Montar vídeo es más fácil que nunca, pero hay que seguir algunas reglas básicas para conseguir buenos resultados. “La regla de oro: prohibido aburrir al personal”, José Nieto, compositor de música para cine.

El vídeo digital, de la mano de la última generación de máquinas de Apple con conexión FireWire, la llegada del potente programa Final Cut Pro y el sencillo y gratuito iMovie, está poniendo al alcance de mucha gente la posibilidad de producir vídeo con una altísima calidad sin necesidad de enormes inversiones económicas. Pero esta relativa democratización tiene un lado negativo. Como sucedió con la revolución PostScript, esta tecnología abre las puertas a la mediocridad. El que cualquiera pueda editar un vídeo no quiere decir que todos podamos ser Orson Welles con sólo pulsar una tecla. Aunque se nivela un poco más el terreno de juego, crear vídeos de calidad seguirá dependiendo de tener algo interesante que contar, de contarlo bien y de trabajar mucho, y con cariño, para obtener el mejor resultado posible.

Como sucede con cualquier otro medio de comunicación, el vídeo tiene un lenguaje propio que hay que dominar. No se trata de imponer reglas arbitrarias: el cine (y por tanto el vídeo, su heredero directo) lleva más de cien años desarrollando unos códigos. Se han hecho muchos experimentos, muchos fallidos y algunos con éxito, que han ido perfilando lo que funciona comunicativamente y lo que no funciona. Incluso si se desea innovar, primero hay que conocer este lenguaje, y sólo entonces reinventarlo o “reventarlo”.

Aunque usted no aspire a hacer cine comercial o documentales para televisión, sus vídeos de aficionado también pueden beneficiarse de los consejos que aquí se dan. Lo que hace falta es una preparación previa, un rodaje con criterios de comunicación y mucho trabajo posterior de edición. Y en todo ello, recuerde la regla de oro: prohibido aburrir.

Preparación

“El acto de escribir obliga a la concreción y es antídoto contra la dispersión”

Carlos Mendoza, realizador, a propósito del cine documental

El trabajo previo a un rodaje (sea un largometraje o un vídeo de aficionado) es fundamental para conseguir unos buenos resultados.

Para empezar, es importante que tenga claro lo que quiere decir acerca del tema que va a tratar. Conviene resumir en una frase lo más descriptiva posible la idea central que quiere transmitir. Incluso un vídeo de vacaciones puede convertirse en un documento sumamente interesante si se propone contar algo muy concreto y lo cuenta bien. Concretar en una frase breve la idea central le ayudará a no perderse por el camino.

Hacer los deberes. Una parte importante al preparar un rodaje es la recogida de datos. Incluso la improvisación (frecuentemente inevitable) es más eficaz cuando se cuenta de antemano con el máximo de información posible. Esos conocimientos preliminares le ayudarán a saber qué puede esperar y qué debe buscar. Aunque no sepa lo que va a suceder realmente cuando se encuentre rodando, cuanto más preparado esté, en mejores condiciones se encontrará para aprovechar al máximo las oportunidades que presenta el azar.

Escribir el vídeo. La información recogida en la investigación previa le permitirá hacer una descripción en papel y lápiz del vídeo a rodar. Dicho plan no es más que una guía que se modificará sobre la marcha, pero constituirá una herramienta de gran utilidad. Incluso en la realización de un documental se debería partir de un esfuerzo de escritura sobre lo que se sabe y lo que se espera lograr.

En primer lugar, es útil hacer un esquema del contenido del vídeo con sus secciones principales. Entonces conviene desarrollar dicho esquema con una descripción lo más detallada posible sobre su contenido, primero por escenas (cómo será el tratamiento de esas secciones principales), luego por secuencias (los bloques de imágenes que constituirán cada escena) y finalmente los planos individuales (al menos los indispensables) que compondrán dichos bloques. Cuanto más completa sea dicha descripción más clara estará la película entera en su mente antes de tomar la cámara.

Al hacer una descripción por escrito de su vídeo, también estará en mejores condiciones de seleccionar lo que es realmente importante para el tema central y lo que, por el contrario, sobra. Además, conviene hacer un cálculo aproximado de la duración de cada sección y de la suma de todas. Ahora es el momento  de recortar muchos elementos superfluos y aplicar aquello de “lo bueno, si breve...”.

El último paso consistirá en realizar el storyboard de su película, en el que se describirá cada secuencia como si se tratase de un tebeo (ver cuadro “El Storyboard: dibujar el vídeo”) para tener una idea lo más concreta posible de lo que posteriormente necesitará grabar.

El objetivo: Comunicar

Al preparar el rodaje ya estamos armando la película en nuestra cabeza y nos estamos planteando no sólo qué vamos a rodar, sino cómo vamos a utilizar ese material para comunicar la idea central a los espectadores. Hay varios aspectos relacionados con el uso del lenguaje cinematográfico que conviene tener en cuenta al describir con anterioridad nuestro vídeo, tanto por escrito como con un storyboard.

Planificación. Planificación, en este contexto, no viene de plan, sino de plano. Los tipos de encuadre que vamos a utilizar y en qué orden, son datos que definen el carácter narrativo del vídeo. Puede, por ejemplo, empezar una determinada secuencia con un plano de situación (que muestre el entorno) para luego cortar a un plano general de las personas u objetos que estamos grabando. Luego podría cortar a encuadres más cercanos que muestren más detalles. O, por el contrario, podría decidir que en cierto caso es más eficaz empezar por un primer plano de una persona hablando y sólo después cortar a un plano de situación para descubrir al espectador dónde se encuentra la persona. Cada tipo de encuadre tiene un valor narrativo y conviene decidir con anterioridad no sólo qué va a grabar, sino cómo grabarlo.

Economía narrativa. Contar sólo lo indispensable. No pasa nada si se dejan algunos cabos sueltos o si algunos detalles se dejan a la imaginación del espectador. Un recurso importante del lenguaje cinematográfico es la elipsis, que consiste en saltarse algunos pasos de una acción. Si se ve a una persona que va a cruzar la calle y luego se corta a un plano de esa persona en un despacho, al espectador no le cuesta ningún trabajo imaginarse los detalles intermedios: el personaje cruzó la calle, siguió caminando, entró en un edificio, subió en el ascensor y se dirigió al despacho donde se encuentra ahora. Se podría mostrar cada paso de su recorrido, pero sólo si eso añade algo a la película (expectativa, tensión, tedio, lejanía...). Si no es indispensable, resulta conveniente evitarlo... y así ahorrárselo al espectador. Por otro lado, hay que contar las cosas una sola vez, evitando las reiteraciones innecesarias.

Esquema dramático. Es un tema básicamente de edición, pero conviene tenerlo claro antes de rodar: los ritmos y la intensidad dramática de la acción van a variar a lo largo del vídeo, y conv