El formato mp3 (y los recientes dispositivos que se centran en la explotación de éste) sólo puede inducir al, parece ser, más claro de los propósitos: la distribución ilegal de contenidos sujetos a derechos de autor. Por tanto, las grandes empresas del sector musical están dispuestas a poner todo tipo de trabas para ralentizar al máximo la aplicación del formato MP3 en dispositivos de consumo.

Si lo que la industria discográfica quiere defender son los derechos de autor de los artistas a los que representan, ¿cómo es posible que no se haya realizado el mismo hincapié con las unidades CD-R en su día? Además, dichas unidades sí que no tienen problemas para reflejar tal cual la calidad del original… sin ningún tipo de pérdida.

Si hay alguna diferencia que justifique la tan estruendosa implicación de la industria discográfica, ¿no será el coste de producción y distribución implícitos en el caso de los CD-R y del MP3? Realicemos un breve análisis de la cuestión:

- Si lo que molesta es la existencia de un formato que se pueda utilizar para distribuir contenidos musicales sujetos a derechos de autor, recordemos que el MP3 no es el único existente. Ahora bien, el MP3 no es que permita la distribución electrónica de contenidos musicales y con calidad, sino que también lo hace en un archivos de un tamaño que “anima” a que muchos usuarios puedan descargarlos desde Internet en cortos períodos de conexión, además de contar con completa independencia de plataforma.

- El soporte CD-R proporciona una calidad excepcional; pero si alguien desea distribuir sus producciones musicales en este formato y a gran escala, deberá pensar en asumir importantes costes de producción e incluso de distribución. El formato MP3 es tan gratuito, por ahora, que lo único que precisa es utilizar uno de los varios compresores disponibles y que el usuario disponga de uno de los múltiples reproductores gratuitos (o dispositivos como el Rio de Diamond).

Posibilidades de aplicación

Indudablemente, los Power Mac son parte imprescindible en el actual concepto musical. También son los responsables de que muchos músicos (profesionales y aficionados) puedan obtener resultados de calidad con una inversión que en el mundo analógico paralelo hubiese sido impensable asumir. De hecho se pueden hacer trabajos que, con parámetros objetivos de calidad, no tengan nada que envidiar a los CD con sello discográfico.

El verdadero problema para un músico que quiera dar a conocer su obra no es la informática y las herramientas que ésta le brinda; es, precisamente, pasar el “filtro de selección” de las discográficas. Pero ahí está el formato MP3, que le permitirá hacer llegar su música a quienes la quieran escuchar y, dando un paso más, incluso cobrar por ello mediante un servicio de comercio electrónico. De este modo, ya no necesitaría de una gran discográfica encargada de los procesos de producción y distribución, ¿verdad?

Protección de derechos

Tal es el afán de “proteger los derechos” de sus artistas por parte de algunas discográficas, que llegan a temer todo lo que sea digital y prohíben a sus artistas (como ya se ha dado el caso) que publiquen alguno de sus temas, y menos todo un álbum, en tan temido formato.

Nadie duda el que una discográfica quiera protegerse de actos delictivos, pero también parece existir en el ambiente un perfecto pretexto para que, adicionalmente, nadie pueda usurpar los canales tradicionales de producción y distribución. En definitiva, también pueden estar interesados en proteger su mercado, ¿verdad? Parte de ello se ve en la clara predisposición por parte de la industria discográfica a “aceptar” vías de solución en las que exista algún tipo de beneficio repercutido en las empresas perjudicadas: un pago consensuado para redimir las pérdidas causadas por el mal uso de estos dispositivos (aunque en su caso no sea así, al igual que sucede con las fotocopias, cintas vírgenes de audio y de vídeo).

Ricemos el absurdo

¿Qué tal si el “gremio reunido de publicaciones impresas” propone un canon específico para los navegadores de Internet?, puesto que podría darse el caso de que en muchas páginas a lo largo y ancho de la Red se copien contenidos originales. ¿Se estarían reclamando derechos o se estaría protegiendo un mercado propio? Internet, otra evolución, ha supuesto precisamente lo que proporciona el formato MP3: la posibilidad de que multitud de usuarios sin demasiados recursos plasmen sus ideas, artículos, e información en definitiva en un medio de difusión masiva. Al alcance de todos. Incluso, como en el caso del MP3, muchos de estos usuarios pueden recibir aportaciones económicas por publicidad y otros conceptos; y, al igual que en el formato MP3, será el público quien decida sobre la calidad del contenido editorial (o musical) en soportes tradicionales y sus congéneres más “evolucionados”. Pero el uso que se haga de ello, lícito o ilícito, no se resuelve adelantando un canon a las empresas que, a fin de cuentas, llegará más que diezmado a los verdaderos perjudicados: los autores.