“I´ll never produce another film, on film”

(“Nunca más haré una película con película”). George Lucas. NAB de las Vegas. Año 2000.

En 1985, Apple y Aldus (hoy Adobe) revolucionaron la industria de la comunicación gráfica, cuando pusieron encima de la mesa un Macintosh, la impresora LaserWriter y el programa PageMaker, y permitieron que cada uno de nosotros fuera capaz de crear sus propios documentos impresos. Hoy, 17 años después, Apple ha vuelto a revolucionar la comunicación, esta vez la del vídeo, al permitirnos que con una cámara DV, conectada a un Mac a través del puerto FireWire y utilizando un programa de edición de vídeo, podamos crear nuestras propias películas digitales en formato QuickTime.

Hoy, con la misma herramienta, se monta una película de cine, una serie de televisión, un reportaje de boda o una clase de primaria. Hoy, la misma película se emite en las salas de cine, se difunde en DVD o VHS, y se publica a través de streaming en Internet. Se han borrado las fronteras en los procesos de creación y también en los medios de difusión.

Difuminando fronteras: los profesionales. Algo está cambiando cuando en julio del año 2001, la CNN emitió una nota de prensa comunicando que había adquirido una batería de portátiles G4 para cambiar la forma en que editaban las noticias. Los nuevos reporteros capturan hoy las noticias con una cámara que graba en formato DVCam, las editan en un taxi sobre un portátil mientras vuelven a la redacción y exportan el fichero EDL con la información del corte a estaciones de sobremesa. Y ahí se realiza el procesado de la imagen en alta calidad para emitirla en la televisión o para exportarla a su web en www.cnn.com.

Sin embargo, ejemplos como el de la CNN no son siempre aceptados por todos los profesionales. El máximo responsable técnico en una televisión me dijo una vez que esos juguetes estaban bien, pero que el se acababa de gastar 40 millones de pesetas (240.405¤ euros, no logro acostumbrarme…) en estaciones de edición de vídeo y que no pensaba admitir ante su consejo de administración que se había equivocado. Que la tecnología debería de ser sólo para los profesionales. Pero los ordenadores no son más que la herramienta, “el lápiz”. Es el profesional el que escribe. La oportunidad no es que haya pocos lápices, sino que se sepa lo que se quiere escribir. Y en el vídeo, especialmente, contar las mejores historias.

Escribiendo historias: el cine. Nadie cuenta historias como se cuentan en el cine. Y algo está cambiando también en la forma de contarlas cuando George Lucas firma un acuerdo de colaboración con SONY para definir las prestaciones de la nueva gama de cámaras CINEALTA, que capturan en formato digital HD, y está “filmando” con ellas la nueva entrega de su saga de la Guerra de las Galaxias.

Algo está cambiando, cuando el director de cine francés Pitof rueda en digital su última película “Vidocq”, para “crear una atmósfera nueva de París inspirada en los cuadros del pintor Gustave Moreau”.

Mucho está cambiando, sin duda, cuando Julio Medem filma en HD su película “Lucía y el sexo”, para lograr un trabajo centrado en los actores, repitiendo una y otra vez las tomas hasta lograr el resultado deseado, sin tener que preocuparse por el metraje tirado. Cuando pasa todo esto, es que algo está cambiando.

Pero hay cosas que no van a cambiar. No cambia que para lograr el mejor resultado son necesarios los mejores componentes. Vidocq utilizó ópticas panamorfizadas Panavision, filmó con ArriLaser de Duboi a una resolución de 2K con barrido progresivo a 24 fps, y utilizó herramientas de Apple, Discreet, Quantel, Adobe o Alias WaveFront contando con los mejores profesionales para manejarlas. Pitof afirma que el precio del ordenador no es nada comparado con el precio del talento. El talento sigue siendo necesario. Y hoy más que nunca.

Y también sigue siendo necesario el elemento más importante de todos: pensar. Parafraseando al director de cine Bigas Luna: “primero piensa, y después aprieta el botón. No aprietes el botón y luego pienses. Aunque sea fácil”.

Pensando en el futuro, en la educación. Y si algo cambiará radicalmente la tecnología es la forma de enseñar y de aprender. Aún sabiendo que es un cambio lento, experiencias en España como “Grimm TV” me permiten ser optimista. Hubiera dado lo que fuera por haber sido estudiante de profesores como Jordi Akme en Institució Montserrat o de Montín en Fuentenueva, que están utilizando el vídeo digital en la educación de sus alumnos. Quizá hubiera aprendido a disfrutar un poco más la música y sería capaz de distinguir entre un “fa” sostenido, y un “mi” bemol.

Hoy los niños aprenden las notas musicales con ayuda de un montaje realizado con iMovie donde están ellos y sus amigos saltando mientras cantan, y las notas van volando por la pantalla. Luego comparten ese vídeo con sus padres y con otros colegios a través de Internet. Algunos profesores tienen muy clara la forma de enseñar en el futuro. Pero si los niños no lo aprenden en el colegio, les educaremos en casa.

Tus propias historias: crea en casa. Graba tu próxima excursión, la boda de un amigo, o la noche de fin de año, aún a riesgo de volver a escuchar por centésima vez a Sonia y Selena en “Yo quiero bailar” por imposición de “la directora” de tu película, que tiene cuatro años y mucho carácter. Y aquí es donde te sientes afortunado por utilizar un Mac. De hecho, precisamente en la fiesta que comento, uno de los invitados tenía una cámara digital (mejor y más cara que la mía) y le pregunté que con qué estaba editando. Me miró extrañado y me dijo “¿Queé?, ¡Es digital, tío. Todo digital!”. Y ahí lo entendí todo. Su cámara era digital, pero él no tenía ni idea de para qué. Afortunadamente, los usuarios de Mac si sabemos “para qué” es digital una cámara.

Y el director de cine Francis Ford Coppola también tiene claro “para qué” se utilizará toda esta tecnología, afirmando: “Más pronto o mas tarde, alguien con estas herramientas, será capaz de crear una obra maestra” … Alguien que quizá seas tú.

Por Ignacio Riesgo, ([email protected])

Director Mercados Creativos de Apple España