El mito de los equipos de sobremesa parece estar llegando a su fin, y los “culpables” de que esto sea así son los portátiles, cada vez más potentes e, igualmente importante, aglutinando características y ofreciendo un amplio rango de conectores que evitarán que eche de menos las ranuras de expansión típicas de los equipos de sobremesa.

Ciertamente, aún existen situaciones en las que resulta indispensable conectar tarjetas específicas en las ranuras PCI de nuestros equipos de sobremesa; esto es lo que sucede con los equipos que deben afrontar tareas que requieren al mismo tiempo potencia y precisión (audio y vídeo, generalmente). Ahora bien, quizá éstos sean los menos y los más, que conviven con sus equipos formato “torre”, llegan al final de los días útiles de sus Power Mac con el interior igual de vacío que el primer día que lo sacaron de la caja de embalaje. Puede que una prueba palpable de que esto sea así, y se busque cada vez más la integración y la reducción de espacio, sea que uno de los equipos más vendidos en los últimos tiempos haya sido el iMac “ranuras cero”.

Las tan apreciadas ranuras de expansión (primero NuBus, ahora PCI), tenían toda su importancia cuando los Mac venían de fábrica con una circuitería de vídeo mejorable (incluso, en muchos casos, era necesario instalar una tarjeta gráfica para disfrutar de monitores de 21 pulgadas a 24 bits de color), sonido mejorable y conexiones de red mejorables; e igualmente resultaba inapreciable el “espacio interior” de dichos equipos cuando los discos duros de fábrica ni eran tan rápidos ni, de lejos, ofrecían tanta capacidad.

Pero hoy en día, cualquier Mac nos ofrece de serie una circuitería gráfica bastante capaz, módem, conexión en red y nuestros ya habituales buses de conexión para todo tipo de periferia externa. Y con el lanzamiento de los últimos PowerBook uno no hace más que darle vueltas a aquello del espacio y la movilidad.

Por supuesto, los usuarios que aún necesiten afrontar proyectos que requieran potencia y precisión encontrarán en los equipos de sobremesa la solución adecuada que les permita mejorar, mediante la instalación de una simple tarjeta, las prestaciones originales del equipo (por ejemplo, si es usted un profesional del audio o de la música, es ilógico ponerse a realizar trabajos de calidad con las características de serie), pero para el gran grupo de usuarios que, sencillamente, encuentran en las características de serie las opciones adecuadas a sus necesidades, los PowerBook hacen parecer al iMac todo un gigante, si bien es cierto que el iMac hace parecer al más común de los PowerBook (ahora a 400 MHz) un equipo económicamente inalcanzable para muchos.

Pero ahí está el iBook, la respuesta de Apple a los usuarios que, por 319.900 PTA, necesiten trabajar con un portátil (201.000 PTA menos que el PowerBook a 400 MHz; aunque buena parte de esas 201.000 pesetas de diferencia estén en la menor cantidad de características del primero, lógico por otra parte).

Pero el precio no es lo único que separa la gama de portátiles, hay otras diferencias que no están tan claras. Por ejemplo, si el iBook ha sido especialmente diseñado para que sea un portátil resistente y que soporte de forma estoica a los vaivenes de la movilidad, ¿por qué no se ha seguido la misma pauta en los últimos PowerBook? Del mismo modo, los usuarios de iBook tendrán más autonomía en su alargada batería en comparación con los usuarios de PowerBook quienes, en teoría, se supone que utilizarán su herramienta de trabajo más horas a lo largo del día; siempre que se tenga en cuenta la autonomía proporcionada por una batería en el caso de los PowerBook, claro. En definitiva, los imponderables del diseño.

En cualquier caso, no creo que ni lo uno ni lo otro sean impedimentos claros para que un usuario se decante por cualquiera de las propuestas de portátiles Apple. Y aquí es donde entra en juego la más delicada de todas las cuestiones: el precio. Precisamente el recurso favorito de los, cada vez más titubeantes, detractores de los equipos de Apple. Pero ahí está el iMac original, el “renacimiento”de Apple. Y no cabe duda de que, además del diseño, el precio jugó en aquella ocasión un papel determinante.

Indudablemente, los portátiles son más caros, entre otras cuestiones, porque los componentes utilizados en su fabricación también lo son; aunque en algunos casos, como el de las pantallas, no sea una garantía absoluta de que no le vaya a salir “rana” (el famoso asunto de los píxeles defectuosos: hasta un máximo de cuatro, todo está bien).

En definitiva, quizá si se pudiese “afinar” un poco más en el precio se verían más portátiles sobre las mesas y seguramente también asistiríamos a otra revolución en este terreno (de hecho, el iBook se está vendiendo bastante bien... también en nuestro país); porque, ¿quién se resiste a tener toda la potencia de un equipo de sobremesa de gama alta en 26,4 x 32,3 cm? Si usted tuviese la oportunidad de probar uno de ellos durante cinco días, seguramente la respuesta sería “yo, no”.