El deporte nacional (e internacional) últimamente es crear un portal en Internet, esas páginas web que se supone que son un compendio de toda la información que un usuario típico de Internet puede necesitar. Lo más asombroso es que estas páginas, a cambio de la impresionante panoplia de información que ofrecen sólo se financian, o eso parece, con publicidad.

Pero hagamos unos cálculos. Un portal con rabiosa actualidad e interés, ¿cuantas visitas puede tener al mes? ¿diez millones? Si se cobra cinco pesetas por cada banner, esto significa cincuenta millones de pesetas al mes. Una buena cantidad, pero un portal que quiera este número de visitas requiere una importante inversión en máquinas y, sobre todo, en personal. Alguno de los portales más importantes (o al menos que más se anuncian) de España emplea ahora a más de 120 personas. Si al sueldo de todas ellas se añade la ya comentada inversión en máquinas, el alquiler de ancho de banda, oficinas, etc., el posible beneficio se reduce a cantidades simbólicas, pero además la cantidad de portales que han surgido en un breve plazo de tiempo hace muy difícil la viabilidad de todos ellos. Y sin embargo, no dejan de aparecer nuevas propuestas.

El dato más significativo es que todas estas empresas anuncian su lanzamiento junto con una prevista salida a bolsa y llego a pensar que los fundadores de estas compañías ponen más interés en los beneficios que la venta de estas acciones reporten a sus creadores que en los contenidos de su portal y en las ganancias que su explotación puedan reportar a largo plazo.

La vorágine ha llegado a tal nivel que incluso yo mismo he tenido veleidades y por un momento (sólo décimas de segundo) estuve tentado de montar mi “portal” y no ya salir a bolsa, pero vendérselo a una gran corporación para que lo absorba. Afortunadamente luego me desperté.

Otro planteamiento que indica por donde respiran las empresas de esta “nueva economía” es la distribución gratuita de aplicaciones. Internet Explorer y Outlook Express son repartidos de forma masiva y sin coste para el usuario, aunque sí con un gasto para Microsoft que tiene que invertir dinero en reproducir CD-ROM, hacer manuales, etc. El usuario, sorprendentemente, obtiene unas aplicaciones de alta calidad (para que negarlo) comparables a las que pueden adquirirse en el mercado.

Cuota de mercado, un extraño término en nombre del cual se permiten las más increíbles barbaridades (ojalá los directivos de Apple perdieran la cabeza y por obtener cuota de mercado se dedicaran a regalar ordenadores, aunque me temo que la paranoia no llega a este nivel). En el mercado de Internet, del software y en general de la tecnología, el usuario cautivo tiene un valor elevado y es utilizado como moneda de trueque en la compra/venta de empresas.

Pero quizás las últimas campañas publicitarias que han invadido la televisión sean más extraordinarias y asombrosas precisamente porque no buscan conseguir una cuota de usuarios. Se trata de los anuncios de Cisco “are you ready” Sytems (el mayor fabricante mundial de routers) y de Nortel “what do you want the Internet to be?” Networks, que fabrica centrales telefónicas, equipos de conmutación de redes (toda la red de datos de Telefónica Data emplea sus conmutadores Pasport) y a base de adquisiciones tiene un increíble catálogo de productos.

Lo más asombroso es que ninguna de estas compañías vende productos para usuarios finales, están destinados a empresas, proveedores de Internet y operadoras de telefonía, y por tanto no están claros los objetivos que puedan perseguir. Probablemente el diagnóstico más acertado lo haya dado un colega que afirmó que algún asesor de márketing decidió que para que las acciones subieran en la bolsa era necesario que las amas de casa de todo el mundo supieran pronunciar Cisco y Nortel. Puede que sea así, pero temo el día que mi madre me pregunte qué es Cisco y qué hace. Hemos de pensar que al hablar de la nueva generación de Internet, la nueva cultura y de todos esos términos que gustan a periodistas y políticos, hay no ya una, sino varias generaciones de personas a las que esta tecnología deja atrás y que nunca convivirán con ella, por eso (afortunadamente) hasta dentro de bastantes años la sociedad no podrá ser cibernética y virtual.

La nueva Internet

Al hilo de esta aparición de servicios en Internet, los usuarios españoles están viviendo (aunque muy lentamente) la llegada de un nuevo concepto de Internet. Realmente, este nuevo concepto está tardando más en aparecer gracias a los proveedores de cable y a Telefónica. Los primeros han empleado varios años en llenar las calles de zanjas, pero salvo honrosas excepciones son pocas las casas que tienen servicio de cable, incluyendo Internet, y en algunos de los casos las velocidades ofrecidas son similares a las que dan los módems y no se parecen en nada a la “alta velocidad” con que se anunciaron.

Por otra parte, el despliegue de la tecnología ADSL con la que Telefónica y el ministro de turno lograron esquivar las protestas acerca de la tarifa plana es mucho más lento de lo que en un principio se anuncio, y son muy pocos los que tienen este servicio (además de que la velocidad tampoco es para tocar campanas).

Esperemos (la presión de los usuarios fuerza a ello) a que el despliegue sea real y la velocidad aumente a niveles aceptables que permitan que el uso de Internet para usuarios y pequeñas empresas sea algo práctico y que realmente los mencionados portales se conviertan en una herramienta de uso común. En ese momento, la sociedad virtual podrá ser algo real, pero mientras que para poder consultar cualquier información haya que bloquear la línea telefónica y esperar algunos minutos hasta conectar y ver los datos deseados, seguirá siendo una herramienta exótica.