La estética (visual e intelectual) de Apple siempre ha tenido cierto carácter religioso. Entre la pasión de algunos usuarios, La Biblia del Macintosh, el carácter tan “religioso” de sus empleados (que últimamente repiten las consignas de Jobs una y otra vez como quien reza una oración) y la pureza del blanco del nuevo iBook, casi se podría escribir un nuevo testamento (apócrifo) alrededor de Apple.

Así, lo único que le faltaba a la compañía era que la “Iglesia de Satán” dijese que actualizaba su sitio web con un Mac y que su fundador era un usuario convencido de nuestras máquinas preferidas. ¿No habíamos quedado en que el demonio era Bill Gates? Si uno se conecta a las páginas web de este grupo “tan satánico” puede llevarse un buen susto y no dormir esa noche o puede pasar un rato divertido leyendo sus argumentaciones. Lo más curioso es que si Apple no hubiese interpuesto una denuncia contra dicho sitio web (si ya no puede más, está en www.churchofsatan.com) no lo habríamos visitado y serían muy pocos los que sabrían que su fundador era un “maquero convencido” (a lo mejor hasta era suscriptor de Macworld EE.UU.).

A casi todo el mundo indigna que atenten o que bromeen sobre sus convicciones, religiosas o de cualquier tipo, pero es muy delicado decidir sobre este tipo de asuntos. La estética del grupo satánico de marras es claramente como uno se imagina (fondo negro, rojo sangriento por todas partes y diablillos con cuernos y rabo), pero no hablan de ir haciendo maldades a diestro y siniestro ni está demostrado que las hagan (aunque ciertamente podrían mejorar el diseño de su web): es simplemente que “queda mal” y a Apple le ha parecido de mal gusto.

Quizás Apple debería haber evitado “regalar” al mundo los logos de Made with a Mac para quien quisiera ponerlo en su sitio web y haberlo dejado como un galardón que otorgase, previa petición explícita, para aquellos sitios web (creados con un Mac, claro) sobresalientes por su diseño o por las soluciones tecnológicas que incorporasen. De este modo, Apple podría decidir si un sitio web es merecedor o no de ser asociado con su marca.

Aquí hay gato encerrado

La tecnología hace que las cosas vayan muy deprisa pero no nos da tiempo a adaptarnos a sus consecuencias. Hemos heredado de nuestros antepasados la costumbre de creer en las cosas que vemos y oímos como “reales” o que resultan verosímiles. En 1938 Orson Welles realizó una adaptación radiofónica de La guerra de los mundos de H. G. Wells tan realista (para aquella época) que desató el pánico entre la población de Estados Unidos y hoy en día leemos y vemos cosas en Internet que nos provocan reacciones escandalosas porque a un estudiante (nada menos que del MIT) le ha dado por provocar metiendo a su gato en la carcasa de un G4. Lo que ha probado este estudiante (además de su dudoso buen gusto para las bromas) es que los rumores y las mentiras circulan por Internet a la velocidad del rayo.

Lo único que podemos hacer mientras nos adaptamos es tratar de tener los ojos bien abiertos y mirar un par de veces antes de decidir. No se trata de creerse todas las leyendas urbanas ni de desconfiar de las señales de tráfico (“mmm… dice que esta calle es prohibida, seguro que un gracioso ha puesto ahí esa señal”), sino de valorar la información que nos llega sin que los prejuicios nos hagan equivocarnos. El ser humano suele reaccionar basándose más en la experiencia que en la razón y en ocasiones la primera es un obstáculo para encontrar soluciones a los problemas que se nos plantean. Por suerte, la experiencia (aunque sea a base de errores) también nos enseña muchas cosas útiles.

La informática nos plantea muchos problemas: desigualdades de acceso, desinformación, terrorismo informático, nuevas formas de aprovecharse de los demás y toda una larga lista de cosas terribles. Sin embargo, la lista de beneficios es también infinita y está en nuestras manos (y las de nuestros gobernantes, aunque estos últimos no hagan todo lo que nos gustaría) tomar conciencia de lo que los ordenadores, Internet y la tecnología tienen de bueno y de malo para obrar en consecuencia. El camino no es precisamente corto, pero la suerte es que en ocasiones puede uno disfrutar un rato sin tecnología alrededor.

La tensa espera

Siempre que se acerca la Macworld Expo de verano, da la sensación de que los fabricantes ponen una cortina delante de sus escaparates: no hay nada que ver hasta el día señalado. Si acaso hay alguno que tiene preparados tres lanzamientos importantes, anuncia uno de ellos y guarda el resto para la feria.

Está claro que Apple tiene que anunciar novedades importantes (mal asunto si no lo hace), pero esta vez preferimos no apostar por ninguna, porque si abriese esta revista después del 18 de julio podría troncharse de la risa. Sin embargo, como venimos apuntando desde hace algunos meses, lo que más necesita la plataforma Macintosh son las aplicaciones nativas para su nuevo sistema. Microsoft ya ha anunciado que en otoño estará listo Office, FileMaker ya tiene versión nativa, FreeHand también, etc.; pero faltan algunos referentes como Adobe o incluso la propia Apple que están tardando mucho más de lo que nos gustaría en, por lo menos, dar una fecha para sus versiones nativas. Podemos seguir con los dedos cruzados un tiempo, pero no mucho.