El generoso ofrecimiento de Bill Gates de donar cientos de millones de dólares como compensación que evite las consecuencias de su sentencia por monopolio, se ha tornado en una de las maniobras de márketing (parece que ahora también se le llama así) más diabólicamente inteligentes que se hayan visto en los últimos tiempos en la industria tecnológica. Microsoft suele deslumbrar al mundo con este tipo de jugadas (tan sólo basta recordar cómo compró el sistema DOS para vendérselo a IBM o como consiguió eludir las primeras demandas de Apple por copiar la metáfora de interfaz de Mac). Sin embargo, en este caso, el golpe es sin duda de récord Guinness de la estrategia empresarial. El tribunal decide que Microsoft es culpable de monopolio y lo que ésta compañía ofrece son millones de dólares en software (en su inmensa mayoría suyo propio o que sólo funciona sobre su sistema operativo), máquinas de segunda mano (¿se imaginan de qué tipo?), asistencia técnica y formación para las escuelas más pobres.

No es de extrañar que Apple se rasgue las vestiduras y que el propio Jobs, aun a riesgo de poner en peligro sus ahora cordiales relaciones con Microsoft haya hecho algunas de las declaraciones más duras contra la compañía de Redmon. La mayoría de los usuarios Macintosh (y muchos usuarios de máquinas PC) también nos sentimos atacados cuando vemos que Bill Gates emprende este tipo de acciones. Pero por desgracia hay que vivir con el software de Microsoft, ¿o quizá no?

Vivir sin Microsoft

Si realmente se quiere, no es tan complicado deshacerse de gran parte del software de Bill Gates. No hay más que borrar Explorer y Outlook con todas sus extensiones relativas y utilizar programas alternativos (como Netscape, Opera, Eudora o AppleWorks). El problema está en que hay que prepararse a sufrir las consecuencias. Si en su actividad cotidiana comparte documentos de texto, hojas de cálculo o presentaciones con usuarios de Windows, la cosa se pone bastante más complicada. Para mandar un texto, un informe o incluso una presentación, se puede generar un PDF y, en muchos casos, con enviar y recibir los textos en el cuerpo de un mensaje electrónico es suficiente. Las hojas de cálculo son otro cantar y si tiene que manejarlas y compartirlas con usuarios de Office hay que tener mucha paciencia y diplomacia. La última versión de AppleWorks puede leer documentos de Excel y guardar en dicho formato, pero hay que renunciar, por ejemplo, a disponer de distintos “libros” en la hoja de cálculo.

Así, casi siempre es más cómodo comprar una licencia de Office y utilizar Explorer, Outlook y hasta MSN Messenger, Media Player y cualquier cosa que Microsoft lance para Macintosh. Algunos son excelentes programas y se quita uno de un golpe todas las pesadillas que suponen no poder entrar a un sitio web o no poder mandar un documento con la certeza de que no habrá problemas. Muchos usuarios prefieren “tirar la toalla” y directamente instalar el emulador de Connectix para cuando las cosas se ponen difíciles (como en las operaciones de banca electrónica o determinados servicios a través de Internet que se empeñan en no funcionar con el Explorer para Mac OS). Los Mac han sido siempre las máquinas más versátiles en este sentido y gracias a Virtual PC hemos podido presumir delante de nuestros amigos y compañeros de trabajo mostrándoles como se puede usar Windows sin tener que comprar un PC.

Monopolio y márketing

Sin embargo, el problema no es que los Mac sean más o menos compatibles sino que la industria informática se encuentra en una situación de monopolio por parte de Microsoft. Por mucho que se argumente que el software de esta compañía es muy bueno, muy barato y lo que se quiera decir (y a diario escuchamos cosas tan absurdas como “vaya, si no te gusta el software de Microsoft, no lo utilices”), está claro que Bill Gates juega sucio. Quizás no tan sucio como podría (imagínese que cara pondría el jefe de sistemas de su empresa si mañana Microsoft decide doblar el precio de todos sus productos), pero está claro que no juega limpio y es muy listo. Hoy es un “generoso” ofrecimiento y mañana es un “acuerdo de colaboración” con el gobierno para que los estudiantes tengan Office a precio de saldo (el resto lo pagaremos con nuestros impuestos, claro): suma y sigue, la caja registradora no para de sonar…Y todavía lo llaman “márketing”. Si el gobierno de Estados Unidos no intenta pararle los pies a Microsoft con más decisión es simplemente porque no le interesa exponerse a las consecuencias. Gates podría decidir mañana que va a trasladar su negocio a otro país “menos hostil” y dejar de llevarse allí sus fabulosos ingresos (junto con instalaciones, puestos de trabajo, impuestos, etc.).

A los usuarios Macintosh nos queda el consuelo de poder seguir usando los ordenadores más avanzados e innovadores y poder formar parte de la minoría que no necesita arrancar su máquina con el logotipo de Microsoft, pero a veces tenemos la sensación de que el promocional “1984” no era tan exagerado. Ojalá los gobiernos se den cuenta antes de que se haga demasiado “real”.