Soy escritor, para bien o para mal, y como tal comparto, al menos en teoría, las necesidades de muchas otras personas que viven de su creatividad. Así pues se supone que tengo la misma problemática que Camilo José Cela, Plácido Domingo o Francisco Umbral. Afortunadamente esto me ocasiona el mismo orgullo personal que el pensar (como decían en Mafalda) que este mismo Sol que me alumbra a mí es el que alumbró a Beethoven.

Y no es que me parezca mal la defensa de los derechos de autor. Al contrario, la defiendo con fuerza. Lo malo es que en nombre de los derechos de autor se están cometiendo una serie de atrocidades que no sólo no defienden a los autores, ya que los beneficiarios reales son las empresas que comercializan las obras que son las que se llevan la parte “del león” de los ingresos, sino que además en muchos casos implican sobre todo una reducción de los derechos de los usuarios, todo ello en una supuesta defensa de lo derechos de autor.

Ya he comentado en otra columna lo que sucede con los DVD y algunos títulos de éxito, pero la industria discográfica también está muy nerviosa con el formato MP3 y el grupo Metallica (o sus representantes) ha presentado recientemente una demanda a los responsables del sistema Napster (www.napster.com), un sistema que permite compartir música MP3 por Internet, para que censuraran a más de trescientos mil usuarios que estaban compartiendo canciones de este grupo. Esto es pirateo, cierto, pero también era pirateo cuando de joven mis amigos me dejaban sus discos de vinilo para que grabara mis casetes.

No obstante es posible encontrar razones válidas para atacar este formato y la forma en que está siendo usado, de la misma forma que también se pueden encontrar razones para censurar a muchos servidores Hotline. Pero hay otros movimientos peores, como las leyes (que empresas como Microsoft presionan para que sean aprobadas en diversos estados americanos) limitando o anulando totalmente la responsabilidad civil de los fabricantes de software por el mal funcionamiento de sus programas, algo que evidentemente le interesa a Microsoft, dado el funcionamiento “atípico” de sus programas. Estas leyes, claramente en contra de los usuarios, son aprobadas por el desconocimiento de los políticos y de los propios usuarios, siendo la presión de las mencionadas empresas la única voz que oyen dichos políticos.

¿Tengo una visión negativa? puede ser, pero si hay optimistas que piensan que este es el mejor de los mundos, yo soy el pesimista que tiene miedo de que eso sea verdad.

Microsoft-Mix

Aburridos, seguro que algunos lectores están aburridos de que hable constantemente de Microsoft, ¿pero como no hacerlo si esta empresa es un monopolio? Y esta no es mi opinión, sino la del Departamento de Justicia de Estados Unidos que ha pedido a los tribunales que obligue a Microsoft a separarse en varias empresas. Si esto sucede, no sería la primera vez. Es famoso el caso de AT&T, la compañía telefónica americana (fíjese que era “la compañía” y no “una” compañía telefónica) al lado de la cual la Telefónica de Villalonga es una tienda de barrio. Una demanda antimonopolio y, plof: AT&T se vio obligada a desprenderse de sus ramas locales, que se convirtieron en siete empresas independientes, y quedarse únicamente con el mercado de larga distancia.

Para compensar y mejorar la imagen de la empresa, al señor Gates sólo se le ocurre afirmar que si dividen Microsoft, la posibilidad de que aparezcan más virus como el I Love you aumentará. No he podido leer en que basa esta curiosa (por decirlo finamente) afirmación, ya que precisamente las máquinas que no han sufrido el ataque de este virus son las que no utilizan productos Microsoft: los Macintosh, Linux e incluso los ordenadores con Windows que no utilizaban Outlook tampoco sintieron el ataque.

Aunque es mejor no llevarle la contraria a Microsoft. En el “portal” Slashdot (www.slashdot.org) hubo una discusión a principios de mayo relativa a parte del código de Windows 2.000 y algunos usuarios acompañaron sus comentarios por parte de dicho código (cuya publicación estaba expresamente prohibida por la licencia que hay que aceptar antes de descargar y ver dicho código) y otros explicaron como acceder a dicho código sin necesidad de aceptar dichos términos. Pues bien, Slashdot ha recibido una carta de Microsoft en la que le conminan a retirar los mensajes que contienen partes de código y además los que contienen enlaces a sitios web donde se publica o comenta ese código.

El interés de este programa no es que con él pueda piratearse Windows 2.000, sino que revela las prácticas de programación de Microsoft y el hecho de que, por ejemplo, digan que incorporan el sistema de seguridad estándar Kerberos cuando examinando el código se ve que esta empresa lo ha modificado y es incompatible con el estándar, aunque según Microsoft el problema sea de los demás fabricantes.

Pero no es de extrañar esta actitud de una compañía que cuando lanzó el SQL Server prohibía en su licencia el hacer medidas de su rendimiento y publicarlas.

Antes de que lo pregunten, sí, me cae mal Microsoft. En general me caen mal las empresas que poseen una posición dominante en el mercado porque esta posición, por mucho que Microsoft diga lo contrario, anula la creatividad del mercado y las opciones para los usuarios.

No me gustaría que Apple fuera la única opción del mercado, no me gusta que Photoshop sea el único programa de edición de imágenes ni que QuarkXPress sea el único empleado en diseño de publicaciones impresas.