en principio, incompatible con la versión actual (IPv4) y aunque está prevista una transición progresiva, durante algún tiempo, y puede ser mucho, ambas tienen que coexistir. Esto provocará fallos en el funcionamiento de muchos servicios de Internet, las casas de software (Apple, Microsoft, etc.) lanzarán nuevas versiones de sus kit de conexión a Internet, que inevitablemente fallarán al principio, todos alegremente descubriremos que tenemos que reconfigurar nuestro ordenador para poder seguir conectados, pero esto nos dará problemas y en ese momento se descubrirá que la migración a InfoVía Plus fue un juego de niños.

Tácheme de fatalista, si lo desea, pero después de trabajar más de dieciocho años con ordenadores he descubierto que cuando soy fatalista estos aparatos tienden a darme la razón. Como dice la ley de Murphy “Si algo puede ir mal, irá mal”.