Internet está llena de imbéciles. Esto no es nada nuevo porque, como dice Scott Adams, el autor de la tira cómica Dilbert (www.dilbert.com), todos somos imbéciles. Como lo oye, todos somos imbéciles en algún momento o en algún aspecto de nuestra vida y entramos y salimos de ese estado de imbecilidad varias veces al día sin apenas darnos cuenta. Si uno lo piensa, no es tan malo. Al fin y al cabo, mantener el tipo de inteligente todos los días laborables y fiestas de guardar se me antoja agotador. Y, además, por lo que dice Pino Aprile en su Elogio del imbécil, la inteligencia es una facultad que ya no tiene valor para la supervivencia. Se ve que estamos apañados.

Decía que encuentro Internet llena de imbéciles. Están por todas partes, especialmente en los foros de opinión en la web. Hace meses que no me asomo por los grupos de noticias de Usenet porque no me atrevo, pero no creo que la cosa esté mucho mejor por allí.

Verán, cuando leo alguna noticia interesante en algún medio electrónico procuro hacer varias cosas: localizar la fuente original, examinar otros medios en busca de la misma información expuesta desde otras perspectivas y, si es posible, visitar foros públicos en los cuales "pulsar la opinión de la calle" sobre el tema. Como consecuencia, he perdido cientos de horas y he llegado a algunas conclusiones sobre el tipo de imbéciles que se puede encontrar uno por esas páginas del Señor.

Tipos de imbéciles

No hace falta ser hacker para disfrutar de un cierto anonimato en Internet, al menos de cara a los usuarios de a pie que no van a dedicarse a rastrear IP. Ese anonimato, o invisibilidad, favorece la aparición de especímenes como los que siguen:

Imbécil "por fastidiar". Escenario: un artículo bastante elogioso sobre el XServe de Apple en un medio no muy afecto a nuestro fabricante favorito de ordenadores. Echo un vistazo a los comentarios de los lectores y un fulano que dice estar bien servido por su actual instalación pregunta "¿por qué iba el a comprarse tal máquina para su trabajo?". Y yo me pregunto, a mí vez, ¿hay alguien que le esté apuntando a este tipo con una pistola para que cambie sus servidores?

Troll o descerebrado. Es raro que un grupo de discusión no reciba de vez en cuando la visita de un "troll", o lo que es lo mismo, de un individuo que entra a participar en el mismo, como si dijésemos, con los cuernos por delante. Al grito de "todos los maqueros son subnormales", pongamos por caso, pretende gastar así sus ya preceptivos quince minutos de gloria.

En respuesta a los anteriores puede surgir un nuevo tipo de imbécil: el buenoide que entra en el juego e intenta imponer sentido común con una respuesta pedagógica y, por desgracia, inútil, ya que el troll de turno estará en otro lugar, probablemente cascando nueces con alguna parte del cuerpo habitualmente utilizada para otros menesteres.

Sin necesidad de anonimato, más bien haciendo exhibición de su persona, podemos encontrar más clases de imbéciles:

El Polemizador Profesional. Es difícil de detectar pues sus hábitos de participación se asemejan a los del usuario normal. Sin embargo, es el rey del off-topic (intervenciones que no tienen que ver con el tema que se trata en el foro) por razones éticas, como la libertad de expresión, o estéticas, como presumir de anarquista. Si alguien protesta por ello responde espetando acusaciones de corrección política a diestro y siniestro.

Otro tipo de imbécil de difícil detección es el "pavo real", que aprovecha la mínima ocasión para exhibir las plumas de su vasto abanico de conocimientos y habilidades, vengan o no al caso. Es difícil definir la cantidad justa de información que basta para conseguir una respuesta buena y útil. Cuando dos pavos reales se encuentran opinando cosas distintas sobre el mismo tema, e incluso opinando lo mismo, se convierten en "gallos de pelea" y se replican y contrarreplican para conseguir ser el que tiene la última palabra, espectáculo edificante e instructivo donde los haya.

Al abrigo de los antedichos podemos encontrar los imbéciles jaleantes que se encargan de aplaudir y animar a los anteriores y hasta piden "bises" del concierto.

El hombre invisible

La facilidad con la que se puede actuar anónimamente en un foro de Internet (aunque sea relativamente sencillo localizar al imbécil de turno si se quiere y se tienen los conocimientos adecuados) convierte en realidad la fantasía del hombre invisible. Ese sueño en el que podemos meter mano a la vecina, colarnos en la ducha del mito erótico de turno o quitarle el peluquín al jefe en plena reunión de directivos. Todos hemos oído historias del estibador que se metió en un Chat con el apodo de "Candy Candy" y ligó con un maromo que resultó ser una monja de un convento de la Alcarria.

Por eso, nunca se sabe. El troll de turno puede ser un quinceañero cretino que se cree hacker porke eskibre kon Ka y tiene un nick como cYbeRtXoni o un discreto oficinista que desahoga las frustraciones tecleando barrabasadas hasta altas horas de la madrugada. O quizá una señora jubilada que hizo un curso de Internet, de esos del plan InfoXXI, vaya usted a saber.

Y, a veces, pasa lo que pasa: a río revuelto... No hay nada más fácil que estimular a uno o más de los imbéciles citados para cargarse el interés de cualquier foro, chat, lista de correo o grupo de noticias. Y con ello, la moral de sus promotores o de sus administradores. Si es que Internet hace que saquemos lo mejor de nosotros mismos.

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