En una reunión de jóvenes ejecutivos, el que lleva el teléfono móvil con menos funciones y más antiguo, aunque siga cumpliendo su función, hace surgir una especie de autocomplacencia entre el resto de los asistentes (que acaban de adquirir el modelo de moda) y un cierto rubor en el que mantiene el viejo trasto. De igual forma, no hay nada como ver a tu vecino estrenar coche para sentir de repente que el tuyo ya no tiene el atractivo de hace un par de años, aunque siga funcionando a la perfección. Con la informática el caso es algo diferente, aunque cada vez que uno tiene la ocasión de probar una máquina recién lanzada al mercado (ya sea un nuevo G4, un portátil, o un periférico de última generación), de repente le entran a uno unas ganas tremendas de volverse loco y gastarse los ahorros para tener en casa el nuevo juguete. Desde luego, la envidia no es algo que hayamos descubierto ahora.

La carrera sin fin

Cualquiera que tenga un G4 para trabajar con imágenes, vídeo digital o con sonido, se queda más que tranquilo con respecto a sí escogió la máquina adecuada. Pero lo queramos o no, el que los fabricantes de procesadores para PC estén un día sí y otro no anunciando un nuevo chip más veloz y que los procesadores G4e a 800 MHz de Motorola sean sólo material para los sitios web de rumores, crea entre los usuarios Macintosh un cierto sentimiento de pesadumbre tecnológica. Los usuarios de Macintosh sabemos que no se pueden equiparar rendimientos basándose en la velocidad de reloj del procesador, ni en el rendimiento con herramientas de prueba, ni nada similar: lo que cuenta es el mundo real, pero ¿se imaginan un G4 a 800 MHz? ¿Y la misma máquina con cuatro procesadores funcionando en multiproceso real?

Evidentemente, no serían máquinas para todo el mundo, igual que no lo son las estaciones PC de gama alta. Quizá serían sólo para unos pocos profesionales con necesidades muy específicas o para millonarios adictos a la tecnología, pero sería un excelente argumento publicitario para “tirar” de las ventas de las gamas de producto para consumo general. Si echa un vistazo a los modelos que tienen en su catálogo los fabricantes de coches, se dará cuenta de que en muchos casos, dentro de cada gama hay un modelo “exclusivo” que cuesta el doble que el resto porque tiene una imagen algo más lujosa o deportiva, incluye un motor de mucha más potencia y un montón de “gadgets” en su interior. Nunca es el modelo que reporta más beneficios, pero queda mucho mejor en la valla publicitaria. El mecanismo sicológico que opera en estos casos hace que el comprador vea transferida, en el modelo estándar, la exclusividad del modelo “de lujo”.

Fetiches translúcidos

Apple sabe esto mejor que cualquier otra fabricante de informática y ahí están los modelos Special Edition del iMac y del iBook. El problema está en que entre los usuarios Macintosh somos muchos los que no nos conformamos con un ordenador “normal” y queremos “el exclusivo”. La consecuencia es que se vende mucho mejor el iMac SE que lo que Apple había previsto y seguramente suceda lo mismo con el iBook SE. ¿Recuerdan el Mac del 20 aniversario? Apple pensaba que sería un modelo que no tendría demasiado éxito, y al poco tiempo de ser anunciado ya había una avalancha de pedidos que superaba todas las previsiones. ¿Quien necesitaba esa máquina cuando, ni siquiera entonces, era la más potente de la gama Apple? Seguramente casi nadie, pero un Ferrari es un Ferrari ¿quién no quiere, incluso hoy, tener una máquina así?

Además, si se fija un poco a su alrededor, la gente anda por ahí con ordenadores de los que muchas veces no se aprovecha ni la tercera parte de su potencia y llenando el disco duro de aplicaciones que seguramente no van a ser empleadas nunca. Sin embargo es curioso lo que tranquiliza saber que el corrector ortográfico que utilizamos entiende cincuenta idiomas, o que podemos grabar vídeo digital con tanta calidad que podríamos exhibir nuestras tardes de domingo en el minicine del barrio. Cada Amazing feature que aplaudimos cuando Jobs presenta un nuevo producto se va instalando en nuestra lista de “necesidades” para la adquisición de un nuevo ordenador… Ya se sabe, las vayamos a utilizar o no, realmente las necesitamos. Las máquinas y su potencia acaban convirtiéndose en “auténticos fetiches” para los usuarios.

Del silicio al arte

Puede que este punto de vista con respecto a la tecnología parezca negativo, pero es todo lo contrario. El mayor defecto de los ordenadores es que son caros, porque bien utilizados son una impresionante herramienta para la comunicación y la creatividad. Algunos de los que han comenzado programando código máquina con un Commodore 64 se sientan hoy delante de su G4 a producir su primer cortometraje y, algunos de los que empezaron haciendo dibujos con MacPaint, están desarrollando hoy sitios web o creando animaciones 3-D. Es posible que haya una algo de fetichismo, de idolatría, o de adicción con respecto a los ordenadores, pero la compensación es tan grande que merece la pena.