Los criminales atentados terroristas sobre Nueva York y Washington han dejado a la mitad de la humanidad en un estado de bloqueo emocional. Nuestra imaginación está paralizada porque los humanos simplemente no estábamos preparados para asimilar una catástrofe de tales dimensiones, se trata de algo que se salía de las fronteras de nuestro universo de conocimiento. Jamás se nos pasó por la cabeza que unos pocos pudiesen destruir tanto.

Las imágenes que nos ofrecía la televisión se parecían demasiado a una película de ciencia ficción y, semanas después, todavía nos cuesta entender que detrás de cada cifra de desaparecidos y de cada nombre en una lista de una página web hay una historia de tragedia: de un niño que ha perdido ha su padre o a su madre, de un amigo que ha perdido a un amigo o de un marido que ha perdido a su mujer y que guarda un mensaje en su contestador como último recuerdo. Para entenderlo tendríamos que escuchar una por una cada una de esas historias, sentir cada una de las lágrimas que se están derramando y ser partícipes del luto de cada uno de esos corazones que se despierta con pesadillas y siente un escalofrío al mirar por la ventana hacia el sur de su ciudad.

Hasta hace unas semanas nos preocupaba la recesión económica, el que Apple no fuese a presentar máquinas en París, las fusiones que podían suceder tras la de Compaq y HP, el descenso en las ventas de ordenadores o la crisis de las “puntocom”, y ahora nos vemos intentando hacernos una idea de qué es lo que ha pasado y qué es lo que nos depara el futuro. Estados Unidos ha declarado la guerra a un enemigo que todavía no sabe a ciencia cierta quién es y el mundo occidental está inmerso de repente en una grave crisis emocional: ya no sabe cuales son los límites de la crueldad y la tragedia.

Hasta el día 11 de septiembre, los habitantes del mundo occidental veíamos las catástrofes de una forma distinta: los terremotos, las guerras eran cosas que sucedían siempre fuera de nuestras fronteras, muy lejos de nuestro universo, cosas que les sucedían a “los otros” o que veíamos en las películas.

En este triste contexto, la industria informática se encuentra a la expectativa y en un estado de parálisis. Si ya estaba notando los efectos de la desaceleración económica, las perspectivas en este momento son todavía menos halagüeñas y las empresas tratan de prepararse para lo peor. Muchos fabricantes esperaban que Microsoft y el nuevo Windows XP sirviese para reactivar la venta de ordenadores personales y ahora no tienen ni idea de qué medidas tomar si el mercado se enfría y sus ventas caen en picado.

A veces es bueno ser diferente

Curiosamente, Apple es una de las empresas de tecnología que mejor puede superar un bache económico y será seguramente una de las menos perjudicadas ante un descenso del consumo, porque una de sus mayores fuentes de ingresos la forman profesionales que han apostado por una plataforma y necesitan los Mac para hacer su trabajo, mientras que el mercado doméstico es más estacional y más sensible a las modas y a la situación económica.

Otra de las bazas con las que juega Apple se encuentra en que ofrece un producto diferenciado, mientras que el mercado de los PC de consumo ha sobrevivido a costa de una desenfrenada guerra de precios entre los principales fabricantes, que han visto sus márgenes descender de forma paulatina hasta poner en entredicho la rentabilidad de dicho mercado. Los usuarios domésticos ya han conocido la “Internet de vía estrecha” y tampoco están dispuestos ha renovar sus ordenadores si no tienen un argumento claro. Así, ni los fabricantes ven ya tan interesantes a los usuarios domésticos ni los usuarios ven interesantes las novedades que les ofrecen los fabricantes: “¿Pentium qué? No, gracias, megahercios ya tengo”.

En el lado de los Mac, la situación es muy distinta porque la compañía vio hace ya casi un año que la “fiebre del iMac” empezaba a dar sus últimos coletazos y tenía que plantearse nuevas formas de atraer a los consumidores y mantener su base instalada en el mercado profesional y la educación. En lugar de tomar el camino del hardware como han seguido haciendo en el mercado PC y confiar en que las nuevas versiones de Windows estimulen las ventas, Apple ha regresado a su filosofía original del ordenador como máquina que sirve para crear, para comunicarse o para entretenerse.

Apple está consiguiendo que la plataforma tenga las mejores aplicaciones y que los Mac tengan un gran valor, no sólo por su hardware sino por la gran cantidad de cosas que ponen al alcance de los usuarios. Desde las oportunidades de negocio y diversión que abren el vídeo digital o la creación de contenidos en DVD, hasta algo tan “tonto” como pueden parecer las iTools son de un gran valor cuando se valoran en conjunto.

En este momento nadie sabe si la crisis que se avecina va a durar un mes, tres meses o tres años. La humanidad ha perdido muchas cosas buenas bajo los escombros de los atentados y ojalá seamos capaces de trabajar unidos para hacer que el mundo sea un lugar pacífico para todos…

Y después ya hablaremos de las ventajas de los Mac.