Hay una máxima de los periodistas que viene a decir algo así como: “sólo hay noticias muy buenas o muy malas, el resto no son noticias”. En realidad no es más que un reflejo de nuestra tendencia maniquea: dioses o demonios, luz o tinieblas, malos o buenos, ganadores o perdedores… Tendemos a ordenar las cosas que suceden en un lado o en otro, y el resto nos deja indiferentes.

Es quizás por eso que en el entorno de la informática, a los usuarios Macintosh se nos suele tachar de fanáticos como si perteneciésemos a un extraña secta o fuésemos por ahí con túnicas y la cabeza rapada proclamando el segundo advenimiento.

Lo más triste es que hay ciertos “elementos” cercanos a la plataforma Macintosh que realmente responden a esa descripción. Cuando peor se pasa es cuando hay alguien que decide, por decreto, que el hecho de utilizar un Mac te convierte en miembro activo de esa secta y con una capacidad de razonamiento muy limitada, y que por lo tanto, tan sólo debe ajustar su discurso para que tu fe no se vea ofendida y para, de paso, venderte algo. Es algo así como: “oye, a mi también me encantan los Mac”, y a continuación te proponen cualquier estupidez. Al final tienes que deshacerte de toda la iconografía que has ido coleccionando durante años (bolígrafos, gorras, camisetas, pegatinas para el coche, relojes, etc.) que lleven el logo de la manzana y hasta a veces le darían ganas a uno de cambiar la carcasa del Mac sólo para no tener que aguantar ciertos comentarios.

Por el contrario, en determinados círculos “maqueros” el mero hecho de comentar que hay algún aspecto de los Mac que a uno no le gusta o que se podría mejorar puede ser inmediatamente catalogado como herejía y te puedes encontrar con un: “pues si no te gustan los Mac, cómprate un PC y déjanos en paz”.

Hablar de tecnología es como “el botellón” de muchos aficionados a las “sectas de la informática”: aquí los “maqueros”, allí los “linuxeros”, en ese lado los “peceros” como si fuesen tribus urbanas embriagándose con las últimas novedades o sus últimos logros: “¿has visto la última versión de tal programa?” “Sí, ayer actualicé nuestra página web con unas pantallas de la versión beta”. Por supuesto, la vieja disputa Mac contra PC es uno de los temas que deben tratarse casi obligatoriamente, ya sea entre miembros de la “tribu maquera” como en cualquier encuentro en el que haya componentes de distintas sectas.

El viaje hacia un lugar privilegiado en determinados círculos puede ocuparte las 24 horas del día si participas en foros, canales de chat, te suscribes a listas, creas tu propio “portal”, te haces miembro de un MUG (un grupo de usuarios Macintosh) o hasta fundas uno. Puedes hasta conseguir cierta notoriedad y que te conozcan los responsables de prensa del sector, que te inviten a presentaciones y ruedas de prensa, que te dejen probar un producto y hasta que pongan un banner en tu página web.

Cuando la informática era una cosa de chicos con problemas de sociabilidad (en los tiempos de estudiante de Jobs y Wozniak) ya había toda una jerga para catalogar a los “geek” (aficionados a la tecnología), y uno podía ser un “newbie” (un novato), un “lamer” o un “wannabe” (un “quiero y no puedo”), un “nerd” o incluso llegar a convertirse en un “hacker” o “élite”. Ciertamente, parece sacado de una novela de ciencia ficción o de un juego de rol para adolescentes, pero lo triste es que en determinados grupos se mantengan todavía reminiscencias de pandillas de chiquillo.

Uno puede divertirse mucho con el Mac, discutir amigablemente de vez en cuando con compañeros de trabajo, con amigos o familiares sobre ordenadores y convencer a los amigos para que utilicen un Mac. Pero, como decían los chicos de MacAddict, “si un día te encuentras con que estás viendo una película picante con tu pareja y en lugar de atender al desnudo de la protagonista le llamas la atención sobre el Mac que hay al fondo de la habitación, empiezas a tener un problema”. Si desprecias a tu vecino porque tiene un PC y le cierras la puerta en las narices porque te pide ayuda para configurar el correo electrónico, una de dos: o trabajas en un departamento de soporte técnico o no eres muy buen vecino.

Si ya trabajas ¿ocho? ¿diez? horas delante de un ordenador lo que menos te apetece hacer un sábado es seguir haciendo lo mismo que has hecho el resto de la semana. Incluso cuando uno está encandilado con su Mac (y ¿quién no lo está?) necesita tomarse un respiro y descubrir la gran herramienta que es un lapicero para dibujar, lo relajante que puede ser dar un paseo en bicicleta, lo romántica que resulta una nota en un papel, o lo estimulante que puede ser escuchar música en directo.

Al final, hasta descubres que es mucho más “emocionante” darse una vuelta por los sitios web sobre tecnología cuando llevas una temporada sin visitarlos o probar una nueva versión de tu software favorito cuando no has seguido la evolución de las versiones beta.

Los Mac pueden ser muy adictivos y está visto que hay gente a la que no le sientan bien. También es cierto que hay usuarios de PC que parecen aprovechar cualquier oportunidad para poner a prueba nuestra paciencia con su desprecio o con su desconocimiento y te dicen cosas como “ah, los Mac, sí son muy bonitos, pero es que yo necesito usar Word y claro…” (curiosamente muchos parecen verse atraídos por la profesión de vendedor en un el departamento de informática de unos grandes almacenes). En esas ocasiones a veces le dan a uno ganas de probar la resistencia mecánica de la carcasa de Mac, del iPod o de la taza de Apple.

La respuesta ya nos la enseñaron los griegos: los excesos suelen ser dañinos. Por suerte, a la mayoría de los usuarios les interesa hacer su trabajo o divertirse con el Mac y punto, y por suerte, en la mayoría de los grupos de usuarios más o menos organizados (con página web o sin ella) hay gente amable y que sólo desea ayudar y compartir conocimientos.