Altavista.com, el famoso buscador de Internet, ofrece también un servicio de traducción a través de la dirección http://babelfish .altavista.com (si quiere conocer el origen del término babelfish (pez Babel) lea la novela “La guía del autoestopista galáctico” de Douglas Adams, publicada por Anagrama). En este servidor se puede introducir un término o la referencia a una página web e inmediatamente le aparecerá traducida a castellano o al idioma que haya elegido, francés, alemán, etc. pudiendo hacerse el proceso a la inversa, de castellano, francés, etc. a inglés.

Es muy loable la iniciativa que tuvo Altavista, pero los resultados son, en el mejor de los casos y con una visión optimista, pobres. El caso más conocido, ya que ha sido popularizado a través de un correo de chistes que circula de forma anónima, es el famoso dicho español “de perdidos al río”. Si lo introduce así en babelfish, incluyendo el acento, obtendrá como resultado “from lost to the river”, frase sin ningún sentido pero indudablemente curiosa y divertida.

Los programas de traducción automática se pueden englobar dentro del conjunto de aplicaciones que pretenden ir más allá de la simple ejecución de procesos automáticos predefinidos. A fin de cuentas, la mayoría de las aplicaciones que se utilizan en la actualidad, desde los procesadores de textos hasta Photoshop e incluso los programas de animación utilizados para la realización de películas, hacen auténticas maravillas, pero siempre dirigidos por personas y aplicando las normas que éstas les dan. Cuando toman una decisión la hacen respecto a parámetros exactos. Si se busca la letra “a”, lo hacen exactamente así, no encuentran “A”, ni “á”.

En cambio estos programas “inteligentes” están pensados para obtener conclusiones en base a información inexacta o con múltiples significados. La traducción de textos, por ejemplo, plantea problemas ya que el lenguaje humano es propenso a dobles sentidos. Intentando traducir, también por medio de Babelfish, un texto de la escritora Diana Gabaldon, este programa decidió traducir la palabra “bit”, que además del significado informático se emplea más como “pedazo” o “trozo”, con el consiguiente resultado absurdo: ‘un dígito binario afilado,’ él dijo, con un cabeceo hacia la pista del caballo. Uno muesca el oído pegado fuera de la pista de la bahía a un ángulo recto,”. Si alguien logra encontrarle significado…

Este resultado no es exclusivo de babelfish. Todos los programas de traducción, incluso los que cuestan cientos de miles de pesetas, dan resultados pobres y requieren una concienzuda corrección posterior.

Dentro de esta categoría se pueden encuadrar también sistemas de reconocimiento de habla y los de reconocimiento de imagen, un área menos conocida que pretende hacer lo que para C3PO y R2D2 es algo muy sencillo, comprender las imágenes recibidas por una cámara y extraer la información de los objetos.

La “inteligencia artificial”, nombre con el que se conoce a esta rama de la ciencia informática, era muy pujante en los años setenta y algunos de sus líderes, como Marvin Minsky del MIT, eran aclamados a nivel mundial. Después llegó el momento del reconocimiento, la inteligencia artificial es mucho más difícil y compleja de lo que se esperaba en un principio, y con el transcurso de los años no se ha logrado realizar todavía un programa de ajedrez que gane al mejor ser humano. Si este juego, que a fin de cuentas tiene unas importantes bases matemáticas, no ha logrado superar este listón pese al uso de grandes superordenadores, poco puede esperarse de otras áreas menos exactas, como el habla.

Sin embargo, otras ramas de la informática han evolucionado mucho más allá de lo que se esperaba en la década de los setenta, siendo las telecomunicaciones una de ellas. Aunque la mayoría de las personas todavía emplean la línea telefónica convencional para conectarse a Internet y otros servicios, lo hacen en su mayoría con módems de 56K por segundo, cuando todavía recuerdo que mi primer dispositivo de este tipo recibía a 1.200 bits por segundo y enviaba a 300; además de que los proveedores de televisión por cable y telefónica con el ADSL están ofreciendo ya conexiones permanentes a 128 kbps e incluso más. En las empresas, Telefónica instalaba en esa época líneas punto a punto de 2.400 o 9.600 bits por segundo, siendo ahora lo normal las líneas de 2 Megabits por segundo y los carriers emplean terminología desconocida hace pocos años, con tendidos de fibra a velocidades STM-16 (2,5 Gigabits por segundo) y STM-64 (10 Gigabits por segundo) a nivel masivo que permitirán que dentro de unos años se pueda disfrutar de toda una oferta de servicios interactivos, de los que la actual Internet es sólo un pálido reflejo.

Llega el 2000...

Y por fin llega el año 2000, el temido, amado, odiado año 2000. Todas las empresas de informática y electrónica afirman públicamente que sus sistemas están preparados y que no habrá ningún problema. Pero también es cierto que en todas ellas habrá turnos de guardia especiales y que incluso muchos altos ejecutivos van a tener que hacer guardias.

A estas alturas de la historia y pese a los alarmantes anuncios con que el gobierno ha decidido sorprendernos en la televisión, lo cierto es que la mayoría de las personas tienen claro que no se va a destruir el mundo, que su vídeo y su nevera van a funcionar bien y que si hay problemas, probables por otra parte, se resolverán con una relativa rapidez.

Así pues, estas doce uvas conviene que nos las tomemos sin miedo, con alegría y esperando que el año que viene traiga ordenadores mejores y, ya puestos, con un diseño más futurista si cabe.