Todavía me asombro un poco cuando abro esta revista y encuentro mi nombre en una de sus páginas. Me da un poco de pena malgastar así un espacio que se podría llenar con un contenido más interesante o divertido. Sin embargo, puesto que todavía no me han puesto una demanda ni han intentado agredirme físicamente por cosas dichas en este artículo mensual, es posible que no lo esté haciendo tan mal. Con todo, conviene no bajar la guardia.

Pensar en lo anterior, me llevó recientemente a recordar un poco cómo había llegado a escribir sobre Macintosh y cómo había evolucionado en esa actividad. Después de algunos años “en el tajo” se acaba cogiendo cierta experiencia que nunca es suficiente. Gracias a Internet, cada vez más gente se atreve a lanzarse a la aventura de crear sitios sobre Mac y escribir sobre ello. Y resulta curioso ver ciertas pautas en el desarrollo de esa actividad, sobre todo cuando te das cuenta de que tú mismo habías pasado por ellas.

“Buen rollito”, para empezar

Pues eso, lo primero que me llamó la atención de algunas publicaciones sobre el Macintosh era el “buen rollito”. O sea, el tono ese de colegueo y amistad que rezumaban algunas revistas y libros. ¡Cómo olvidar “Macpeople” y la lamentablemente extinta editorial “Página 1”! En especial la última edición de “La nueva Biblia del Mac”, quintaesencia de la escritura técnica enrollada y jovial.

Creo que muchos bebimos en aquellas fuentes (todos queríamos ser tan agudos y admirados como Guy Kawasaky) y no puedo leer algunos de mis primeros escritos sobre el Mac sin cierto rubor. Si es que parecía un chaval de Secundaria haciendo el fanzine de su grupo favorito. Los guiños, las frases supuestamente ingeniosas… (¡Qué horror! Lo mismo que hago ahora en esta columna).

Lo malo es cuando nos pasamos de “buen rollito”, entonces las cosas empiezan a flojear y a volverse inconsistentes. A base de tratar de hacerlo todo tan fácil, tan bonito, tan enrollado y tan “Mac”, la mitad de la información se quedaba en el tintero y los usuarios un poco más avanzados o serios acababan dejando de leerte. ¿Será eso lo que les pasó a algunas populares publicaciones que hoy sólo permanecen en el recuerdo?

En fin, está claro que esta fase del buen rollito es como el acné juvenil, a nadie le gusta en el fondo, pero todos hemos tenido que pasar por ello, lo queramos o no.

Cerrando las ventanas. Si en el estilo, algunos empezamos por el colegueo, en los temas fuimos directamente a la yugular del que creíamos el enemigo público número uno: Bill Gates. ¿Qué escritor primerizo sobre el Mac no ha recurrido con frecuencia al fácil argumento anti-Windows? El que esté libre de pecado, “que tire el primer ratón” (nótese el tono “buen rollito” en lo del ratón). Al fin y al cabo, muchos escribíamos con la mentalidad del “fanzinero”, o sea, desde una perspectiva muy parcial, para nada acorde con la objetividad periodística que debería formar parte del abanico de virtudes que adorna nuestra personalidad si nos disponemos a escribir para un medio de comunicación.

Que si fulano o mengana usaban Mac, que si el coste de mantenimiento es menor, que si Windows es difícil de manejar. Habré manejado más de una veintena de tópicos por el estilo en docenas de artículos justificantes del uso del Mac en lugar del PC. (Y algunos de ellos en esta misma columna… ¡Horror!) Y eso que algunos sitios web siguen aferrados al tema y ofrecen completas listas de argumentos sobre lo mismo, incluyendo la propia Apple.

En fin, el Macintosh suele tener un componente importante de pasión, así que no se puede pedir a un maquero una total imparcialidad a la hora de hablar de ordenadores. Y mucho menos cuando llamas para que te pongan el ADSL. Todo son sonrisas y parabienes hasta que descubren que tienes un Macintosh: entonces una voz gélida y ominosa te dice “lo siento, si su máquina no usa Windows no le damos soporte”.

Poniéndose serios. En mi caso, la evolución me ha llevado a escribir habitualmente sobre temas técnicos intentando no dejar de ser un poco jovial y clarificador pero manteniendo la suficiente profundidad como para que los trabajos resulten útiles. Tengo entendido que alguna vez lo he conseguido: alguien me ha dicho que logró encender el ordenador siguiendo mis instrucciones, lo cual me llena de orgullo. Ciertamente es el campo en que me encuentro más cómodo.

Paralelamente a ello, y como los lectores de esta revista saben bien pues tienen el disgusto de sufrirlo cada mes, sigo cultivando el fino arte del “buen rollito” y prolongando una cierta “adolescencia maquera”. Es divertido, no cabe duda, aunque es un terreno un tanto resbaladizo pues es fácil acabar cayendo en la rutina, en la gracia vacía y en la payasada. Escribir esta columna tiene algo de ejercicio de equilibrismo, no se vayan a creer. Un paso en falso y al abismo.

Pero para eso están los lectores, para que, de vez en cuando, te den un toque y te pongan de nuevo en tu sitio. Menos mal.

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