En 1967, hace casi 35 años, Jeff Raskin sostenía en su tesis doctoral que la forma de utilizar los ordenadores tendría que evolucionar hacia lo que hoy conocemos como interfaz gráfica, esa misma de las ventanas, los iconos y demás zarandajas. Hoy, el propio Raskin se asoma de vez en cuando a los medios para afirmar que es hora de dar un paso más allá.

Jeff Raskin trabajó para Apple como responsable de publicaciones y probablemente en parte gracias a él los usuarios de Apple hayamos disfrutado de los mejores manuales de la industria (aunque de eso hace ya mucho tiempo). Como es bastante sabido es también responsable de haber iniciado el proyecto Macintosh y haber metido a Steve Jobs el gusanillo de los iconos, convenciéndolo para hacer una visita al centro de investigación de Xerox.

iMelón. Con motivo de la presentación del nuevo iMac, bautizado oficiosamente como iMelón en España por algunos usuarios, la revista Business Week entrevistó a Raskin acerca del evento. No creo que Raskin tenga muy buen recuerdo de Steve Jobs, que le sustituyó al cargo del proyecto del Mac y terminó por relegarlo del mismo.

Su crítica principal hacia la actual Apple es que piensa demasiado “dentro de la caja”. Hacer ordenadores bonitos está bien, pero en el fondo eso es más de lo mismo. Para hacer su particular revolución Apple tendría que repensar la forma en que los usuarios manejan el ordenador y diseñar sus máquinas y sistemas a partir de ahí, como se hizo en el proyecto Macintosh. Es decir, primero imaginamos la forma en que la gente podría interaccionar con sus ordenadores y luego nos buscamos la vida para inventar un sistema que haga precisamente eso.

Por desgracia, no se prodiga mucho Raskin acerca de cómo podría ser esa nueva forma de enfrentarnos a los Mac. Menciona la posibilidad de ponerse al teclado y que la máquina reconozca que queremos utilizar el procesador de textos, incluso partiendo del estado de reposo y que, mientras tecleamos, se de cuenta de que queremos hacer otras cosas (como visitar una web o hacer un cálculo).

Francamente, me cuesta imaginar de qué modo se trabajaría en un sistema semejante. Raskin intentó aplicar algunas de sus ideas en un sistema llamado CAT que no ha tenido mucha trascendencia. Tal vez porque a mucha gente le cuesta, igualmente, imaginarse cómo utilizarlo.

Pasos en el buen camino. Reflexionando sobre el asunto, me atrevería a decir que Apple está materializando buena parte de esas ideas mediante los iProgramas y la estrategia del “hub digital”. El modo en que el reproductor de MP3 iPod y el programa iTunes interactúan es un buen ejemplo. Lo habitual sería tener que conectar el iPod al ordenador, arrancar el iTunes y buscar un botón o un menú para poner en marcha la actualización de las canciones. Sin embargo, todo ese proceso se realiza automáticamente nada más conectar los equipo y se completa en un breve tiempo gracias a la velocidad de conexión.

El nuevo programa iPhoto ofrece prestaciones parecidas. Conectas la cámara y el programa se arranca y descarga las fotos automáticamente y las deja listas para examinarlas y hacerle los retoques básicos de manera sencilla.

En ambos casos, la complejidad tecnológica desaparece de la vista del usuario, lo que estaría en línea con las ideas de Raskin.

X, Unix y el usuario despistado. A Mac OS X le vendría bien un repasillo para mejorar las relaciones con los usuarios de a pie. Es indudable que un sistema robusto es ventajoso para este tipo de usuarios ya que pueden comenzar a despreocuparse de las tareas de mantenimiento y concentrase en lo que saben hacer bien. Sin embargo, me echo a temblar cada vez que alguien pregunta como activar el todopoderoso nivel de usuario “root”, ese que puede modificar los archivos del sistema y hacer las cosas que en los demás niveles no se pueden.

Otros intentan manejar Mac OS X como si fuera el clásico y arrojan paneles de control o extensiones a la carpeta Sistema, que se mantiene impertérrita y los deja enormemente extrañados. Es difícil cambiar de costumbres pero hacerse a la idea de no tener acceso directo al ordenador completo requiere su tiempo.

Pensando sobre el asunto, podría estar bien que Mac OS X permitiese ocultar o mostrar ciertas cosas a los usuarios menos técnicos. Ya que no se puede hacer nada sobre la carpeta del sistema, ¿no estaría bien ocultarla de nuestra vista? Ya se ha hecho con las aplicaciones: ahora todo lo que necesitan para funcionar se encuentra en un sólo paquete y resulta que instalarlas y, sobre todo, desinstalarlas en aún más fácil que antes.

Ocultar aquello a lo que de todos modos no deberíamos o no podemos acceder es una forma de buen diseño. El iMac tiene un buen diseño exterior que le permite hacerse, de algún modo, invisible sobre nuestra mesa. Aún queda bastante trabajo en el interior para conseguir que el sistema operativo se haga, también, invisible. En el fondo, Apple le sigue haciendo caso a Raskin aunque ninguna de las dos partes lo quiera reconocer.

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