Por Pedro Arconada ([email protected])

Adobe acaba de lanzar su nuevo y flamante programa de maquetación. La expectación levantada en la industria editorial con dicho lanzamiento responde a la aparición de un verdadero competidor para QuarkXPress, el actual líder indiscutible, animando así la escena de las aplicaciones para publicaciones impresas.

En la historia de los programas de maquetación uno de los grandes capítulos competitivos se desarrolló con la pugna entre PageMaker y QuarXPress. Al final, este último ha sido la solución adoptada por la gran mayoría de profesionales, y PageMaker, un programa histórico para el Mac, que Adobe adquiría al comprar Aldus, se ha convertido en algo minoritario y, a la postre, penosamente olvidado por la industria editorial de alto nivel. Adobe tenía que reaccionar, pues no ha conseguido hacerse notar con los programas de composición de publicaciones. Por ello va a presentar muy pronto InDesign, dentro de la avalancha de versiones (Acrobat y Golive) con la que pretende acaparar gran parte del mercado profesional del sector de producción editorial dentro y fuera de la web.

En la redacción de Macworld ya se ha podido ver algo, que no todo, de la nueva herramienta de publicación de Adobe. Este artículo tiene un objetivo de iniciación y conocimiento de los nuevos usos, a manera de introducción, de lo que se dará a conocer oficialmente a partir del mes de Junio. Luego, a partir de su gran aparición pública, tiempo habrá para realizar las oportunas comparaciones relativas a sus virtudes y defectos.

No hay grandes añadidos sorprendentes, no hay fuegos artificiales de portada, más bien una gran cantidad de eficaces avances sobre la base tecnológica existente, que sumados uno por uno parecen dar un resultado contundente. InDesign es un compendio de funciones conocidas y afinadas que un buen programa de maquetación debe integrar, a la que se le han añadido otras opciones y propiedades heredadas de otros grandes programas de Adobe como son Photoshop e Illustrator. Asimismo hay que afirmar que no es una revisión de PageMaker. InDesign es un programa totalmente nuevo que parte con unos argumentos de gran proyección. Su primera exigencia será la de trabajar con Mac OS 8.5, decisión que no agradará a muchos usuarios.

Aparte de la interfaz común entre los programas también participa de la tecnología de Adobe para controlar mucho más la salida hacia otros dispositivos y para hacer más coherente la metodología de trabajo. Lo que implica un esparcimiento de las virtudes de la casa para una edición más precisa tanto en pantalla como para imprimir, y una manipulación más eficaz de la tipografía, el color y la forma de compartir elementos entre aplicaciones.

Máxima integración

Además de importar y de copiar y pegar, siempre cabe la posibilidad de arrastrar y soltar los elementos de una aplicación a otra. Cuando se pega un trazado de Illustrator en InDesign, éste se hace editable al cien por cien con las clásicas herramientas de manipulación Bèzier incorporadas en el programa. Como en Photoshop e Illustrator además de guardar directamente en formato PDF, en InDesign se configuran las opciones para la compresión gráfica, los tipos incluidos y la conversión de color. Y existe la posibilidad de colocar una o varias páginas de un documento PDF como cualquier gráfico típico, pero, también, se pueden realizar modificaciones o ajustes menores de última hora (por ejemplo, corregir alguna palabra o color).

Quien tenga por costumbre trabajar con las aplicaciones de Adobe, se sentirá muy cómodo en InDesign. Por otra parte, el que espere algo especial de su interfaz se verá defraudado. Parece tan familiar a otras aplicaciones que da la impresión de que se hubiera usado antes. Influencias lógicas de PageMaker y seguidamente de Illustrator y Photoshop son las causantes de la ausencia de sorpresa en este aspecto que infunde confianza en un primer vistazo. Esta consistencia de la forma de manipular los elementos en las aplicaciones "adobianas" es la esencia que ayuda al usuario en su productividad y sirve de quitamiedos cuando alguien se acerca por vez primera a algún producto de su colección de programas. Las paletas flotantes anidadas, las herramientas y los atajos de teclado son el nexo común que sirve de apoyo para la expansión del software de la compañía.

Otra de las funciones interesantes de InDesign, es la conversión de documentos QuarkXPress (entre las versiones 3.3 hasta 4.04) y PageMaker (6.5). Aunque en la versión probada no estaba incorporada al cien por cien, resultará casi obligatoria si quiere cautivar a un elevado número de seguidores de estos clásicos programas, y más le vale que la traducción sea modélica.

Libertad de expresión

Las cajas para texto y gráficos son totalmente flexibles e intuitivas. Junto a las formas poligonales y elipsoides acostumbradas, se puede bocetar manualmente cualquier otra, y hasta las letras pueden convertirse en trazados para incorporar dentro otros elementos. Hay posibilidad de enmascarar objetos dentro de otras cajas y editarlos y modificarlos con comodidad, lo que permite hacer creaciones muy sofisticadas sin que repercuta en posteriores problemas de impresión, porque lo novedoso es que simplifica los datos enviando sólo los que son visibles, obviando aquello que está oculto.

Las cajas gráficas pero también los textos editables pueden rellenarse con degradados lineales y radiales utilizando la cómoda y eficaz herramienta por la que Adobe siempre se ha destacado. Todo un lujo para componer una publicación que antes sólo estaba disponible en los programas de dibujo vectorial.

Los trazados bèzier son otros de los detalles de lo más llamativo en las versiones actuales en los programas de maquetación, pero ¿es una moda o unas herramientas de obligada inclusión? La verdad es que siempre se les ha echado en falta porque se debía acudir antes a los programas de dibujo, auténticos dominadores de esta parcela. InDesign tiene una herramienta de pluma que hace las delicias de este tipo de acciones vectoriales porque está basada en la de Illustrator o Photoshop, posibilitando la creación de objetos o la modificación de otros creados y pegados incluso desde las aplicaciones antes mencionadas. Con la pluma la libertad de acción se amplía mucho, las formas poco corrientes se hacen más cómodas cortando y juntando trazados desde el propio programa. Y por eso, también, ya se da la posibilidad de convertir los caracteres a trazados. Por otro lado los trazados de recorte son recogidos cuando se importan desde Photoshop. Pero eso no es ningún problema porque se puede ajustar o crear todo el recorte desde InDesign con la misma seguridad y precisión mediante la pluma. A esto hay que unir una mejora de la previsualización de las imágenes en EPS, que ahora se destacan por una demostración más perfeccionada del detalle.

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